El DESMORENAMIENTO | Blanca Nieves Palacios Barreda

0
1695

Ante tantos acontecimientos que, los mexicanos hemos venido viendo, a partir del inicio del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), esto es: la conformación de “su” gabinete; nombramiento de indeseables secretarios; su inamovible apoyo a las fuerzas armadas; su amplio reconocimiento a quienes antes señalaba como miembros de “la mafia del poder”; su empecinamiento en seguir dividiendo a la sociedad desde su tribuna mañanera, su nefasta costumbre de no escuchar ni reconocer sus errores, ha inducido a muchos mexicanos a dejar de ser adoradores de éste, “rayito de esperanza”, aunque siguen siendo fieles seguidores de éste, “cabecita de algodón”, como cariñosamente le han llamado muchos, porque él no hacerlo, es sentirse traicionados a sí mismos.

El día 30 de julio en el que, se llevaron a cabo unas elecciones para el nombramiento de consejeros al Congreso Nacional del Partido, emergido del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), convocado por sus dos dirigentes que, a la vez son, uno Diputado y otra senadora, Mario Delgado y Citlalli Hernández, respectivamente, se congratularon del “éxito” de dichas elecciones, a las que acudieron aproximadamente entre 1.5 y 2 millones de personas a emitir su voto.

Esto, no hubiera afectado tanto a los morenistas, que vivieron ese día la peor manera de desplazarlos y la enorme falta de respeto a su militancia de muchos años, sino que, al día siguiente AMLO, avalara lo dicho por los repudiados dirigentes de MORENA, Delgado y Hernández.

Previo a estas elecciones, como un mensaje subliminal, se dio a conocer que podrían ir a participar tanto en la votación como en su registro al Partido en mención, quien así lo deseara, y la gran mayoría de participantes fueron… ¡priistas!

En esta “elección” y/o nombramiento a discreción, se presentaron todas esas acciones a las que los priistas están acostumbrados: acarreo, compra de votos, entrega de dádivas, listas por quienes debería votar, empujones, pleitos, desplazamiento de morenista por parte de priistas; resumiendo, unas elecciones que, de no anularse, quedaran para la historia como las más sucias que se hayan llevado a cabo.

La retórica permanente que distinguirán a este sexenio es: “abrazos no balazos”; “el pueblo es bueno y noble y… ¡politizado!

Por si el Presidente AMLO no lo ha visto, una obligación ineludible de cualquier mexicano es hacérselo ver y decirle con el debido respeto que, en función de la poca importancia, con intención o sin ella, que a la educación se le ha dado, el pueblo ni es bueno, ni noble, ni educado, menos politizado.

Si así fuera, no hubiéramos tolerado mas de 90 años a Presidentes ineptos, corruptos, antipatrióticos y hasta agentes de la CIA; no hubiéramos padecido a un Ejército Nacional, corrupto, autoritario, represor, lo mismo que los miembros de la Marina.

No tuviéramos en la actualidad, una violencia que aterroriza a la sociedad; no estuviéramos padeciendo el poder de los cárteles de la droga, que se dan el lujo de cobrar “derecho de piso” a, agricultores, ganaderos, fruticultores, comerciantes, so pena de asesinarlos o secuestrarles familiares y devolvérselos en pedazos.

Cabe preguntarle al Presidente, que le atribuye fabulosas cualidades a “su pueblo”, ¿porque no les ha tenido confianza y ha puesto en manos de civiles responsabilidades como las que ha puesto en manos del Ejército?

Existen profesionistas en todas las áreas, egresados de nuestras Universidades, con tanta o más honorabilidad como las que les señala a los miembros del Ejército; una muestra de ello persiste en el respetado y admirado, Ing. Heberto Castillo (qepd), entre otros muchos mexicanos.

Aceptando sin conceder tener absoluta razón, estamos descubriendo en AMLO a un personaje que para muchos mexicanos era desconocido casi al término de su mandato; la confianza que en él se depositó, pareciera que ha dejado de tener la importancia que para el tiene su deporte favorito, el beisbol.

Ante estas votaciones, se hace necesario recurrir a la historia para entender el presente; tras la salida de un grupo priistas en 1988, al que denominaron, Corriente Democrática, entre ellos se incluía a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el solo sabía lo que buscaba; para 1989 surge el Partido de la Revolución Democrática (PRD), conformado por organizaciones de izquierda.

Los ex priistas de la Corriente Democrática con sus tan consabidas artimañas, se apoderaron de este nuevo Partido, llamando incluso a Cuauhtémoc Cárdenas, “líder moral” del mismo; AMLO por su parte tras ocupar cargos importantes en el PRD, puso sus ojos en la presidencia del mismo, contendiendo en 1996 contra el Ing. Heberto Castillo, resultando ganador con el apoyo de los arribistas y oportunistas priistas, que fraccionaron a la izquierda, desdibujando los logros con mucho esfuerzo y pérdidas de vida.

Cuando el pueblo logra formar un gran movimiento ciudadano para llevar a un mexicano a la presidencia y este con su actuación se desdice de sus principales preceptos: no mentir, no engañar y no traicionar, ese movimiento, llamado MORENA, o desaparece o se defiende con uñas y dientes y, sin abrazos ni balazos, sino con mucha unión, valor, disciplina y organización porque, no es posible que la historia se repita.

@blanca palacios
Agosto 14 2022

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí