El Niño Jesús de Las Gaviotas, una larga historia de milagros | 𝙼𝙰𝚉𝙰𝚃𝙻Á𝙽 𝙷𝙰𝙲𝙴 𝟺𝟶 𝙰Ñ𝙾𝚂

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  • De todo el mundo vienen a venerarlo y a pedirle favores.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 14 de noviembre de 1981.

Facebook de Elena García

“Kid Alto” lo vio y creyó. No pudo leer el reportaje que hizo porque murió por la noche, más lo creyó porque lo vio.

Era una noche especial… Era la noche previa al 24 de diciembre de 1980, la noche de la natividad de Jesús. Lo vio y lo creyó: miles y miles de personas, nacionales y extranjeras, veneran y corresponden con presentes de lo más variado, los milagros concedidos por el Niño Jesús de las Gaviotas, aquí en Mazatlán.

Créalo sin verlo, véalo sin creerlo. Si es creyente se le querrá salir el pecho del corazón y anidará en él esperanzas y la fortaleza de la fe; si no lo es, se quitará el sombrero del escepticismo en señal de respeto ante la inconmensurabilidad del espíritu humano.

LA FE MUEVE MONTAÑAS

Ahí está, en la calle IBIS número 34 del fraccionamiento Las Gaviotas, el Niñito Jesús y ahí están los miles y miles de regalos, reconocimientos, escritos, acciones de gracias, que los creyentes le han enviado, ahí está el diario peregrinar de gentes que vienen de todo el mundo a venerarlo.

Por haberle permitido terminar los estudios, por darle un varón, por quitarle la esterilidad, por concederle su viaje al extranjero, porque le ha ido bien en los negocios, porque le salvó la vida en un accidente, por… Que sea Rafael Reyes Nájera, Kid Alto, quien nos repita algunos de los milagros atribuidos a este Niño Jesús, de ojos claros, puros.

MILAGROS, MILAGROS, MILAGROS

“Don José H. Mosas, quien tenía un taller de zapatería y huarachería, llegó a ver al niño con una pierna muy mala, casi a punto de serle amputada. Después de su oración fue sanando hasta recuperar.

“Chicuelín’, un joven novillero, visitó al Niño Jesús, antes de una novillada en la desaparecida Plaza del Rancho del Charro, “Chicuelín” ganó el “Cristo de Plata”, que era el trofeo en aquel festejo y el novillero se lo regaló al Niño. Ahí está entre los miles de objetos recibidos.

“El cantante Pablo Lozoya, “El Caporal”, tenía un tumor en la garganta, lo que le impedía ganarse el pan nuestro de cada día para él y su familia. Fue y le pidió al Niño Jesús. “El Caporal” volvió a cantar, le compuso unas canciones y se las grabó en casetes.

Otro caso: cuando se hundió el barco “Constitución” rumbo a La Paz, eran ocho los tripulantes. Uno de ellos se tiró al mar y recordó que traía una estampita del Niño Jesús de Las Gaviotas. —Niño Jesús, yo voy a morirme. Te encargo a mi familia. Poco después encontró una rueda de carreta flotando y en ella se salvó, mientras que sus 7 compañeros se ahogaron. Hoy, un barquito tallado a mano por aquel marinero, rústicamente pero con mucho fervor, está entre los regalos del Niño. El barquito de madera se llama “Constitución”.

La lista de milagros señalada por Kid Alto es larga y cada uno de los regalos evidencia uno de ellos.

ASÍ NACIÓ EL NIÑO JESÚS… DE LAS GAVIOTAS

En el domicilio de la residencial colonia, Jesús Aldana está al cuidado de la atención y de los obsequios que le llevan al Niño Jesús. Desde hace 37 años lo hace.

El Niño Jesús fue recibido por el entonces párroco de Mazatlán, monseñor Antonio Ramos Orendain. En una visita del párroco a Roma, el Niño Jesús fue bendecido por el Papa Pío XII, nuncio apostólico en el reich alemán, de 1920 a 1929 y de destacada participación dentro de la religión en el mundo hasta su muerte en 1958. “Tuvo mucho que ver en la fe de los católicos del mundo durante el terror que desató Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, asentó Kid Alto.

Monseñor Ramos Orendain falleció, pero antes dejó, donó el niño a Chuyita Aldana, por los cuidados con los que lo había atendido. Ella lo llevaba siempre consigo. En los almacenes con su nombre, que fueron de su propiedad, lo tenía a veces.

Hace 37 años de lo anterior y 20 que el Niño Jesús empezó a recibir regalos.

Empleados bancarios, colonos, personas de tiendas comerciales, personas de todas las edades y características, lo han visitado y han conocido de su don. Los presentes que han llevado a la casa de Las Gaviotas, lo atestiguan.

Los creyentes le reconocen su poder milagroso, más que a las imágenes que tienen consigo. Miguel García Franco, el finado obispo de Mazatlán, le tenía especial admiración porque sin iglesia, sin capilla, sin padres, el Niño Jesús de Las Gaviotas tiene más devotos que cualquier otro santo de las iglesias locales, donde le han oficiado muchas misas.

Las leyendas que se han urdido acerca del Niño Dios de Las Gaviotas, en la voz del pueblo y en cada uno de los regalos, son, con mucho, superiores a las del bandido generoso de Culiacán, Jesús Malverde y sus milagros a los del Niño Fidencio.

Los domingos, los creyentes son incontables y vienen de Estados Unidos, de Japón, de Alemania, de Francia, de todo el mundo.

Se conoce en todas partes. No se cobra ni un centavo por verlo y venerarlo, las estampas con su efigie están en todos los rincones.

Y el Niño Jesús tiene su cama, su taller de carpintería, su mobiliario y su nicho, donde es admirado.

Está en una recámara especial, llena de regalos, de cuadros y por un estrecho camino se llega a él. Llaman la atención sus ojos, grandes, blancos, de un extraño magnetismo. Su cara se ve manchada: estaba a la intemperie y pocos aguantaban la tentación de besarlo.

Como a un niño viviente, se le da atención, se le asea, se le perfuma. El pasillo de la casa está lleno de escritos de acción de gracias y en uno de los pasillos está una biblia alumbrada siempre por una vela.

Ver para creer. A nadie le está vedado el paso. Todo mundo puede visitar al Niño Dios de Las Gaviotas y constatar, atestiguar lo que es capaz de hacer la mística humana en su fe cristalizada en una imagen.

Kid Alto lo vio y lo escribió y aunque no haya leído su reportaje, lo creyó.

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