Dr. Alfredo Lizárraga, hace 40 años: ‘Yo traje al mundo a medio Mazatlán’. Hoy, Día del Médico

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Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 23 de octubre de 1981.

¿Qué obliga al médico a dejar en su casa los problemas hogareños, que como todo ser humano tiene, para ir, a través de la noche y del frío, del día ardientemente asoleado, por los caminos largos y escabrosos, para socorrer a un enfermo desconfiado cuyos familiares exigen lo imposible para que él le brinde el ansiado alivio?

Estos hombres, existen. Muchos profesionales han caído en la maraña del empleo burocrático, otros hay que han hecho de la práctica medicinal un pilar grueso para obtener beneficios económicos y han denigrado el juramento, que al egresar de las universidades hicieron, de ser fieles a Hipócrates, el famoso médico griego. Pero, existen.

La vocación humana de ayudar al prójimo.

Hoy en día hay médicos en abundancia. Las estadísticas señalan que 22 mil profesionales están desocupados.

En cierta manera, el médico ya no representa al ser parecido a Dios, con su maletín en brazos, pero se le sigue teniendo confianza. Sobre todo en el campo, en las zonas agrestes, se le tiene aún al médico en este concepto.

Y en Mazatlán, el médico tuvo su época romántica, cincuenta años hace.

El doctor Alfredo Lizárraga Apodaca vivió esa época y en su consultorio vive ahora los giros bruscos de la vida moderna y los saltos que ha dado la medicina.

Él nació en Cacalotán, del municipio de Rosario, el 19 de noviembre del año 1900, y estudió en la Universidad de Guadalajara. Hace 52 años llegó a Mazatlán, cuando se fundó la Cruz Roja, el Sanatorio Mazatlán, el Hospital Civil.

“Yo traje al mundo a medio Mazatlán”, dice satisfecho el doctor Lizárraga Apodaca, con la satisfacción que da el haber salvado muchas vidas, pues además de partero, fue de los primeros en hacer operaciones de cirugía en el Hospital Civil. En un año hicieron 280 operaciones de alta cirugía.

Cuando la vida del paciente se va, el médico siente que muere un poco, pero le satisface el reconocimiento a su labor, por eso, con mucho orgullo, el doctor nos muestra un diploma del Sindicato de PEMEX, en el que los trabajadores reconocen su trabajo, durante 40 años, como médico oficial de esa empresa.

Y durante 51 años el doctor Lizárraga Apodaca fue médico oficial del Banco Occidental y de Teléfonos de México.

Casi con su misma historia se cuentan en Mazatlán a los doctores José Saldívar, Roberto Morfín Álvarez, Pedro Zamudio, Olavo Corona, Héctor González Guevara, Luis de Alba Luna, Elías Cárdenas Mora, Miguel Guzmán, Froylán Borja, Vicente Guardado, Rita Navarro, Agustín Tortolero, muertos unos y otros vivos, pocos de ellos ejerciendo todavía.

Ellos son sustituidos ahora por numerosos jóvenes profesionistas, quienes hoy celebran el “Día del Médico”.

El doctor Lizárraga y su familia tuvieron como domicilio la casa ubicada en la esquina surponiente del cruce de la calle Belisario Domínguez con Melchor Ocampo, a la cual Oses Cole describió así:

“…una casa que  es diferente a todas las que se construyeron a principios del siglo XX. Uno de los detalles que la hace ser tan diferente es que en los tiempos en que se edificó las casas de Mazatlán no acostumbraban tener terrazas al frente de la propiedad. Esta finca cuenta con una espaciosa terraza cubierta a lo largo de ella. A la puerta principal se accede por una escalinata de piedra que también es el acceso a la terraza, que está rodeada por un barandal de fierro. Aquí se distingue una amplia puerta principal que tiene un elaborado trabajo de tallado, mientras que la parte superior de sus ventanas cuentan con ornamentaciones que semejan escudos heráldicos. A lo largo de los años esta finca ha tenido diferentes ocupantes y uno de los más relevantes fue el Colegio Alemán, que funcionó en ella durante varios años, hasta mediados de la década de 1920. Desde hace tiempo pertenece a la familia Lizárraga. En 1859 la propiedad pertenecía a Rafael Ezquerro y a finales de siglo a Francisco Piña”.

Imágenes de la casa tomadas de Google

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