Arquitectura popular y académica de Sinaloa en la óptica del Arq. Benjamín Villanueva, 1984

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Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 28 de abril de 1984.

Benjamín Villanueva, en su libro “Arquitectura Popular de Sinaloa”, intenta hacer una tipificación de la arquitectura y tras un análisis, la clasifica, de manera muy simplificada, como arquitectura popular y arquitectura académica.

Parte del principio primero de que por reivindicar las construcciones del pueblo, algunos estudiosos la han calificado de vernácula, primitiva, espontánea, anónima, más los términos, aunque pueden ser acertados, son insatisfactorios. Al contrario, la otra arquitectura es denominada elitista, culta o institucional y nos enfrentamos al mismo problema conceptual.

Así, para el estudio de la arquitectura en Sinaloa, escoge los conceptos de “popular” y “académica”, con la flexibilidad suficiente para determinar la influencia que tienen entre sí ambas arquitecturas.

En el caso del Mazatlán antiguo, en algunas casas es difícil establecer cuándo es popular o cuándo académica la arquitectura de una construcción, más existen casos visibles de arquitectura popular y casos visibles de arquitectura académica, las primeras fundamentalmente en colonias populares, entre las clases desposeídas; las segundas, en las zonas residenciales del antiguo Mazatlán, entre lo que fueron los barrios con estilos coloniales, aristocráticos.

No queremos tomar en cuenta este distintivo clasista de la clasificación, sino simplemente señalar dónde se ha cometido un grave daño a la arquitectura.

El autor puso un ejemplo de fotografías que muestran el ritmo, el equilibrio, la forma de las construcciones antiguas, sin duda reflejo de quienes las habitaron, reflejo de su época.

En esas fotografías podía verse este equilibrio y a la vez se observa claramente cómo ha sido roto este ritmo.

Se trataba de una vivienda ubicada entre las calles Guillermo Nelson y Canizales. El desequilibrio está a espaldas de Catedral.

Aunque se conservó la cornisa que adornaba las ventanas, las últimas fueron, primero mutiladas, luego achicadas e hicieron a la alta casa de dos pisos cuando originalmente era de uno.

Una época, la presente, caótica, estrujada, se comprimió en la otra, ordenada y adornada.

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