MAZATLÁN HACE 40 AÑOS | Sentido adiós al Lic Marco Antonio Arroyo Cambero

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  • Nayarita de nacimiento, sinaloense por adopción y, por convencimiento mazatleco, aquí descansa ya: JRZ. Fue sepultado en el Renacimiento.

Por Juan Lizárrga T. NOROESTE-Mazatlán, 5 de marzo de 1982.

El licenciado Marco Antonio Arroyo Cambero fue sepultado ayer en la tarde en el panteón Renacimiento de esta ciudad.

Puntual hasta en su muerte, el cuerpo del licenciado Arroyo salió a las cuatro de la tarde rumbo a la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción, escoltado por patrullas de Tránsito y seguido por una cauda de hombres y mujeres vestidos de negro y caras tristes y serias, sus familiares, los políticos más prominentes del estado, los hombres de empresa, sus colegas de jurisprudencia.

El cortejo fúnebre llegó a catedral, donde se ofició la misa. “Dale, Señor, el descanso eterno”, rezaba el oficiante mientras vertía el agua bendita sobre el ataúd.

Los funcionarios permanecieron en el atrio de la iglesia. A un costado, el gobernador Antonio Toledo Corro y acompañantes y al otro, el exgobernador Alfonso G. Calderón. La escena se repitió durante la sepultura.

El clima era agradable, pero tendía a caluroso. Se veía esta sensación en los muchos personajes que vestían trajes oscuros.

El pueblo en masa no se dio cita. Eran todos personajes los reunidos a despedir al licenciado Arroyo Cambero.

Terminada la misa, una larga hilera de vehículos presididos por las sirenas de las patrullas, partió rumbo al panteón Renacimiento.

Retirado de la ciudad, vestido de un pasto verde sobre el que sobresalen las flores en las tumbas sin cruces y sin bóveda, el cementerio estaba preparado para recibir los restos. “Hasta ganas dan de morirse”, exclamó una mujer ante la belleza mortal del panteón.

En la tumba estaba el ascensor bajo una carpa de manta levantada previamente y varias sillas, formadas en hileras, esperaban a los dolientes. “Refugio Arámburo (1908-1982)”, “Felícitas Mora de Vallejo (1914-1981)”, decía en las placas de las tumbas contiguas: “Licenciado Marco Antonio Arroyo Cambero (1914-1982)”, diría la tumba que ahora se llenaba.

Cuarenta coronas de diferentes arreglos y tamaños, esperaban turno para adornar la última morada del abogado.

Los dolientes se instalaron alrededor de la tumba. Adela Montero, esposa del desaparecido, a quien acompañaban sus hijos, autorizó el sepulcro.

No hubo el golpe seco de la tierra sobre el ataúd ni músculos tensos bajando el féretro. Sólo se escuchaba un apagado chillido de una tuerca sobre la cual rodaba un tornillo movido por pinzas, y los sollozos que se convirtieron en gimoteos y luego en llanto abierto, cuando descendía el cuerpo.

Previamente, el licenciado Jorge Romero Zazueta, quien ahora ocupa el cargo de secretario de Gobierno, hizo un reconocimiento oratorio a su antecesor en el puesto político.

Habló en nombre del pueblo y del gobierno para lamentarse por la pérdida del “hombre de gran dimensión moral y profesional, nayarita de nacimiento, sinaloense por adopción y mazatleco por convencimiento, quien rindió tributo a esta tierra salobre que recibió siempre de él las luces de su inteligencia, la armonía de su pensamiento, la emoción de su actuación singular”.

No sólo fue el gran político, sino “la personificación de las cualidades que patentizan la nobleza de la abogacía: capacidad y honradez encaminadas a la aplicación de la ley y la justicia”, que “llevó la amistad por encima de todos los riesgos y la mantuvo incólume”.

Hombre de rectilínea conducta e impoluta dignidad que encontró el acontecer inexorable de la muerte, deja en su tránsito terrenal una cauda de afecto y respetabilidad.

“Ciudadano ilustre, hombre en toda la extensión de la palabra, aquí descansa ya…”.

No sólo fue un gran abogado, sino todo un caballero y un político notable: Ramiro Flores Quezada

Por Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 4 de marzo de 1982.

Su imagen política era de profunda sobriedad: pocas veces se le veía sonreír y sin embargo, entre los amigos (abundantes en la sociedad e íntimos muy pocos) era un magnífico conversador, amante de la broma, de mucho sentido del humor y de gran caballerosidad.

El licenciado Héctor Manuel López Castro fue uno, el principal de los amigos íntimos del licenciado Marco Antonio Arroyo Cambero, quien falleció ayer en la mañana en el Distrito Federal, víctima de un mal renal que lo acosó por cerca de un año. Los licenciados Alberto García Aguirre y Ramiro Flores Quezada, son los otros integrantes del cuarteto íntimo, ligados por la industria de la abogacía.

