En noviembre de 1961, hace 61 años, se inauguró la primera fase de la Colonia López Mateos en Mazatlán.

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Luis García Campaña, 25 de octubre de 2016

A finales de los años 50’s y principios de los 60’s el gobierno de Estados Unidos lanzó un programa para América Latina que se denominó Alianza Para el Progreso, cuya finalidad era crear obra pública para las clases sociales de bajos ingresos con préstamos del Banco Mundial que los gobiernos recibían y, de esa manera, evitar que el socialismo entrara en estos países, pues ya estaba presente en Cuba.

Tales son los datos que Luis García Campaña y otros miembros del grupo de Facebook “Los de la López Mateos (KLM)” proporcionan sobre la creación de la unidad habitacional “Adolfo Lopez Mateos”, cuya primera fase fue inaugurada por el presidente Adolfo López Mateos simultáneamente con el edificio del Instituto Mexicano del Seguro Social situado por la Avenida del Mar, a la altura de los “Monos Bichis” y la planta potabilizadora de agua.

Adolfo López Mateos, presidente de México, flanqueado a su izquierda por Gabriel Leyva Velázquez, gobernador de Sinaloa y a su derecha por Antonio Toledo Corro, presidente municipal de Mazatlán, y por Quirino Ordaz, el arquitecto constructor de la colonia.

En lo sucesivo, marcamos con cursivas el texto, ya que en su totalidad fue tomado de las cuentas de Face de colonos cuyos nombres se indica al final y que escribieron en sus cuentas entre 2016 y 2017. Si acaso se hicieron algunas pequeñas correcciones, ya que la redacción en términos generales, era muy amena:

Era una colonia popular, la primera de este tipo en Mazatlán, aunque en un mayor espacio se construyeron casas para personas de clase media y media alta, con su área de sectores para la clase más popular, situada hacia el extremo sur-poniente, junto a la carretera Internacional, una franja de la colonia que sufre constantes y fuertes inundaciones en tiempos de lluvias.

En los tiempos de su fundación, los habitantes de “La López” eran de familias ferrocarrileras y pescadores. Provenían de la colonia Klein, los primeros, y de la Lázaro Cárdenas los segundos. Las otras familias se dedicaban a actividades económicas diversas (empleados de bancos, de gobierno, maestros, negocio propio, etcétera).

De acuerdo con el proyecto se construyeron mil casas, obviamente, para mil familias.

Al principio nadie quería ir a habitar las casas pues se comentaba que con un aire fuerte se vendrían abajo ya que estaban construidas de bloques y sin buenos cimientos y castillos.

Alrededor de la colonia existían terrenos vacíos, desolados, sin habitantes. Al norte, el aeropuerto; al sur, Los Llanitos, con unas cuantas casas y lo demás montes y lagunas; al oriente la carretera y las marismas, y por el lado poniente el mar, mi viejo amigo el mar.

EL PLANETARIO Y ESPACIOS RECREATIVOS Y DEPORTIVOS

El Planetario de Mazatlán. Nunca llegó el telescopio.

El proyecto de colonia o unidad habitacional Adolfo López Mateos contemplaba varios espacios recreativos, de esparcimiento y deportivos, uno de ellos la instalación del Planetario de Mazatlán, con el que se pretendía ver a las estrellas y otras constelaciones. Se construyó en el interior del actual jardín de niños “Juan de Dios Batiz”, por la calle Guelatao del fraccionamiento Lomas del Valle, pero al principio no tenía telescopio y nunca llegó. Se rumoraba, sin asegurarlo, que el aparato se instaló en la Escuela Náutica.

El proyecto quedó trunco. El edificio se hizo obsoleto y se utilizó como salón de clases del mencionado jardín de niños. El tiempo hizo estragos en su estructura al grado de que se convirtió en un peligro para los niños, papás y maestros de la comunidad, hasta que fue derrumbado.

A unos metros del Planetario se encontraba un camino que iniciaba en la calzada de la Independencia (hoy avenida Insurgentes) y recorría unos 80 metros hacia el sur y se topaba con una construcción de madera pintada de blanco (con cal o encalada) que sirvió, en su momento, de bodega para los implementos de trabajo que se utilizaron para la construcción de la colonia, recuerda García Campaña. A esta construcción se le llamó “La Casa Blanca”. Al lado derecho de dicho edificio, estaba un zoológico con algunos animales que, poco a poco, fue disminuyendo su población.

