Gilberto Owen, hojeado por el pintor mazatleco Antonio López Sáenz

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Foto tomada de internet con fines ilustrativos.
  • Gilberto Owen Estrada nació en Rosario, Sinaloa, de padre irlandés y de madre indígena, el 13 de mayo de 1904; murió en Filadelfia el 9 de marzo de 1952.
  • Joseph Conrad, su novelista predilecto.

Por Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 11 de junio de 1982.

Amante de hurgar en las librerías, Antonio López Sáenz no pudo evitar el gesto de admiración, que siguió al de la intriga, mientras hojeaba en una librería metropolitana el libro titulado “Obras”, de Gilberto Owen.

Intrigado leía los versos y la prosa que le parecían excelentes para el desconocimiento que tenía de este autor y admirado se quedó cuando en una pequeña biografía leyó que nació en El Rosario, Sinaloa.

Aunque sabe López Sáenz, pintor mazatleco con cierto renombre fuera de Sinaloa, que nadie es profeta en su tierra, quiso conocer más de Gilberto Owen. Poco consiguió.

En una nota autobiográfica, el propio poeta sinaloense expone:

“He nacido en Rosario de Sinaloa, un pueblo de mineral junto al Pacífico. Tengo algunos recuerdos de la infancia, pero sólo a Freud le interesarían. Mi padre era irlandés y gambusino; de lo primero me ha heredado los momentos de irascibilidad, distribuido por un poco de humorismo, y de lo otro, la sed y manera de buscar vetas nuevas en el arte y en la vida, no sé si compensada con hallazgo alguno. Mi madre era mexicana, con más de india que de español, y a su padre le debo mi aspecto físico, mi falta de sentido de la propiedad y mis aptitudes para lo inútil, tan laboriosa y vanamente combatidas.

“A los trece años me fugué de Balmes y de los ‘trozos selectos de la más pura latinidad’ defraudando las ambiciones materiales de bendecir la casa con un buen obispo y me fui al altiplano y al Instituto de Toluca, donde habían estudiado medio siglo antes los mejores compañeros de Juárez. Fui eso que llaman un librepensador, me hice bachiller, dirigí una biblioteca en la que había más teología que física, me gradué de maestro de escuela, hice versos golondrinos y salté a México”.

Estudió en la Escuela Nacional Preparatoria, donde fue condiscípulo de Jorge Cuesta, quien influyó en su formación intelectual.

En la pequeña biografía de sus “Obras”, se dice de Owen que “en 1923 fue a la capital de la República. Hechas las primeras armas literarias, trabajó como empleado del servicio consular en la ciudad de Nueva York (1928), pasó luego a Lima (1931), de donde fue a Quito (1932). El Ministerio de Relaciones Exteriores lo separó de su empleo por haber intervenido, desde Guayaquil, en asuntos de política interna del Perú. “Me dio un sarampión marxista —dijo Owen en uno de sus textos— que duró algunos años y que fue dirigido durante las jornadas de APRA en Lima, causantes de mi bien ganada destitución”.

Amado González Dávila, en su “Diccionario Histórico, Biográfico y Estadístico del Estado de Sinaloa”, dice de Owen:

“Poeta de altos vuelos, desde muy joven salió de México para el extranjero cuando empezaba a tener prestigio. Escribió poco pero muy depurado. Compañero de Javier Villaurrutia y Jorge Acosta, introdujeron el intelectualismo en la poesía mexicana, pero con dominio de cerebralismo en la de Owen. Aun cuando era la característica de sus composiciones, no dejó de escribir poesías ingenuas que gustan a la mayoría. Tal se ve en su obra ‘Desvelo’, con sus tiernas y amorosas poesías”.

Esto había descubierto López Sáenz, gracias en mucho a la recopilación que de los textos de Owen hicieron Josefina Procopio, Miguel Capistrán, Luis Mario Schneider e Inés Arredondo (la última escritora originaria de Culiacán) en “Obras” del Fondo de Cultura Económica, pero aumentó más su admiración cuando leyó en el poema “El Naufragio”:

Y luchó contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto y 
en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.

