Hace 40 años, los Portales de Canobbio marcaban la diferencia entre el moderno y el antiguo Mazatlán

0
482
Foto: Las viejas calles de Mazatlán. Oses Cole.
  • ¿Qué fue de las pinturas de María Luisa Canobbio de Carrillo, las esculturas que ella trajo de Italia y sus muebles coloniales?

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 9 de septiembre de 1981.

Los intentos gubernamentales y privados para remodelar el antiguo Mazatlán han resultado estériles. La instalación de la terminal de camiones urbanos frente a la Plazuela Machado, frente a los Portales de Canobbio, ha dado al traste con ese sitio histórico.

El parque no brinda más la tranquilidad de hace unos pocos años atrás. Los vagos y las parejas de jóvenes enamorados no permiten la estadía de nadie para descansar de la rutina citadina.

La casa de la familia Canobbio, donde hay ahora un restaurant, con el ruido y el público que llevan y traen, pierde tradición.

Parece que la casona está abandonada, pero dentro palpita la vida y el arte. Cinco generaciones ha visto pasar, cinco generaciones se han parado en los balcones a presenciar las fiestas del pueblo mazatleco.

La casa fue construida en 1830 por Benito Machado con propósitos mercantiles. La primera generación que la habitó se apellidó Osuna, por doña Tomasa, de La Noria, quien falleció en 1879. El inmueble pasó por herencia a su sobrina Lucía Osuna de Tamés y más tarde a su hija, Ramona Tamés, quien se casó con el inmigrante italiano Luis Canobbio, de ahí que sea conocida como “Los portales de Canobbio”.

En la casa nos recibe la pintora María Luisa Canobbio de Carrillo:

“Estos camiones —dice, mientras apunta a unos muebles envueltos en sábanas— todo lo llenan de polvo”, y se oía rugir el motor de los malamente llamados “peseros”.

Brevemente platica la historia de la casa y del parque, tan divulgada ya por los amantes de las cuestiones históricas de la ciudad y pasa luego a platicarnos de su vida, de su vida artística, porque María Luisa pinta desde muy pequeña y lo hace hasta la fecha.

Aquí en México estudió lo formal: primaria, secundaria y preparatoria, además de comercio. Luego en Italia se especializó en pintura.

Ya dejamos la “sala de estar” y pasamos a lo que podría llamarse su centro de trabajo: caballetes por aquí y cuadros diversos por acá y por allá, pinceles, tintas, todo… Platica que al regresar de Italia, entre otras cosas, impartió clases de pintura en el INBA (aparte las exposiciones hechas en el Distrito Federal, dos en Mazatlán hace muchos años); renunció y algunas alumnas la siguieron. Ahora les imparte clases en la casa.

LOS NIÑOS Y LA PINTURA

Los sábados son de niños. Ese día, desde la mañana, los nietos de María Luisa, otros familiares y niños que son de su parentesco, aprenden a hacer trazos. ¿Y cómo aprenden? ¿Y qué aprenden?

La señora Canobbio nos explica cómo el niño se hace responsable con la pintura, cómo aprende a desarrollar el sentido de la observación.

Primero conocen los colores, los básicos y los secundarios, lo que les agudiza la vista; luego, hacen cuadrícula, ejercitan la mano y posteriormente empiezan a copiar. Libertad a la vista y a las manos y a la imaginación para captar la belleza natural y social (ojo, mano, imaginación para hacer burdas las cosas), aprenden los niños cuando se inician en el trazado de rasgos sobre la tela.

A la pintora le encantan estos talleres artísticos. Contestar con el arte de la pintura los insistentes “porqués” de los pequeños aprendices.

Nos muestra la pintura que aún no termina de hacer una de sus nietas, luego una muestra sobre bodegones o sobre “naturaleza muerta” (flores, frutas sobre la mesa, sobre el cántaro, sobre México), que hizo en atención a un pedido.

Y luego habla sobre los gustos diferentes de la condición humana para la pintura, sobre los efectos de la luz, sobre la composición del cuadro y sobre las diferentes sensibilidades que capta el arte del pintor, sensibilidades contradictorias.

Dejamos a los Portales de Canobbio, con sus pinturas de María Luisa, las esculturas que ella trajo de Italia, sus muebles coloniales y salimos para tomar un camión rumbo al Mazatlán moderno.

A pesar del ajetreo de vehículos en la zona, los Portales de Canobbio siguen marcando la diferencia entre el moderno y el antiguo Mazatlán.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí