MANUEL BARRERA, ARTESANO Y RECONSTRUCTOR DE GUITARRAS | MAZATLÁN HACE 40 AÑOS

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Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 11 de diciembre de 1980.

Si aceptáramos que el artista, sea profesional o vocacional, no nace sino que se hace y que en su formación influye tanto su la capacidad creativa como las relaciones sociales y la calidad del equipo o de los instrumentos que utiliza, forzosamente debemos reconocer que los artesanos de la guitarra han colaborado en gran medida en la superación de los músicos, ejecutantes de este instrumento.

En México hay fabricantes de buenas y malas guitarras. No tanto por la calidad del instrumento sino porque todos los habitantes (hombres, mujeres y niños) se dedican a esta labor; Páztcuaro, Michoacán, destaca en nuestro país.

Pero si a alguien deben reconocer los guitarristas mazatlecos es a Manuel Barrera, quien durante 17 años labra, pule y maquea la madera para darle forma y perfección al instrumento. Es ya una tradición en el puerto.

Hasta antes de 1963, Manuel Barrera se dedicaba a la carpintería, la cual combinaba con el trabajo musical, es decir, acompañado de otros músicos, recorría los centros de recreación mazatlecos para darle sabor a la vida bohemia.

Haciendo la misma combinación pero con un cambio en su actividad musical, desde esa fecha, acompañado de su hijo José Manuel, se dedica a construir guitarras. Todos los días llegan a él (por la calle Guillermo Nelson, entre Melchor Ocampo y Genaro Estrada, donde tiene su modesto taller en el interior de una vivienda), músicos o aprendices para que les repare o les construya algún instrumento.

La labor comienza con la selección de la madera. Después se le da la forma al “pescuezo”, se le pone la tapa armónica, se montan las “costillas” sobre la cual se instala el fondo, se filetea, y al agregarle el diapasón parece estar terminado el instrumento, sin embargo, falta lo más laborioso y por ende, lo más esencial: ponerle el puente que alzará a las cuerdas de la caja, para después pulirla y maquearla. Esto último, el acabado, es lo más difícil.

LA CALIDAD DEPENDE DE LA MADERA

El precio de la guitarra depende de su calidad y a su vez ésta lo hace de la madera con que fue construida.

Podrá usted adquirir en el mercado o con vendedores ambulantes unas guitarras perfectamente acabadas, de una hermosa presentación, a precios bajos de quinientos pesos, pero apenas termina de afinarla cuando, o ya se le desprendió el puente o se dobló hasta quedar como cuchara. Es que el instrumento fue hecho de aguacate o de madera más frágil.

Y son muchos los incautos que caen en el engaño porque los ciega el deseo de aprender a tocar el instrumento. También, los aprendices, con la idea de que van a comenzar, se deciden por comprar una guitarra barata, lo cual es un error, y lo más recomendable es, desde el inicio, comprar un instrumento de calidad, asesorado por una persona de experiencia en el ramo.

Un experto, Manuel Barrera, dice que la mejor madera para guitarra es el “palo santo”, también el arce, el maple, el “palo de rosa”, el “ojo de pájaro”, el “palo escrito”, el nogal y el cedro.

Hace mucho, explica Manuel, que no hacemos guitarras de buena clase. Las más finas que hemos hecho últimamente eran de “palo escrito”. Y es que la guitarra más barata la vende entre mil y mil 500 pesos y las de mediana calidad en 2 mil y 2 mil 500 pesos y las “buenas” de 5 mil pesos para arriba, pero hay seguridad de quela inversión será positiva.

APENAS SALE PARA EL GASTO

Parecería que con estos precios, el artesano tiene una situación económica solvente, pero no es así. El taller mismo denuncia lo contrario. Ninguna maquina sofisticada, sólo artesanales cepillos, lija y punzones.

Vaya, los inspectores de Hacienda los han visitado, pero comprueban que realmente no merece ser gravada su actividad y él mismo dice que constructores de guitarras de otros estados se han admirado de su pobreza.

La causa es precisamente que no tiene el equipo técnico moderno y se dedica, más que a fabricar, a reparar guitarras, de donde sale para el gasto diario, más no para superarse técnicamente con la adquisición de maquinaria moderna.

En la construcción de una guitarra, sobre pedido, tarda más de tres meses, pero él asegura que si se dedicara exclusivamente a ello, la haría en ocho días.

La tradición de hacer guitarras en Mazatlán es vieja y casi desconocida. Antes de Manuel, lo hacía Roberto Arballo, quien se retiró de esta actividad. Manuel Barrerra puede retirarse, pero en Mazatlán ya hay otra persona que se dedica a esta labor.

¿Cuánto han colaborado estos artesanos en la formación de los guitarristas? No lo sabemos, pero si han vibrado las cuerdas de nuestra sensibilidad al escuchar el tañido de las guitarras bajo una enramada rodeada de árboles, en las tabernas, en el camión urbano, en las plazuelas, en lujosas salas, en la solitaria habitación, en mucho se debe a ellos.

El cantante uruguayo Alfredo Zitarroza, en su canción “Guitarra negra”, plasma su artística aspiración sentimental hacia ese instrumento:

“Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra… Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía… Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas… Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan… Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos… Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas…”.

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