Aguacaliente de Gárate | Un fonógrafo de Edison, Juan de Dios Peza y los vales de la revolución

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Foto de internet con fines ilustrativos.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 21 de mayo de 1981.

Aguacaliente de Gárate nació en la época colonial y palpitan en él la lucha por la Independencia (en la plazuela hay un monumento dedicado a Miguel Hidalgo) y la Revolución Mexicana, así como los exabruptos de la vida moderna. Es un pueblo que al verlo nos sitúa en el pasado y en el presente a la vez.

Antes de ser “De Gárate”, en memoria de Juan José, uno de los tres españoles que lo construyeron con un tesoro, se llamó Aguacaliente de Pardo, en honor de su fundador José Pardo y estaba ubicado un poco alejado, unos cuantos metros de lo que es ahora y para siempre el triángulo que forman los cerros “De los Lazos”, “Sombreretillos” y “De los Cuervos”. Se habla de 1675, cuando aquello era una comunidad indígena cuyas tradiciones conservaron hasta hace algunas décadas.

Daremos un salto en la historia del pueblo. Luis Ortega, con mucha precisión y de manera muy amable, nos platicó sobe la época porfiriana en el poblado, o mejor dicho, la manera en que ésta se reflejó y dejó pruebas en la que fuera la casa de su padre Perfecto Ortega, un perfecto porfirista.

La casa abarcaba una cuadra y ha sido destruida aproximadamente la mitad. El resto, aunque semiabandonado, está en perfecto estado; una parte era tienda, otra, salas y un patio con aljibe.

Esta vivienda perteneció originalmente a Cesáreo Prado, de Tepic, quien era monaguillo del cura José Quiles y la terminó el 2 de abril de 1882. El padre Quiles fue compañero del general conservador Manuel Lozada, quien fue derrotado en Concordia por Ramón Corona.

Posteriormente, la casa pasó a ser propiedad de don Perfecto Ortega.

Entramos a la sala principal. A un costado, alto en la pared, un retrato al óleo de don Perfecto, objetos varios en la sala; en el otro costado, una vitrina y de frente un retrato de don Porfirio Díaz, abajo del retrato una amberola con más de 200 fonógrafos. Es un ejemplar del fonógrafo inventado por Thomas Alva Edison, en perfectas condiciones, con más de 200 discos.

El antiguo tocadiscos, el más moderno de la época, fue comprado, junto con los discos, el 9 de enero de 1911 en 530 pesos, además de dos pesos y centavos que se pagaron por timbres.

Varios discos han sido rotos. La resistente cera no ha podido soportar la acción destructiva del implacable tiempo y se ha roto, pero más que nada han sido víctimas de la destructiva labor de un hijo de Luis Ortega.

Fue este fonógrafo uno de los más de mil inventos que patentó Alva Edison. Todo lleva su nombre e incluso en el forro de los discos viene su fotografía. Los discos tienen forma de cilindro hueco y la aguja es de zafiro, permanente.

Don Luis sacó unos discos de los derruidos cajones, abrió el aparato, le dio cuerda y puso una canción, “Me quiero casar”, de Maximino Rosales y de Rafael Herrera Robinson, después la grabación de la obra “El grito de Dolores” y una poesía de Juan de Dios Peza, “El canto del hogar”, quien a raíz de una desgracia familiar se convirtió en el cantor de los niños y del hogar y que en su primera etapa poética dirigía su inspiración al amor, a la patria y al sufrimiento. Murió en 1910, así que es de imaginarse la antigüedad de esa canción y de todas las demás, pues son de antes de la Revolución.

A un lado de la sala estaba la tienda. En el antiguo mostrador se observan pedazos de papel que fueron ejemplares de “El Correo de la Tarde”, “El Demócrata Sinaloense”, “El Hijo del Ahuizote”, revueltos con revistas de Walt Disney y otras de caricaturas y de amor.

Hasta ahí llegaron los revolucionarios para exigir a don Perfecto dinero contante y sonante a cambio de vales por 5 o 10 centavos que le pagarían después, cuando triunfara la Revolución y ésta triunfó pero los vales ahí se quedaron por miles. El PRI no ha recibido la orden de hacerlos efectivos.

Muy audaces los revolucionarios. Rafael Buelna llegó una vez a esa tienda a pedir 5 mil pesos para la causa y cuando pretendieron darle vales de sus compañeros los desdeñó, pues quería oro y nada más que oro.

Además de ser un sobresaliente comerciante, don Perfecto tenía un cine con los aparatos más modernos. Por consejo de su esposa se le llamó Cine Zaragoza, el cual fue vendido en 1926 a un general Lugo y éste en Mazatlán se lo traspasó a Guillermo Azcona. Es el mismo Cine Zaragoza que funciona en este puerto y los aparatos están en el Cine Reforma; ahora son muy antiguos.

Don Perfecto murió, parece que de tristeza porque adoptó una actitud autodestructiva después del fallecimiento de la esposa de uno de sus nietos al ingerir cianuro en su tienda.

Mil anécdotas y leyendas hay sobre el pasado de Aguacaliente de Gárate, al que don Luis Ortega conoce quizá más que ninguno, más hoy el pueblo vive tranquilo del cultivo de la ciruela (está por levantarse la próxima cosecha) y conserva su estética colonial.

Historiadores, Sociólogos, antropólogos y musicólogos tienen en Aguacaliente de Gárate demasiado material para trabajar. Ahí los espera.

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