“La sirena”, colonia nacida en el ejido de El Castillo, a sus 8 años de vida carecía de los servicios básicos

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  • Una mirada de hace 40 años a este asentamiento, constituido en 1974 por y para trabajadores de la CFE cuando se construía la Planta Termoeléctrica.
  • Su escuela primaria “Lázaro Cárdenas”, edificada a base de tesón.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 14 de diciembre de 1981.

Hay, en la entrada por el sur de Mazatlán, un conjunto de viviendas que uno no sabe si llamarlas ejido o colonia: aunque ahí se vive un ambiente campirano porque casi no circulan carros, hay corrales de ordeña, etcétera, a la vez los habitantes están tan ligados al puerto, a Mazatlán que prácticamente es una colonia y como tal, el pandillerismo no está ajeno del lugar y actúa más impunemente por su lejanía.

Tiene sus desventajas para “La Sirena” ser mitad campo y mitad colonia, pero si en sentido figurativo se llama bemoles a las desventajas, si seguimos el mismo lenguaje metafórico musical, diríamos que tiene también sus sostenidos o ventajas.

Capte el lector estas dos cuestiones en la breve historia del origen y la situación de este lugar, que nos brindó el presidente del ejido Genaro Marín López.

Nació “La Sirena”, sin colas ni escamas, en 1974, cuando la Comisión Federal de Electricidad decidió comprar unas tierras para entregárselas a sus trabajadores de la planta termoeléctrica, en construcción, quienes tenían rústicas viviendas a la entrada de la fábrica.

En un principio fueron cuarenta lotes los desmontados y hoy suman más de ochenta.

A casi ocho años de fundada, carece de los servicios más elementales como agua (tienen toma colectiva, pero frecuentemente, como ayer, no funciona), drenaje, teléfono y servicio de transporte urbano.

Parecería que siendo construida la colonia-ejido por la CFE, no tendría problemas para la introducción de la energía eléctrica, más los hubo por la apatía de los mismos colonos-ejidatarios.

Gozan estas gentes, un tanto, la comodidad del campo, pero carecen de los servicios usuales en las colonias populares, aunque tienen de ellas las consecuencias del pandillerismo voraz que no encuentra vigilancia que lo contenga.

“La Sirena” canta en las fábricas y se sacude el olor de las guaneras y lenta pero decididamente deja su paso provinciano para convertirse en una colonia más del puerto, la más alejada del mismo.

LA ESCUELA DE “LA SIRENA”, EDIFICADA A BASE DE TESÓN

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 17 de diciembre de 1981.

Dicen que la distancia es el olvido y en la escuela primaria federal “Lázaro Cárdenas” de la colonia “La Sirena”, se concibe esta razón.

Es así porque, alejada como está de la ciudad, esta colonia-ejido, nacida con la construcción de la planta termoeléctrica, con muchos sacrificios, maestros y colonos, así como las promotoras de la Comisión Federal de Electricidad, han cargado porque la luz del sol oficial se les ha apagado para conseguir la construcción ya de cinco aulas en la escuela, pero son siete los grupos que funcionan.

Son 132 los niños que necesitan de la cooperación económica de los que tengan posibilidades para que se construyan las dos aulas faltantes.

Y están a medio construir, gracias al esfuerzo que desde 1973 hasta la fecha han realizado el inspector Ernesto G. López, la directora del plantel Rafaela Landey y las profesoras Herlinda Huerta, Leticia Velázquez y Carmen Arámburo, quienes hacen su apostolado educativo en la escuela “Lázaro Cárdenas”.

Cautivos de caprichos olvidadizos, manifiestan estos maestros que no ha habido la ayuda correspondiente de las autoridades, sea CAPFCE o cualquier otra sigla y han recurrido a agrupaciones sindicales, cooperativas, de las cuales han recibido a veces humillaciones y burlas de quienes no sienten la necesidad de dar albergue a los despertares educativos de la infancia mexicana.

No han dado marcha atrás y ahora su meta es construir esas dos aulas.

Hace algún tiempo, no muy largo, la Comisión Federal de Electricidad aportó 5 mil pesos, no lo suficiente para resolver el problema, pero sí aprovechable para este grupo que le sacó jugo al dinero y agradecen la aportación a la empresa.

Si hubiera más gente como ésta y tuviera siquiera 50 mil pesos, nada exagerado con esta inflación, los niños de “La Sirena” tendrían su templo de aprendizaje completo.

Sirvan estas líneas para que estos profesores y promotores soliciten —con el deseo de que reciban a nombre de los niños— la cooperación económica para remediar esta situación y el olvido que provoca la razón de la distancia.

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