Por la misma calzada, hacia el poniente, se localizaba un restaurante “La Puesta del Sol”. Lugar que varios vecinos de “La Bardita” visitaban de manera frecuente. La señora Yeni era la dueña y lo atendían unos “muchachos”, entre ellos el famoso Mario “el de la Puesta del Sol”.

A un lado de dicho restaurante se encontraba unos juegos infantiles con sus pasamanos, resbaladeros, columpios, trancapalancas, les decíamos “sube y baja”, etc. Ahí coincidíamos varios de la colonia, casi de la misma edad. Por cierto, se encontraba un tronco a medio calcinar que también servía de juguete.

Luego seguía la cancha de beisbol que era utilizada por gente de la colonia o para llevar a cabo cuadrangulares promovidos por el H. ayuntamiento.

A un lado estaban las canchas de basquetbal. Por cierto, se utilizaron muy poco. Luego estaba la cancha de futbol. En su mayoría, el campo, era pura tierra suelta.

A un costado, la cancha de frontón. Varios plebes de la colonia se hicieron buenos jugadores, incluso reconocidos. Uno de ellos era El Canas o El Viejito Gabriel Arvizu, entre otros.

Más allá estaba el estadio de beisbol “Teodoro Mariscal”… Hasta la fecha.

La huerta de mangos. Y, lo que adornaba el paisaje: la huerta de mangos. Quien se encargaba de su cuidado era don “Panchito” con su famosa honda para lanzar mangos a los que entraban a agarrar frutos sin pagar. El grito, que también lo hizo famoso era: “¡íralos, cabrones!y lanzaba el mango con la honda, con buena puntería la mayoría de las veces.

El desarrollo urbano y los malos gobiernos provocaron la desaparición de todo lo anterior.

Los colonos empezaron a desmontar pequeños baldíos para convertirlos en campos de béisbol o de fútbol, pero también desaparecieron, excepto el que esta a un lado de la primaria.

Otro baldío que también se canalizó a otra obra fue el que está enfrente de la iglesia San Felipe de Jesús y hoy es la plazuela con su cancha de basquet y fut rápido.

EL ALUMBRADO PÚBLICO

En sus primeros años la colonia López Mateos no contaba con alumbrado público como lo tiene actualmente. Las calles de balastro eran apenas iluminadas por uno que otro foco que algunas casas encendían durante la noche o parte de ella y que se localizaban en los porches de las mismas (casas de tres recámaras) o en unas “cachuchas” que estaban al entrar a la casa (de dos recámaras).

La semi oscuridad nos servía para jugar a “Las Escondidas (al Bote) o a “Los Encantados”. Dichos juegos se desarrollaban hasta las nueve de la noche como máximo ya que al día siguiente había que asistir a la escuela.

Los robos en casa ajena se empezaron a sentir y esto provocó el descontento de las familias. Una de las acciones que emprendió el H. Ayuntamiento de Mazatlán fue la instalación de alumbrado público. Se colocaron focos de 100 watts en cada poste de la luz. La luz mortecina apenas si iluminaba una parte de la calle mientras otro pedazo quedaba semi oscuro. En algunas calles los morros le tiraban piedras a los focos como parte de la travesura o juego de tiro al blanco.

Por la calle Netzahualcóyotl un chavo de unos 19 años (Víctor R.) iba de visita con Bertha, hermana de maestras, y nos pagaba un peso por quebrar el foco que estaba en el poste justo enfrente de la casa de la novia. Se pueden imaginar lo que sigue.

La reposición de los focos que se fundían o que quebraban, duraba un buen tiempo para su reposición, de modo que la oscuridad persistía.

¿Quién se acuerda de “El Pelucas”?Por la calle Chimalpopoca, tres casa antes de la calle Ahuizotl, se localizaba un cuarto construido en lo que era la cochera de la casa, mismo que servía de negocio de un señor que se dedicaba a cortar el pelo: “El Pelucas”…Don José…Un poco regordete, con lentes gruesos y pelo cano.

La mayoría de los “morros” de la López éramos sus clientes. Asistíamos ahí por varias razones: era el único peluquero en la colonia, tenia un montón de revistas y cuentos (comics) actualizados y viejos y, además, por que le gustaba jugarnos bromas a los que estábamos esperando el servicio o que acompañábamos al cliente; una de sus bromas era que tomaba en sus manos la botella con agua, que servía para humedecer el pelo, y la apretaba para que saliera el chorro de agua en dirección de los que estábamos en las bancas de espera. Soltábamos la carcajada.

