En el año 2022 seríamos comida de nosotros mismos, pronostica la película ‘Cuando el destino nos alcance’ (‘Soylent Green’)

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  • Reseña de Juan Lizárraga Tisnado publicada en NOROESTE-Mazatlán el 16 de noviembre de 1981.

—Habla la policía. El “soylent green” se ha terminado. Despejen la calle.

La turba de andrajosos, de hambrientos, de miserables, se enardeció y rompió cristales para apoderarse del escaso alimento, aunque se los impedía la policía antimotín. Era martes, el día en que recibían el alimento gubernamental (especie de galletas, supuestamente hechas con plancton) y pocos habían alcanzado su ración.

Aparecieron los camiones y con gigantescas palas recogían a los hambrientos, sin ningún miramiento; si morían, irían a la planta de desperdicios, como los que fallecían de muerte natural o los que preferían el suicidio, la muerte tranquila en El Hogar. Todos llevaban el mismo destino: la planta de desperdicio.

Es el año 2022, en Manhatan, como pudo haber sido en cualquier ciudad, donde más de 20 millones de desempleados esperaban ansiosos el soylent green, un alimento concentrado, de alta energía, sacado de los mares… “¡No! El soylent green no es plancton. El océano se está muriendo. ¡El soylent green es gente!”.

Se descubrió la verdad. La planta de desperdicios y la fábrica de soylent green eran la misma cosa, por eso estaban estrechamente vigiladas.

Un honrado agente de la policía (Charlton Heston) descubrió la verdad. Su viejo amigo y compañero de trabajo, un “Lector de policía” (no cualquiera sabía leer), al descubrirla, decepcionado de la vida, fue a El Hogar, donde se encontraba una muerte al gusto. Esa casa de la muerte pertenecía al gobierno y surtía a la fábrica de soylent green.

El viejo lector de la policía murió escuchando una pieza clásica ligera, en medio de luces anaranjadas, música clásica ligera y presenciando por 20 minutos películas sobre el vuelo de los pájaros, corrientes de ríos y cascadas, peces en el mar, paisajes y escenas que alcanzó a ver de niño. ¡Cómo había cambiado todo!

Y qué alegría le dio cuando pudo ver un trozo de carne, comer una manzana, oler un jabón que robó su compañero detective en la casa de un magnate, asesinado porque no quiso seguir siendo cómplice del gobierno en la elaboración de soylent green con seres humanos.

¿Qué le pasó al mundo? La atmósfera estaba toda contaminada, los animales y los árboles habían desaparecido y hasta el mar se moría.

¿Por qué el gobierno recurrió al recurso de elaborar alimentos con seres humanos?

La película no contesta específicamente a estas preguntas, pero sí, “Cuando el destino nos alcance” es una seria advertencia hacia lo que nos espera si continuamos viviendo contra la naturaleza y en una sociedad con grupúsculos privilegiados.

Es ficción, es una creación de la imaginación de Harry Harrison, es una fábula, es una película policiaca, pero ¿qué tan lejos estamos de esta fantasía en el tiempo y en el espacio?

El año 2022 no está muy lejos y la explosión demográfica, junto con la contaminación ambiental, es imparable.

Ojalá y que no nos alcance ese destino.

(Cuando el destino nos alcance, “Soylent Green”, 1973. Película estadounidense, dirigida por Richard Fleischer)

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