“Reflejos” de la prostitución legalizada y de la marginación | “Los Panchos” contra “Los Chuy”

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  • El Campo 7 y el ambiente en las colonias Madero y Jesús García, hace 40 años.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 1° de marzo de 1982.

Al anochecer, las bocas de las cantinas se tragan a los hombres ansiosos del placer carnal y en la madrugada empiezan a arrojarlos a escupitajos, los vomitan con sus corazones y cerebros empapados de la lascivia y la saliva alcohólica.

Y en el día, la calle muere. Si acaso las risas alocadas de las meretrices que se hacen bromas con los homosexuales y algunos jóvenes vecinos que pasan, o cuando arman peleas verbales, rompen el silencio encubridor del bullicio nocturno.

Este bullicio, en la noche, parece el ojo de un huracán que durante el día deja su estela entre los moradores de la colonia. Son las 11 de la mañana y los vecinos de la “Francisco I. Madero” están ya pegados a la botella de vino, al bote de cerveza.

Las hijas de las meretrices esperan la pubertad para abandonar, con naturalidad, el salón de clases de la escuela para acudir a “La Cita”, sugestivo nombre de un prostíbulo, o al “Conga”, nombre de un baile antillano, o a quemarse en “La Fogata”, o al “Casa Blanca”, que nada tiene de este color, o al “Dragón Rojo”, monstruo degenerante, o al “Pepe’s”, o al “Cadilac, o al “Trampolín”, para saltar a las tinieblas de la prostitución y la drogadicción.

¿Que se debe curar a los hijos y las hijas de las prostitutas porque su piel es fácil víctima de las infecciones? Hay que darles comida, dice el médico.

Cercada por las marismas y por la vía del tren, la colonia es adoptada por los jóvenes y los niños para sus quehaceres. En las marismas se hacen estadios y el tren es el mejor entretenimiento de los pequeños.

“Los Panchos”, así se llaman los adolescentes y muchos niños, no por imitación a los pandilleros del D.F., que así suelen llamarse en los últimos días, sino disminuyendo el nombre del mártir de la revolución; “los Panchos” de la colonia Madero, decíamos, los domingos esperan el tren. Llega y al abordarlo, al querer abordarlo, en ocasiones vienen “los Chuy” de la colonia Jesús García, y se arma la gresca a piedras.

¡Qué enfrentamiento!

Son reflejos de la prostitución legalizada.

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