IMPOSICIÓN DE CRITERIOS RELIGIOSOS | Blanca Nieves Palacios Barreda

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En un país, dónde la religión tiene un lugar preponderante en la sociedad, la manipulación a través de la fe resulta ser más fácil y productiva para quienes la realizan; es toda una proeza de enormes magnitudes, hacer creer a las personas en algo intangible, invisible e inmaterial.

Sabido es que, las Instituciones religiosas son un gran negocio que, como en cualquier empresa hace millonarios a unos cuantos a expensas de unos muchos; ha quedado al descubierto de siglos atrás, que al interior de ellas ha imperado, la perversidad, la represión, el abuso sexual y la impunidad.

En el respeto a la libertad a la que todo ser humano tiene derecho, no es criticable la religión que cada quien elija abrazar, en el engaño llevara su respuesta y, suelen ser más críticos los católicos y evangelistas cristianos contra quienes no profesan religión alguna; de ahí que, el escritor José Saramago declarara su posición en torno a este tema: “no creo en Dios y no me hace ninguna falta, por lo menos estoy a salvo de ser intolerante”.

Esta frase de Saramago, pareciera describir, dicho sea, con todo respeto, al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien teniendo el derecho de profesar la religión de su predilección como lo es la Evangélica, en su corriente del cristianismo, no es su derecho actuar en función de la misma al imponer sus dogmas al destino de esta gran Nación.

El precepto principal de esta religión radica en: “la enseñanza y no el castigo, el perdón y no la venganza. Debo tener una relación de amor, cercana y filial con Dios. Considerándolo a Él como mi padre y a Cristo como mi hermano. Un hermano al que debo ver reflejado (a) en cada uno de los seres humanos con los que me tope”.

Resulta comprensible el comportamiento de AMLO, al actuar como miembro de una organización religiosa y no como el representante de millones de mexicanos, al escucharlo en incontables ocasiones en sus conferencias mañaneras esa frase de: “abrazos no balazos”; “amor no venganza”; “el fiscal goza de todas mis confianzas”; y frases que en sí misma no son despreciables, pero impropias cuando no se está aplicando la justicia.

En un país que, a su mismo decir, se lo entregaron cargado de corrupción, de violencia y bañado en sangre, debe el comprender que, los mexicanos, no votamos por un profeta para la presidencia, sino un hombre con la claridad y fuerza necesaria para aplicar la ley y, otorgar justicia a millones de víctimas de la inseguridad y corrupción provocada por quienes lo antecedieron.

Seguramente el Pastor de su organización religiosa estará muy complacido con su actuar, pero muchos mexicano nos preguntamos, porque esos dislates del presidente; sus decisiones que son de vital importancia para nuestro país y para toda una sociedad empobrecida, golpeada, cuyos asesinatos no cesan y, el empoderamiento de los cárteles delincuenciales que cada vez se muestran con mayor crueldad; su no disimulado favoritismo hacia el Ejército y la Marina; sus múltiples e incorrectos nombramientos, en su gabinete, en diferentes secretarias y en el extranjero; su exacerbado proteccionismo, a ex presidentes cuyo alto grado de corrupción causaron un gran daño a la nación.

No resulta ético ni respetuoso, para la militancia morenista ni para los ciudadanos simpatizantes que por él votaron que, a mitad de su sexenio ya haya hecho el destape de, los posibles candidatos a sucederlo en la presidencia, si hay millones de mexicanos que son capaces de desempeñar ese honroso cargo y dirigir responsable y patrióticamente los destinos de nuestro País.

Extraigo de mis recuerdos el hecho de que, en el Municipio de San Ignacio, Sinaloa, cerca del río Piaxtla se encontraba ubicado un antro de prostitución, llamando a las sexoservidoras, “las cacharolas”, sinónimo de “corcholatas” y, es justamente el nombre que AMLO ha dado a sus candidatos, provocando con este término la burla y chascarrillos de periodistas, y ciudadanía en general.

Lo peor es que, los mismos “candidatos”, asumen tal término como si fuera una simpática gracia del presidente, lo que nos hace recordad aquella pregunta de un presidente: “¿qué hora son?”, las que usted diga ser presidente, sería la respuesta; con todo y su cristianismo, AMLO no deja de estar abofeteando al pueblo con sus decisiones; mandata encuestas a su conveniencia e impone sus decisiones sin importar el dolor que con ello provoca.

Tal fue el caso ocurrido en el que, en el evento, Comisión para la verdad y la justicia por los hechos 1965-1990, realizado el miércoles 22 de junio, en el oprobioso campo militar N°1, centro de tortura, desaparición y asesinatos, frente a sobrevivientes y familiares de asesinados, el Secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval afirmó: “Con orgullo expreso que el propio mandatario autorizó inscribir los nombres de militares fallecidos con motivo de los hechos del pasado en el Monumento a los caídos de la fuerzas armadas, como un tributo y sentido homenaje a los soldados que cumplieron con su deber aun a costa de su vida”.

Ante éste insultante discurso el grito surgió de las gargantas de las víctimas: ¡juicio y castigo no solo la verdad, que entre la justicia a este campo militar! ¡Ni perdón ni olvido, castigo a los asesinos!

bnpb146@hotmail.com

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