“Un día 28 de enero…” | ASESINATO DE LAMBERTO QUINTERO Y SU FAMOSO CORRIDO

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Compilación cortesía de Miguel Alonso Rivera

Culiacán.- Al menos dos personas muertas y un número indeterminado de heridos fue el saldo de una serie de enfrentamientos entre dos grupos rivales en El Salado, una comunidad rural ubicada al sur de Culiacán, en Sinaloa.

Una de las víctimas fue identificada como Lamberto Quintero, jefe de una célula criminal asentada en la capital sinaloense y quien resultó ser tío del capo Rafael Caro Quintero.

Los hechos ocurrieron hace 40 años, cuando el jefe criminal Lamberto Quintero fue objeto de dos ataques, el primero de los cuales ocurrió a unos kilómetros de la comunidad El Carrizal, resultando una persona muerta durante el tiroteo y cuyo cuerpo fue abandonado muy cerca de El Salado.

En este último lugar, Quintero fue acribillado horas después cuando visitaba a su pareja sentimental.

Las autoridades confirmaron que dos personas habían muerto y una más se encontraba herida, pero rechazaron tener conocimiento sobre el desarrollo de los hechos y la identidad de las víctimas, hasta que dos días después fueron confirmadas por las actuaciones periciales de la Procuraduría de Justicia en la entidad.

De acuerdo con versiones periodísticas, Lamberto Quintero fue trasladado aún con vida a la clínica Santa María, en la ciudad de Culiacán, pero no sobrevivió a los tiros de rifles AR-15, que lo impactaron por la espalda.

Los informes fueron confirmados por el corrido que lleva su nombre y se ha convertido en un clásico entre los que abordan la temática del narcotráfico, con una letra cuidadosa en evitar los negocios en que participaban los involucrados, así como del lenguaje –pues corresponde a tiempos precedentes al uso de malas palabras comunes en el llamado “movimiento alterado”, de confección más reciente.

Lo que se sabe con certeza es que el famoso capo murió en los tiroteos del 28 de enero de 1976, cuando también perdió la vida David Manuel Otañez Lafarga, El Chito, quien formaba parte del clan que le heredó su segundo apellido, los Lafarga, otra familia dedicada en ese tiempo al tráfico de droga y que tenía una vieja disputa con los Quintero que devino en los tiroteos de El Salado.

Los informes de las autoridades de la época mantuvieron bajo reserva la información relativa a la muerte de Lamberto Quintero, así como de los hechos de sangre que dejaron a Culiacán en la zozobra durante los días siguientes, en especial, cuando los Quintero y sus socios tomaron venganza, como dice el corrido (dos días después de su muerte// vuelven a sonar los tiros//ahí quedaron diez hombres//por esos mismos motivos).

El 29 de enero de 1976, Quintero fue sepultado en Jardines de Humaya, donde aún es posible apreciar su sepulcro. Un día después, el 30 de enero, los Otañez Lafarga iban a sepultar a El Chito.

Como a las 4 de la tarde, el cortejo fúnebre salió de la iglesia Del Carmen. Avanzaron una cuadra y, al llegar al cruce de las calles Andrade y Ramón Corona, los dolientes fueron emboscados.

La nota que en esos días publicó El Debate sobre la emboscada asentó que el enfrentamiento entre las dos familias del hampa se prolongó por una hora de ráfagas de metralla, dejando un número indeterminado de heridos que dejaron la calle llena de sangre. Sin embargo, sólo quedó ahí el cuerpo de Héctor Caro Quintero (sobrino de Lamberto y hermano de Rafael (el capo detenido en 1985 y liberado al inicio de la administración de Enrique Peña Nieto).

Las versiones de la época –recordó El Debate, tomando también como referencia el libro del periodista José María Figueroa “La muerte de Lamberto Quintero”– aseguraban que en la refriega hubo alrededor de 20 muertos que fueron transportados en camionetas.

Con precisión y detalle, la reconstrucción periodística de los hechos que hizo entonces el citado diario daba cuenta del fuego cruzado que cobró vidas de personas ajenas a los bandos rivales.

Una niña, entonces de 12 años, recibió tres tiros, mientras que un peatón que iba pasando recibió un disparo en la pierna.

En las horas siguientes un nuevo tiroteo se produjo en el bulevar Leyva Solano, donde hubo varios heridos que uno de los grupos de sicarios se llevó, robando dos taxis que tenían su base en el sector. Ya en la noche, cuando de nuevo intentaron llevar el cuerpo de El Chito, al panteón, un nuevo enfrentamiento resultó, extraoficialmente, en la muerte de dos pistoleros.

En las semanas que siguieron, la ciudad quedó en la zozobra, mientras las autoridades evitaron el esclarecimiento de lo ocurrido y, de manera oficial, sólo admitieron un muerto y cuatro heridos.

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