“El Póscar”, parte del paisaje de Playa Norte durante muchos años. Inolvidable su carcajada de ráfaga

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Foto tomada del Facebook de Enrique Lizárraga, sobrino de Simón, primero de la derecha.
  • Simón Lizárraga Zatarain, El Güero Recodeño, parte del paisaje mazatleco

A Simón le tocó ese gran fenómeno del cambio del México rural al urbano. Desde su natal El Recodo, de donde es la banda de don Cruz, se vino a Mazatlán a buscar el pan de cada día.

Sepa qué oficios haría antes en su vida, pero allá por las décadas de 1970 a 1980 (o desde antes), se le veía ambulantando por las playas de Mazatlán, cargado de souvenirs, ropa de playa y otras curiosidades que vendía a los turistas, en ese entonces provenientes muchos de Estados Unidos y de Canadá.

“¡Póscar, póscar!”, ofrecía a los “gringos”, de forma resuelta y atrevida, las tiras de tarjetas postales con las que aventó a Mazatlán a medio mundo. Y así lo bautizaron los mazatlecos y los recodeños: “El Güero Póscar”, mote que le acomodaba a la perfección, referido a su oficio y a su color de piel, rubia, rojiza por el sol playero.

Vivía con parte de su familia por el rumbo de la ahora colonia Lázaro Cárdenas, por la avenida Alemán, cerca de donde algún tiempo fue el muelle portuario de Mazatlán. Tenía que cruzar la ciudad para ir a vender a Playa Norte.

VENDÍA, CANTABA Y… REÍA A CARCAJADA BATIENTE

La figura del güero recodeño se fue haciendo familiar para los mazatlecos.

Se convirtió en parte del paisaje, de la vida cotidiana, no sólo por su oficio de playero. También cantaba, y bien. Les tomaba el tono a las canciones y se sabía las letras completas, incluso fue un asiduo participante en La Perla, legendario centro turístico playero de Mazatlán, muy popular, que manejaba don Gabriel R. Osuna.

Se corría el rumor de que por dos ocasiones había obtenido buenos premios en la Lotería Nacional, que tal vez no fue tanto dinero, porque seguía con su trabajo, pero sí le alcanzaba para pagar el acompañamiento de un mariachi o de la banda y echarse el palomazo, a sí mismo, en solitario, más siempre con una sonrisa en su cara que cuando menos se esperaba se convertía en una explosiva carcajada.

Su mundo fue la playa, las cantinas y el cine.

El Mazatlán de ese tiempo recuerda con gusto y afecto aquella risa que inundaba las salas de los cines, en especial del Diana. En el silencio y oscuridad de la sala se escuchaba, cuando menos se esperaba y sin razón de por medio, una sonorísima carcajada, contagiosa, estrepitosa que hacía reír a los presentes quienes lo festejaban con gritos de mil colores.

Era una risa mágica, carcajadas de metralla, dos tres ráfagas de estridentes ¡¡¡ja ja ja ja ja!!!

Así era Simón, quien nació en El Recodo el 10 de diciembre de 1952, cumpliría 69 años este viernes, pero no sabemos cuando desapareció del paisaje mazatleco y de la vida.

Entrada armada por Juan Lizárraga Tisnado para Reporte Naranja.

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