Joseph Conrad (1856-1924). Conrad es descrito por Francisco Montes de Oca en “Literatura Universal” como un tipo curioso que piensa en francés y escribe en inglés, de técnica segura y bastante profunda. Conrad, sobresaliente novelista de Ucrania, en las descripciones marítimas, el pintor de las tempestades embravecidas y de los hombres que las dominan. Conrad, cuya obra es el símbolo de la lucha del hombre débil e insignificante contra la bestia.

Conrad fue uno de los novelistas predilectos de Owen. Sus obras completas figuraban en su librero de Nueva York.

En “Mañana”, no tan famoso como la novela “Tifón”, Conrad menciona a Mazatlán, obra que debió conocer Owen, si creemos lo que dice una carta enviada a Josefina Procopio desde Filadelfia, el 2 de agosto de 1949.

La correspondencia de Gilberto Owen es la que más nos dice de su vida, tan desconocida para nosotros. De 1928 a 1951 escribió varias cartas a Alfonso Reyes, Enrique Jiménez Domínguez, Luis Alberto Sánchez, Alí Chumacero, Josefina Procopio, José Vasconcelos, Elías Nandino, Rafael Heliodoro Valle, Salvador Novo y Javier Villaurrutia.

Quizá Owen tenga algún parentesco con Roberto Owen (1771-1858), el socialista utópico inglés, cuyas teorías reformadoras encontraron eco en Topolobampo a través del ingeniero civil estadounidense Albert Kimsey Owen (1847-1916). Lo menciona en su última carta de febrero de 1951:

“Los Owen hacemos muchas cosas en público. John, por ejemplo, recitaba unos versos que ya no eran latín y todavía no eran inglés, allá por el siglo XIII. A Richard lo ahorcaron en público, en la plaza principal de Dublin, el 2 de de diciembre de 1804, porque tenían miedo de que muriese de muerte natural el trece en la plaza principal de Dublín. Hay un Owain, que prácticamente es Owen, que se bajó de los mismos infiernos a hacer investigaciones que andan por las crónicas. Cualquier enciclopedia lo registra. Uno llamado Robert se vino a Estados Unidos y fundó una cosa que se llamaba Utopía y que es la forma de socialismo que porque es honrado los estalinistas de todo el mundo abominan. Naturalmente, otro se fue a Sinaloa, y se dedicó a abrir minas y a dar a luz a 3,000 personajes que se resumen en Gilberto Owen. Lo mataron un día trece, en febrero, en las calles del Rosario. En fin, hemos hecho muchas cosas en público, menos llorar”.

Ese es Gilberto Owen, el poeta cuidadoso de la expresión, en ocasiones humanista y burlesco, que nació en Rosario, Sinaloa (1904) y murió en Filadelfia, Estados Unidos (1952), quien levantó la admiración del pintor mazatleco Antonio López Sáenz cuando descubrió al hojear sus “Obras” en una librería metropolitana la grandeza de su poesía, a pesar de lo cual es un desconocido en la tierra en que nació.

ACTA DE NACIMIENTO CON EL NOMBRE GILBERTO ESTRADA

ACTA DE NACIMIENTO DE GILBERTO OWEN: En la ciudad del Rosario, a 26 de mayo de 1904, ante mi Severo Medrano, Juez del Estado Civil, compareció la señora Margarita Estrada, mayor de edad, soltera, de esta vecindad, con habitación en la avenida Romero Rubio No. Setenta y uno, presentando para su registro un niño vivo que nació en su casa a las 2 de la mañana del día 13 del corriente mes, a quien le puso por nombre GILBERTO ESTRADA, hijo natural de la comparente, concurriendo a este acto como testigos los ciudadanos Adalberto Patiño y Juan B. Herrera, mayores de edad, de esta vecindad. Leída la presente acta a los comparentes en ella se ratificaron firmando el que supo.

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