Es el licenciado Flores Quezada quien platica sobre el que fuera al morir secretario de Gobierno en Sinaloa, minutos después de que el doctor Héctor González Guevara le comunicara desde la capital de la República la triste noticia.

Arroyo Cambero nació el 26 de julio de 1914 en un pueblo llamado Aguacatlán, Nayarit, cerca de Jala, donde conocería a Adela Montero, con quien contrajo nupcias.

En su pueblo natal cursó la primaria y en la Universidad de Guadalajara la secundaria, la preparatoria y se recibió como abogado.

De 1940 a 1943, el licenciado Arroyo Cambero dejó su huella en su estado nayarita, al ocupar la presidencia de la Junta Central de conciliación y Arbitraje y la Procuraduría General de Justicia; fue secretario general del gobernador Juventino Espinosa y diputado a la VI Legislatura Local del Congreso del Estado. Coincidencias: su padre, Francisco Arroyo, fue miembro de la primera Cámara de Diputados de Nayarit. Don Francisco Arroyo y Beatriz Cambero, extintos, fueron sus progenitores.

Arduo trabajo realizó en su tierra como abogado y llegó a Mazatlán en 1943 como juez militar, con el grado de teniente coronel. El Juzgado Militar estaba ubicado en lo que hoy es el instituto de Bellas Artes, por la calle Sixto Osuna y era el jefe de la Guarnición de la Plaza el ameritado sinaloense que llegó a senador, Teófilo Álvarez Borboa. A un costado, en el segundo piso, tenía su domicilio el licenciado Héctor Manuel López Castro, con quien desde entonces entabló amistad.

En 1959 se retiró del fuero militar y se dedicó al libre ejercicio de su profesión en el ramo penal y en el juicio de amparo. “Fue uno de los más sobresalientes en el estado”, reconoció Flores Quezada, y lo fue realmente en el noroeste del país.

Se asoció con López Castro y desde entonces, hasta el último momento, se mantuvieron unidos en su amistad y en su profesión.

Posteriormente trabajarían en el mismo despacho el licenciado Alberto García y el licenciado Ramiro Flores. El despacho está aún instalado por las calles Heriberto Frías y Mariano Escobedo.

Enfrascado en la jurisprudencia y a través de ella, Arroyo Cambero incursionó en la política sinaloense como asesor legal de diferentes administraciones municipales, del Comité de Colaboración Municipal (hoy COMUN) y del gobierno del Estado.

En el sexenio de Alfonso G. Calderón fue secretario de Gobierno y su aptitud así como la amistad que tenía antes de llegar a Mazatlán, con Antonio Toledo Correo, le valió para repetir el puesto que desempañaba hasta su muerte. Fue siempre uno de los amigos personales del primer mandatario.

PADRE EJEMPLAR

Constantemente se le veía al licenciado Arroyo Cambero en Mazatlán, donde tenía su familia y acompañaba con frecuencia a los gobernantes en sus giras de trabajo por estas tierras. Ahí se le observaba, todo seriedad, todo energía.

Aquí residía, primero en el antiguo Mazatlán, por la calle Carnaval, frente al teatro Ángel Peralta y posteriormente tuvo su domicilio por la calle Aquiles Serdán, entre Escobedo y Constitución, en pleno punto citadino.

Ahí crecieron sus cinco hijos, a quienes dio educación acorde a su personalidad. Marco Antonio Arroyo Montero, el único varón, hoy magistrado del Tribunal Colegiado de Oaxaca; Estela, abogada, secretario del Juzgado II de lo Penal en Mazatlán; María Eugenia, abogada canciller en Los Ángeles, California, matrimoniada y residente en la misma ciudad del vecino país; Ana Alicia y Adela Beatriz, quienes aún residen con su familia aquí en Mazatlán.

Hombre de sociedad, el licenciado Arroyo Cambero perteneció al Club Rotario, al Club de Leones y fue uno de los fundadores del Club de la Amistad; fue también presidente del Colegio de Abogados.

En los últimos meses, la salud del licenciado Arroyo Cambero se veía quebrantada. Durante el primer informe de gobierno de Antonio Toledo Corro, su semblante era pálido y más aún en una de sus últimas visitas a Mazatlán.

Hacía poco menos de un año que la afección renal empezó a mermar la salud y ayer en la mañana sucumbió, falleció en la ciudad de México.

El licenciado Ramiro Flores Quezada informó que ayer, durante la noche, sería velado en la ciudad de México, hoy en la mañana estaría su cuerpo en Mazatlán para ser sepultado por la tarde (horario que podría ser cambiado por sus familiares) en el Panteón Renacimiento.

El mundo político de Sinaloa y de México pierde en Arroyo Cambero a un hombre que trabajó por este estado, al cual supo hacer suyo, con profunda sobriedad y sus amigos pierden al amante de la broma, al gran conversador, al hombre del trato fino y caballeroso.

Descanse en paz el licenciado Marco Antonio Arroyo Cambero.

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