De Beatles, León Felipe, bambuco yucateco e indigencia | LA MUERTE EN VIDA | Hace 40 años

0
193

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 11 de octubre de 1981.

¡Qué lástima!

Efrén no canta en el tono de la decrepitud moderna, ni da vuelta a la matraca para adherirse a la satrapía institucionalizada, ni vuelve su razón hacia la avaricia y la gula, ni bebe el sudor sangriento de los esclavos del trabajo. Está ajeno al concierto universal. Está muerto en vida.

Y como Efrén, muchos.

¿De dónde viene esta gente solitaria?, ¿de dónde es? “¡Ah! Look at all the lonely people”: “¡Ah! Mira a toda esa gente solitaria”, exclamaban los Beatles en su canción “Eleanor Rigby” y se hacían las mismas preguntas.

Vienen de la vida, o mejor dicho, los sorprendió la muerte en la vida; se quedaron en el trance en que la vida se convierte en muerte y tienen algo de esas dos fases naturales del ser humano.

El poeta español León Felipe se apenaría y diría que son Quijotes derrotados, cargados de amargura, diría que se les alargó el camino de la vida, que la vida se les repitió y se cansaron de

los mismos pueblos
las mismas guerras
los mismos tiranos
las mismas cadenas
los mismos farsantes
los mismos… poetas”.

Todos somos responsables de ellos. Parafraseo los bambucos de la yucateca Lía Baeza Mézquita (“Me lo dijo Dios”, “Espinas y rosas” y “Entran las flores”) para decirles que se enseña al hombre a amar la vida como las flores perfuman, y se ocultan las maldades de la vida como las espinas de las flores. Traspasa el viento, traspasa el sol entre besos tiernos y camina hasta llegar al sendero donde el destino está lleno de espinas lacerantes.

Efrén soñó con el hechizo de la dicha y se olvidó de los dolores. No sabe que para amar es preciso abrazar a las espinas con las flores.

Pocos lo entienden así. Los golpea la vida y caen tendidos, vencidos, en lugar de golpearla ellos; en vez de desafiarla, se acobardan y se refugian en alegrías imbéciles porque no saben de tristezas grandiosas. Hay aquellos que se adjudican el derecho a morir…

Dicha y dolor es la vida, perfume y espina es la flor; el sol ilumina con sus ardores: ¿Qué no habrá una lluvia de fuego que inflame los corazones y que luego salga el sol para que ilumines esas soledades?

¿No?

¡Qué lástima, Efrén!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí