Las amas de casa lamentan la espiral inflacionaria | 𝓜𝓐𝓩𝓐𝓣𝓛Á𝓝 𝓗𝓐𝓒𝓔 𝓒𝓤𝓐𝓡𝓔𝓝𝓣𝓐 𝓐Ñ𝓞𝓢

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Foto: https://mercadopinosuarezmazatlan.com/

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 4 de enero de 1982.

Sinaloa está unido y debe estarlo todo el país. Unido en las lamentaciones y en las protestas por los altos costos que registran los precios de las mercancías en general y sobre todo las de consumo necesario.

En la oficina, en la calle, en la mesa del hogar y sobre todo en el mercado, se escuchan inextinguibles los lamentos y es en este último sitio, en el mercado, donde se concentra este arroyo de quejas.

Van a continuación unas muestras de este sentir, con la seguridad de que cualquier ama de casa, cualquier persona que haya sido inquirida al respecto, habría dicho lo mismo.

Perla Menéndez de Álvarez reclamaba a grito abierto en un puesto de abarrotes y canalizamos sus protestas.

Antes de 1982, gastaba un promedio de 250 pesos diarios para la compra de los alimentos y medianamente le alcanzaba, cosa que ahora no es posible ni siquiera para comprar un kilo de camarón (a 230 pesos, el más chico, lo vendían ayer mismo); hoy, para seis personas, ella, su esposo y cuatro hijos (le acompañaban dos de sus hijas) no les alcanzan ni 300 pesos.

¿Qué es lo más caro? Todo. La carne subió desde antes de la actual espiral inflacionaria y hoy con la verdura, las frutas, las hortalizas y las legumbres, con sus precios tan altos, la situación es espantosa.

Se agria el bienestar al preguntar por el precio de los limones, de la cebolla, del ajo.

María Velázquez de Rivera intervino para decir exactamente lo mismo y otra señora joven y otra señora mayor.

Las verduras, la cebolla, los limones, son los más caros.

Y cuando caminaban bien cargadas con dos bolsas, interceptamos a una persona de avanzada edad. Cesó de caminar y con ello el riesgo siempre latente de resbalar en los pasillos del mercado, puso sus bolsas en el piso y María Castañeda, que así se llama la mujer, dijo:

Que lleva el mandado para venderlo en una pequeña tienda que tiene en su barrio. Antes de este año compraba entre 600 y 700 pesos diarios y ahora más de mil y no le rinde nada, porque las ganancias quedan en los camiones.

La Leche Clavel, por ejemplo, costaba 9.20 pesos y ahora cuesta 13. Ella tiene que venderla a 14, a riesgo de que la infraccione la Secretaría de Comercio, pues son este tipo de vendedores las principales víctimas de los inspectores.

—Mi marido está enfermo en cama y yo también estoy enferma. No sé qué va a pasar. Todo sube y sube y nadie sabe de dónde viene la carestía.

¿DE DÓNDE VIENE LA CARESTÍA?

La situación actual es en parte importada o forma parte del panorama mundial: la inflación es universal. Ya no sólo afecta a los países capitalistas y a los de economías “mixtas”, como México, sino también a la orbe socialista.

Y la actual alza generalizada de precios en nuestro país se explica un poco por la inadecuada técnica de aprovechamiento del petróleo, el subsidio indirecto de energéticos a las grandes industrias y comercios, a la aspiración de los mexicanos de tener vehículo, cristalizada en los millones de coches que hay por doquier y al contrabando de diesel.

Sube de precio la gasolina y lo hacen los productos, ya predispuestos para la economía ficción de subsidio a algunas ramas de la producción en beneficio de minorías; por la creación de agroindustrias que ha producido un déficit de alimentos de consumo directo al pueblo para satisfacer las necesidades de las grandes ciudades y por la emisión de moneda desacorde con la producción.

Así, nominalmente el salario sube, pero no el salario real, cuyo poder adquisitivo es cada vez más bajo.

Oficialmente, el crecimiento de la inflación en 1981 fue de 36.7 por ciento y el del salario de 33.96 por ciento. Como se ve, hay ya una disparidad y hay que considerar que al otorgar el aumento de salario para 1982, no se tomó en cuenta el alza de precios que ha traído consigo el aumento de la gasolina.

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