EL LAO Y SU VOCEO MAÑANERO PARA VENDER PERIÓDICOS EN EL MERCADO PINO SUÁREZ

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Por Juan Lizárraga Tisnado

 “¡El Sol…del Pacífico y El Demócrata… Sinaloense de hoy!”. Era el grito de Lao que penetraba los tumultos del mercado y se escuchaba a varias cuadras de distancia.

Su voceo de los diarios matutinos, su voz aguda y fuerte, eran parte de ese cuadro madrugador bullicioso que ofrecen todos los mercados del mundo, en este caso el “Pino Suárez” del centro de Mazatlán.

¿SU NOMBRE? WENCESLAO MENDOZA TIZNADO

Al principio podría pensarse que era de origen asiático por su mediana estatura, su fisonomía frágil, sus ojos pequeños y por el nombre con que lo llamaban, Lao.

Nada de eso.

Sus ojos pequeños los tenía así porque carecía totalmente de la vista. A pesar de su cuerpo delgado y falta de la vista, tenía una gran condición física que adquiría con su diario trajinar.

Su nombre completo era Wenceslao Mendoza Tiznado y había nacido “a las 4 horas del día 30 de septiembre último (1927) en la calle Casa Mata número 689 de Mazatlán”, según consta en el acta de Registro Civil, a donde fue presentado por su padre Abraham Mendoza, “soltero, de 28 años, jornalero, originario de El Potrero, Sinaloa”.

Era hijo natural de éste y de Ramona Tiznado Velarde. Se ignora por qué razón su madre no acudió al Registro Civil ni se menciona su nombre en el acta de nacimiento.

El 6 de enero del mismo año 1927, a los seis meses de edad, falleció su hermano Camilo de una bronquitis aguda. Fue sepultado en la fosa común del Panteón número 3, lo cual habla de la pobreza de la familia.

El reporte de la defunción del menor lo hizo Catarino Rubio, agente de información del Registro Civil, ante el oficial Aurelio Fregoso y fueron testigos Elpidio L. Osuna y Roberto Hernández de la Vega.

Además de Wenceslao, también fueron hijos de la pareja Adela o Adelaida (1925) y Cristina (1922), quienes según el Censo Nacional de México de 1930 publicado en internet por Family Search, vivían entonces en la colonia de ferrocarrileros “Casa Redonda”.

SU PREGÓN MAÑANERO: “EL SOL Y EL DEMÓCRATA SINALOENSE DE HOY”

En las últimas dos tres décadas del siglo XX, el grito de Lao para la venta de los periódicos sobresalía de entre el bullicio matutino del mercado municipal Pino Suárez y se escuchaba en las calles más transitadas del centro de la ciudad.

En esos tiempos vivía con su familia por la Avenida Alemán, hacia el oriente, entre las calles Rosales y Francisco Villa.

Entrado en la edad adulta y con una ceguera cuya causa ignoramos, caminaba por la avenida Alemán hasta la calle Aquiles Serdán, doblaba a la derecha rumbo a El Sol del Pacífico donde le daban su dotación de periódicos y luego seguía su caminata hacia el norte para instalarse en una de las entradas al mercado municipal por la calle Melchor Ocampo. Ahí se le entregaban para su venta ejemplares de “El Demócrata Sinaloense”. Algún tiempo también vendió “El Correo de la Tarde”, ubicado entonces por la misma Avenida Alemán, casi frente a su domicilio.

NUNCA SE EQUIVOCABA CON EL CAMBIO, PESE A SU CEGUERA

Era increíble que con solo tallar el billete o la moneda con sus dedos sabía su denominación y nunca se equivocaba al dar cambio, pues tenía su tacto muy educado y era inconfundible, conocido por todos, el grito para vender periódico.

Siempre andaba con el ánimo muy en alto y respondía directo a quienes pretendían aprovechar su ceguera para burlarse de él, “agarrarlo de cura”. Mínimo recibían una recordada del 10 de mayo, bien dirigida y por el nombre de quien le hablaba, pues los identificaba de inmediato por su voz. Nadie se molestaba. Muy al contrario, llenaba el ambiente de una alegría contagiosa.

Saludaba a todo mundo en el mercado. Luego se iba a comer por la calle Carvajal y de ahí retornaba a su casa por la avenida Alemán, frente a la colonia “Lázaro Cárdenas”.

Un día dejó de escucharse su voz, desapareció de este mundo y el último recuerdo que tenemos de él es la fotografía en que lo saluda José Ángel Pescador durante su campaña electoral de 1985 para la presidencia municipal de Mazatlán.

El pregón del Lao se apagó, se fundió en la amalgama bulliciosa del Pino Suárez y ahí permanece en el recuerdo de los mazatlecos como uno de los personajes pintorescos que dieron vida y color a nuestro puerto.

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