RECORDAR ES VOLVER A VIVIR | La secundaria nocturna para adultos “Gral. Antonio Rosales” de Mazatlán

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Por Arcadio Madera Sarmiento

Publicado en El Sol del Pacífico, jueves 21 de febrero de 2008.

Si hay algo que deja huella en esta vida y que se lleva como equipaje en cada uno de los individuos de una sociedad, es la educación que se recibe en los centros educativos como parte integral de la formación de buenos ciudadanos.

Uno de esos centros memorables es la Escuela Nocturna “General Antonio Rosales”, ubicada por la calle Genaro Estrada entre Guillermo Nelson y Benito Juárez, a un costado del centro de Salud, el cual fue el Cuartel Rosales donde estuvo en calildad de preso Heraclio Bernal.

Este centro educativo parece ser como cualquier otro, del cual egresan generaciones de estudiantes mazatlecos, sólo que “la Rosales” tiene una particularidad, una historia, una característica muy importante que la hace distinta a las demás y es que tuvo mucho que ver en la formación de varias generaciones de ciudadanos de diferentes edades (15 a 100 años), originarios de otros estados de la República Mexicana que por alguna u otra razón no culminaron su instrucción primaria o secundaria en la etapa de vida correspondiente a esta responsabilidad a la que todo mexicano tiene derecho, sin distinción alguna, porque así lo dicta el artículo tercero constitucional.

En esta escuela muchos jóvenes y adultos aprendieron a leer y a escribir mínimamente, aunque sea su nombre, ya que para algunas personas era su gran deseo despojarse la venda de los ojos y penetrar en el mundo maravilloso del saber.

El nombre de la escuela hace honor al General Antonio Rosales, de Juchipila, Zacatecas, quien fue uno de los defensores contra la invasión francesa y se le recuerda por aquella batalla del 21 de diciembre de 1864 en San Pedro, Sinaloa, estando a su lado en la batalla Joaquín Sánchez Román, originario de Tlaltenango, Zacatecas.

La escuela nocturna “Rosales” inició en 1965, cuando en una reunión de un grupo de profesores ¡de verdad!, profesores de una sola pieza, con convicción de acero, inquebrantable, ¡eh!, justo en mayo, mes cuando se celebra el Día del Maestro, entre ambarinas y bocadillos, a uno de ellos se le ocurrió que en Mazatlán y en el sur de Sinaloa, había la necesidad de establecer una escuela para trabajadores o para personas adultas, en la cual terminaran sus estudios básicos que no pudieron tenerlos en su tiempo o que los dejaron truncos.

Gracias a la iniciativa de ese grupo, liderado por el escamillense Rafael Lizárraga Zazueta, que en paz descanse, el 05 de octubre de 1965, se creó la escuela primaria nocturna para adultos en el sur de Sinaloa. Se fundaron las siguientes escuelas primarias para adultos: “Emiliano Zapata”, en Escuinapa; “José María Morelos”, en Rosario; “Lázaro Cárdenas”, en Concordia; “Benjamín Hill”, en la colonia Loma Atravesada en Mazatlán. Claro, también se fundó la escuela secundaria nocturna “Gral. Antonio Rosales”, la cual también por gestiones de Lizárraga Zazueta, se federalizó en 1975 y de la que fue director desde su fundación.

La escuela inició sus labores con el nombre de “J. Refugio Rolón”, en honor de un maestro colimense de muchos méritos en Mazatlán, en el plantel de la Escuela Primaria “Ángel Flores”, situada junto a la plazuela del mismo nombre, algún tiempo conocida como “Plazuela del Burro”.

En 1967, un año antes de los trágicos acontecimientos de 1968 (una mancha en la historia de México), se dio el cambio al edificio de la calle Genaro Estrada con el nombre de “Escuela Gral. Antonio Rosales”, por cooperación, y los alumnos debían pagar una mensualidad de acuerdo al grado escolar que se cursara.