El no contaba con con un catálogo de estilos de corte de pelo. Era el mismo corte de pelo para todos, sin distinción: Corte a rapa con un copetito en la frente. Cuando estábamos en el aula de la escuela sabíamos quienes fueron a cortarse el pelo con el “Pelucas”: el 99%. Jijijijiji.

Al parecer, trabajó de peluquero en la cárcel del puerto de Mazatlán. De modo que de ahí venía el único modelo de corte de pelo… y bien perfeccionado. Corte en serie.

En la escuela “Justo Sierra” se pasaban películas por la noche, cierto día de la semana, y cuando llegaba el “Pelucas” lo rodeaban un grupo de “morritos” pidiéndole que les pagaran el boleto de entrada al cine, y él regalaba tres boletos. El que brincaba más alto y aperingaba el boleto entraba al cine.

LA IGLESIA Y PLAZUELA. Antes de que se iniciara la construcción de la parroquia de san Felipe de Jesús en la colonia, las misas de los domingos se oficiaban en ciertas casas particulares. La casa que siempre estaba puesta para esa actividad era la de la familia Guerrero, por la calle Chimalpopoca. La señora anfitriona era doña Coty. Por cierto una hija de ella se hizo monja. Recuerdo que toda su familia era muy católica. Asistían a misa cada vez que había, sobre todo los domingos, hasta su hijo el menor: Ernesto (neto).

Por esa misma calle vivía la familia Argote. Cuando se fueron de la colonia la casa quedo vacía por un tiempo, mismo que sirvió para que en ese lugar se oficiara misa todos los domingos. La campana que servía para llamar a tal evento era un pedazo de riel, al igual que en la escuela primaria “Justo Sierra”. Posiblemente la donó algún ferrocarrilero que debía alguna manda o salvar cierto pecado.

LA ESCUELA JUSTO SIERRA

¿Quién no pisó el campus de nuestra querida escuela primaria “Justo Sierra”? Fue el lugar donde donde coincidimos la mayoría que estábamos en edad de ir a la primaria. Ahí hicimos amigos, enemigos y conocidos. 

Inauguración de la Escuela “Justo Sierra” en 1962.

La “campana” que se utilizaba para llamar a inicio de clases´por la mañana, era un pedazo de riel. Algunos llegaban temprano para que les dieran oportunidad de hacerla sonar. A cierta distancia se escuchaba el sonido y salíamos corriendo de nuestras casas; sobre todo los que vivíamos cerca de la escuela.

Después del toque de “campana”, hacíamos filas de acuerdo con el año y grupo que nos correspondía y del de menor tamaño al mayor. Después de unas palabras de la señorita Directora, pasábamos en fila a cada uno de los salones. Empezando por los primeros años, que estaban formados más cerca de los salones.

La escuela tenía dos módulos de aulas y una oficina de la dirección y los administrativos. Al principio solo se utilizaba el primer módulo. Después la población fue creciendo, en parte, por que los vecinos de “Pueblo Nuevo” y “Los Llanitos”, y por aumento de la población de la colonia en edad escolar. Con ello se utilizó el otro módulo y se crearon dos turnos, matutino y vespertino.

La escuela solo contaba con un pedazo de barda por el lado de la Ahuizotl y unos tabachines sembrados por ambos lados de dicha barda (espacio utilizado por los de la “bardita”. Esto permitía que en hora de recreo, de 10:30 a 11:00 am, algunos nos escapábamos de la escuela para ir a nuestras casa a hacer alguna necesidad fisiológica o echar una “botana”.

La entrada a la escuela se conectaba con las aulas por medio de pasillos en forma de “F” invertida. Cada módulo tenia sus baños, para hombres y mujeres. Por cierto, la mayoría de las veces estaban sucios, razón por la cual mejor corríamos a nuestras casas, sobre todo los que vivíamos cerca de la escuela.

El área para jugar en hora de recreo era de pura tierra sin árboles y que en ciertas partes, por efecto de las lluvias, nacía el zacate, sobre todo los huachapores o cadillos, usados como parque que al aventarlo al cuerpo de otros, se pegaban a sus ropas y les “picaban”.

