La colonia ‘Sánchez Celis’, como en un circo: de todo un poco | Así era hace 40 años. Cambió para bien

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Imagen original de Sánchez Celis tomada de Galería de Gobernadores de Sinaloa, del pintor Armando Nava.

Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 30 de agosto de 1981.

Porque, topográficamente, la colonia Sánchez Celis tiene la forma de plato, como el 90 por ciento de sus aproximadamente mil viviendas cuentan durante estas épocas con pisos de agua, lo que no deja comer ni respirar satisfactoriamente a sus moradores, pues padecen infección aguda de las anginas y gripas crónicas.

Las autoridades, al querer arreglar el problema echándole tierra, no sólo no han arreglado nada, sino que han empeorado la situación.

Para que quede más claro lo anterior, vamos a empezar por el principio. Cuando fue gobernador del estado Leopoldo Sánchez Celis (1963-1968), un grupo de personas le solicitó una extensión de terrenos al norte de la ciudad para construir ahí sus viviendas. El gobernante accedió y en agradecimiento, le pusieron su nombre a la colonia.

Sería el año de 1966. Rodolfo Mendoza, “El Fito”, muerto hace poco en un accidente aéreo, fue el primer presidente de la directiva de la colonia. Si bien constantemente se le acusaba de quedarse con las cuotas y lucrar con lotes, fue él quien pobló la colonia y quien más hizo para que se le introdujeran todos los servicios. Estaba bien relacionado, pues.

Primero, llaves de agua colectivas. Luego energía eléctrica, tubería domiciliaria de agua potable y drenaje, no terminado porque no fue conectado al cárcamo ni con algunas casas.

Aquí empezó todo. Cansados de las inundaciones y porque no funcionó el drenaje, la solución más inmediata fue rellenar las calles con tierra, con balastre. Lo hizo “Fito”.

El primer relleno funcionó. El nivel quedó parejo al de las alcantarillas del fallido drenaje.

Lo malo estuvo en que después, todos los directores de Obras Públicas Municipales quisieron arreglar las inundaciones rellenando y lo único que se ha tenido es el resultado que se menciona al inicio de esta nota: la Sánchez Celis es un plato.

“El Fito” murió y la directiva, al mando de Gilberto López Ramírez (miembro de la Asociación Cívica de Colonias que dirige Federico Velarde Mellado), tiene ahora un cariz completamente político. Lo del kínder convertido en cantina es sólo un botón sobre su manera de trabajar.

Se formó un comité de obras que se entusiasmó en un principio cuando en la presente administración las autoridades municipales le prometieron todo. Puros cuentos, incluso su integración se debió a una maniobra de la JAPAM: hicieron el comité de obras para, a través de él, agilizar las obras por medidor, introducción de agua y mil pagos más que muchos tuvieron que hacer sin esperarlo.

Miguel Bastidas, presidente de este comité y José Antonio Martínez, ex miembro el mismo, dicen que hay desaliento. Les dijeron: hagan estudios, levanten censos y pavimentamos. Nada.

De pronto, como lo habían hecho en otras administraciones municipales, Obras Públicas se soltó rellenando las calles y es el caso del nivel de las mismas está mucho más alto que el de las alcantarillas y las casas quedan hundidas completamente más de 30 centímetros.

El error ha consistido en que han querido arreglar el problema echándole tierra, cuando la solución es quitársela, es decir, raspar las calles, pero dándole un nivel tal que las aguas puedan correr hacia el arroyo los Jabalines, única salida que tienen las aguas, porque hacia el norte no es posible debido a que se rellenó.

Se avisó de este problema, sin embargo, más órdenes venían de arriba y las consecuencias de vivir en un plato se resienten ahora, en estos mismos momentos

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