Fue una escuela de muy buen nivel. Se reservaba el derecho de admisión de alumnos. Aquí se requería que el estudiante tuviera buenos principios y muchas ganas de aprender. La disciplina era estricta: si alguien cometía una falla se le llamaba la atención y si no entendía, simplemente se le daba de baja. Un requisito básico para la admisión era ser trabajador y tener más de 15 años de edad. Bajo esas condiciones, pues había alumnos desde muy jóvenes hasta muy adultos, no obstante lo cual algunos llegaron a ser profesionistas. Hubo alumnos de mayores de 60 años que terminaron ahí primaria y secundaria algunos de quienes se convirtieron en profesionistas.

En el proceso de enseñanza o en el avance, los mismos alumnos plantearon la necesidad de que se estableciera una secundaria, porque al principio sólo se impartía primaria. Se hicieron los trámites correspondientes. Empezó a funcionar la secundaria gracias, por supuesto, a la buena voluntad de las autoridades encargadas de la educación, que en ese entonces no estaban tan contagiadas de las politiquerías y mediocridades como lo están en la actualidad.

GRUPO PIONERO

La escuela se creó gracias al empuje, pundonor y decidida gestión del grupo de maestros, entre quienes recordamos al profesor Rafael Lizárraga Zazueta (director), José Guadalupe Gómez y Enrique Meza (Matemáticas), Sergio Ávila Osorio (química), Francisco Bastidas y José Zatarain (Geografía), Carlos Jiménez Osuna (Historia), Jorge Domínguez y Rodolfo Tostado (Español), Rosa María Ramírez (Artística), que dicho sea de paso y con todo respeto, estaba muy guapa; Ángel Silva Navarro (Inglés), Paquita Trewarta (Biología) y por supuesto, el más simpático y carismático, quien hubiera sido un buen político o un buen candidato a cualquier puesto de elección, pero no lo hubiera aceptado ningún partido porque no caben en ellos las personas honestas, nos referimos al profesor Emilio Gómez Osuna (Civismo).

En primaria recordamos los nombres de algunos maestros, como: Lidia Sandoval (quinto año), Lucila (cuarto), Mohamed “Mao” (sexto año)…

Esta era la carta de presentación de la escuela: el glamour magisterial que había producido la Escuela Normal, quizá una de las mejores generaciones de profesores de verdad, profesores con un alto sentido de responsabilidad para quienes una falta de asistencia a su quehacer laboral significaba un pecado capital, algo indigno y una merma a su salario. Comparados con las generaciones posteriores, de la actualidad, pues ahí están los resultados: una pésima educación.

La escuela funcionaba de 6 de la tarde a 10 de la noche, un horario accesible para personas que trabajaban, requisito de ingreso fundamental, aunque hubo algunas excepciones.

Había que subir y bajar 32 escalones.

La gente o las personas que aquí iniciaron sus estudios desde primaria, secundaria, tuvieron que subir y bajar, según el caso, los 32 escalones durante nueve ciclos escolares (seis de primaria y tres de secundaria) porque en ese entonces el sistema era escolarizado, presencial, no como en la actualidad que es abierto, y el servicio, sobre todo el básico, es deficiente porque el estado no quiere invertir en este espacio.

Fue una escuela de calidad en una época de grandes deportistas: en el boxeo, Rubén Olivares, Chucho Castillo, Rafael Herrera, Aurelio Cázares; en el béisbol, Elpidio Osuna, de El Roble. De los grandes bailes en el Club Deportivo Muralla, en donde también se daban funciones de box amateur. De los famosos bares El Drive In, El Tarrandas, La Perla, de Don Gabriel R. Osuna, quien, entre otras cosas, compuso varias canciones, en este centro de diversión desde donde se transmitía la radio RJ, los domingos, el programa “Alegría frente al mar” y se presentaban artistas de la localidad, como “El Negro” Osuna, La Rubia y La Morena, el dueto de la Isla de la Piedra formado por dos mujeres; “El Bronco” del Guayabo, Mario Sandoval, Martín Plata, “El Bronco” Aguirre, los  Hermanos Texanos de Tepuxta y muchos etcéteras.

ALGUNOS EGRESADOS

Entre los egresados, recordamos los nombres de los siguientes: Edmundo Mejía, el peluquero; Fernando Flores Piña, Raúl, Pedro Brito Osuna, los hermanos Montenegro (Concha, Roberto, Pepe), Micaela, Miguel Ángel López (“El Mike”), Luis Fraide, Carlos Meza, Julio Plazola, Laura Monroy, la ojiverde de apellido Qui, Sergio Quintero, Ana y Julieta Velarde, Juanita Reyna y su hermano, los nayaritas de la Mesa del Nayar, los hermanos López Rodríguez (Vicente y Severino), Trini y Lupita, también nayaritas; Raúl López y Juan Lizárraga, amigos de los más jóvenes de toda la escuela.

Más alumnos: José Alfredo Jiménez Rentería, Ernesto Conde Rubio, Heriberto Barrón Regalado (El Archi), Guillermo Ortiz Naranjo, Miguel Ángel Díaz, Aurora Pineda, Lety y Paty, Lorena Borrego, Victoria; Victoria, Miguel Ángel Benítez Torres, Miguel Ángel Flores Gutiérrez, Antonio García Estrada, Benito Lizárraga Tolosa, Aarón Flores Estada, Jorge Estrada, Guillermo Vargas, José Díaz, María de Jesús Ornelas, Alfredo Osuna Félix, “El Jimmy”, los hermanos Ortega Casillas, Clotilde y Juan Manuel, Alma Rosa Aguirre, de ojos verdes, muy guapa, Roberto Rochín, Mirna, Adela Madera, los hermanos Ojeda Carmelo y Simón, Óscar, Dolores Mayorquín, Dolores Cruz Cook, Jesús Manuel Gallardo, ex administrador de Correos en el puerto, Rogelio Garay, Nicolás, Natividad, otro que le decían ”El Púas” por su parecido con Rubén Olivares, que trabajaba en los jugos por el mercado y que su tío o su papá se parecía mucho al Cuyo Hernández, su manejador; Lorenzo Rodríguez y José Félix, de quienes, en forma de chascarrillo, decían que les habían regalado el certificado de primaria o que se lo habían ganado por derecho de antigüedad Anastasio Trejo, Cecilio Gándar Ibarra Gaby, “Tremendo” Campista, Fraire deportista de lucha libre, José Luis Portillo, José Márquez, que por cierto creo una obra titulada “El Santo” y “El Cura”, presentada en la propia escuela, en la que participaron José Luis Portillo, María del Socorro Guillén, “El Chilo”, “El Pipo” Guzmán, que según se cuenta dicha obra fue reeditada con algunas modificaciones del propio Guzmán y una vez recibido de profesor la presentó en La Paz, Baja California Sur, en donde la presenció el gobernador del Estado, haciéndose acreedor a una plaza de profesor. La obra, en una de sus partes, dice: “Yo quiero ser senador, diputado o presidente para enseñarme a robar y saber lo que se siente”.

La escuela tenía un carácter materialista o principio de ello, sobre todo por la forma en que se planteaban las cosas, la pasión de algunos maestros se desbordaba en el salón de clases, como el profesor “Mao”, que impartía en sexto año, así como medio ateo, es decir, ya se empezaban a dar discusiones sobre el espinoso tema de la religión y se presentaban problemas en los propios grupos con algunos alumnos, pues se sentían ofendidos por lo que se decía.

Otro caso fue el del profesor Emilio Gómez Osuna. Él hablaba de las leyes que protegían a los ciudadanos mexicano y que teníamos que exigir a las autoridades encargadas de la impartición de justicia que se ajustaran a las leyes. Muy seguramente que el profesor Emilio ya estaba enterado de que otro profesor de nombre Genaro Vázquez Rojas ya exigía justicia para el pueblo del estado de Guerrero, que sufría en carne propia los efectos del caciquismo y el autoritarismo.

A todos los maestros y alumnos que participaron en este proceso de enseñanza y aprendizaje para adultos, un infinito recuerdo a través del tiempo y la distancia.

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