Algunos jugábamos a los encantados, al bote, el chinchelegua, las luchas; y según la época, a las canicas, el trompo (manufactura don Liborio), el yoyo, balero, etcétera.

La cooperativa escolar. Cada semana le tocaba a un grupo la administración de la cooperativa, fondos que servían para los festejos del Día del Niño (eso nos decían). Se comisionaba a algunos para que vendieran en hora de recreo. Recuerdo que al grupo en que estaba (dice García Campaña) le tocaba vender paletas heladas de sabor. Quien se apuntaba inmediatamente era Jorge “ToTe” Soltero Durazo, invitándome a esa aventura mercantil. En ciertas ocasiones le seguí el “rollo”. La parte “chistosa” de la anécdota era que El TOTE y yo nos comíamos algunas paletas y no las pagábamos, pues dejábamos el palito dentro del carrito y, en la contabilidad o corte de caja, se anotaban como pérdida pues decía El Tote a la maestra que se habían derretido de tanto abrir y cerrar el cajón. Nunca falta un roto para un descocido.

También se inició un programa de crear un jardín. Se convocó a todos los grupos a participar y se nos dotó de un pedazo de tierra para realizar nuestro proyecto. El lugar para ello fue del lado derecho después del edificio de la Dirección. También “El Tote” estuvo presente, era el más ferviente adorador de la jardinería. La razón de apuntarse a vender paletas y luego ser jardinero, era que le servía como pretexto para estar menos tiempo en el aula.

Dentro de la planta docente había un profe que sobresalía por su dedicación y empeño (además de ser estricto), el Pofesor PANCHO. Usaba unos lentes de fondo de botella, peinado a un lado y boca de labios gruesos. Me parece que vivía por la Quetzalcoatl. Comento esto con todo respeto para los demás profesores. Cada uno con su propia personalidad.

LA BARDITA. La colonia López Mateos estaba aislada de toda civilización. El límite de la ciudad eran las colonias Palos Prietos y la Ferrocarrilera, por el lado norte. Como quien dice éramos una comunidad formada de familias lo cual dio la oportunidad de conocernos en su gran mayoría. Coincidíamos en la misma escuela primaria, los mismos campos de juego (futbol, beisbol, frontón, juegos infantiles y zoológico, entre otros).

La mayoría de los jóvenes de esa época empezaron a reunirse en un lugar en específico, la barda de la escuela. Era un pedazo que solo medía unos 30 a 40 metros de largo y no muy alta de tal manera que se podía subir a ella de un brinco, sin mucho esfuerzo. De ahí el nombre de “La Bardita”.

La mayoría ya se conocían con anterioridad pues provenían de otras colonias también de ferrocarrileros. Parte de ellos ya habían terminado la secundaria y esperaban cumplir la mayoría de edad para ingresar a trabajar al ferrocarril. Mientras tanto utilizaban los pocos espacios que se disponían para convivir y esperar para ser llamados a trabajar. Claro que también estaban presentes, en “La Bardita”, los que no eran hijos de ferrocarrileros.

No todos querían ingresar al FFCC y empezaron a trabajar en otras empresas (bancos, agencias de automóviles, etcétera), o bien a estudiar carreras profesionales, incluso a algunos les dio por la cantada. Era la época del rock and rol. Que por cierto, la mayoría se inclinaba por las rolas en español.

Otro detalle interesante es que como no había salas de fiestas, se acostumbraba organizar “wateque” en determinadas casas. Las principales organizadoras eran, sobre todo, las chavas, con los incansables “negritos”. ¿Dónde va a ser el “wateque”? En casa de fulana.

Los domingos los chavos y chavas iban a misa, pero cada quién por su lado. Las que entraban a misa eran las chicas y los plebes esperaban afuera. Al salir de misa algunos se tendían a acompañar (los galanes) a alguna y otros nomas mirando.

Hasta aquí la historia de la Colonia López Mateos, tomada de los textos de Luis García Campaña, Leopoldo Manríquez, Fernando Higuera y Manuel Alberto Preciado. Éstas y muchas más historias se encuentran en el grupo Los de la López Mateos (KLM) https://www.facebook.com/groups/169437503147693

Jorge Planter y Patricia Morales Peraza, administradores.

ENTRADA ARMADA POR JUAN LIZÁRRAGA TISNADO. ESPECIAL PARA REPORTE NARANJA

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