¿Los ferrocarrileros olvidaron la gran hazaña de Jesús García?

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Foto de internet con fines ilustrativos.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 7 de noviembre de 1981.

Ayer, a la distancia, el acercamiento del ferrocarril disipaba el espejismo paralélico que nos hace creer que las vías se unen a lo lejos. No había nada nuevo sobre el riel y la rueda de metal. En los talleres del ferrocarril, algunos trabajadores engrasaban las máquinas, otros, en el restaurant, ingerían alimentos y bebidas refrescantes en espera de su turno.

Pocos, muy pocos, sabían que hoy 7 de noviembre es el Día del Ferrocarrilero. Quizá lo sabían los ferrocarrileros que arreglaban el monumento a Jesús García Corona, cuya efigie metálica parece vigilar la buena marcha de los convoyes.

Pero hoy deberá recordarse al heroico ferrocarrilero que ofrendó su vida para salvar las de todos los habitantes del pueblo minero de Nacozari.

A las 14:20 horas de la tarde, un domingo, sucedió el acto de sacrificio. “Un domingo, señores”, 7 de noviembre de 1907, las góndolas de la muerte volaron en mil pedazos y Jesús García de la misma manera. Sus botas chamuscadas permitieron identificarlo.

Jesús García hacía un viaje para llevar cuatro toneladas de dinamita a las minas de Nacozari. Su madre había tenido un mal presentimiento, pero él la tranquilizó. Desgraciadamente, su madre no se equivocó.

Al cargar las dinamitas en dos góndolas adjuntas a la máquina, se cometió un mortal error, pues las chispas empujadas por el viento, cayeron sobre los explosivos.

Cincuenta metros antes de llegar al poblado, los obreros se dieron cuenta de que ya era imposible apagar el fuego y de que la explosión era inminente. Había tiempo de abandonar el tren, pero si le dejaban libre la marcha, la explosión ocurriría justo en Nacozari.

No debían sacrificarse todos. José Rivero, el fogonero, quería permanecer junto a Jesús García, pero éste se negó y le dijo: “Déjame a mí. Tú tienes familia, yo no”. José insistió, pero el héroe de Nacozari le respondió: “Yo soy el maquinista. Sálvate tú”.

Aceleró la marcha y… Himnos y canciones populares nos cuentan con orgullo el sacrificio de Jesús García en la máquina 501.

Hoy se le recordará, a pesar de que su hazaña se nos presenta empañada en el recuerdo por los conflictos intergremiales, laborales y de otro tipo en que se encuentran concentradas las atenciones de los hombres del riel.

Pero siguen sonando las palmas a Jesús García y en el corazón y en la voluntad de muchos ferrocarrileros está latente su inconmensurable ejemplo.

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