Viaje marítimo a través del simulador de navegación de la Escuela Náutica, hace 40 años

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Los instructores Guillermo Cañedo Tostado, Eduardo Macedo y Luis Ángel Caligaris, explican el funcionamiento del navegador y de los modernos radares.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 8 de mayo de 1981.

En el cuarto de máquinas se oyó un fuerte ruido de escape de vapor y hierros golpeándose entre sí. El barco empezó a moverse sobre el agua y a paso lento, cada vez más rápido y con seguridad, se retiró de la costa. La consola del puente de mando y la consola del cuarto de control de máquinas, con su casi total automatización, garantizaban el correcto funcionamiento de los motores y una operación más confiable: Cualquier falla, de cualquier tipo, puede ser detectada en cualquier instante y reparada de inmediato.

La seguridad era absoluta. El radar anticolisión permitirá en las azules aguas del Canal de la Mancha, detectar cualquier objeto, fuera fijo o movible, una vez programado para ello. Si es movible, el radar proporcionará inmediatamente la velocidad a que se desliza, la distancia en que se encuentra y si hay peligro de chocar contra él hará sonar una alarma para evitarlo. La seguridad era absoluta.

¡No ha pasado nada!

¿Qué iba a pasar? Nada. No sólo porque las máquinas electrónicas lo garantizaban, sino porque lo anterior se experimenta en la Escuela Náutica de Mazatlán, cuando nos muestran los simuladores de radar y el simulador de máquinas de un barco, moderno equipo éste con el que cuentan las tres escuelas navales de este tipo en nuestro país (otras son de Veracruz y Tampico) y México es el único país de Latinoamérica donde se instruye sobre el manejo de estos aparatos electrónicos, hasta hace poco futuro de la navegación, y ahora más presente que futuro. México, insólito, se adelanta a muchos países en materia de navegación. Está en el aire dando este salto cuantitativo en el arte de surcar los mares con los mínimos riesgos de accidentes.

Guillermo Cañedo Tostado, instructor del simulacro de máquinas, explicaba la operación del equipo de control remoto para una máquina diesel de propulsión. Este equipo para la enseñanza en el manejo de los nuevos barcos consta, además del simulador de máquinas, de dos consolas reales, auténticas, para el puente de manejo y para el cuarto de control. No hay palancas, no hay herramientas toscas para echar a andar a las simuladas máquinas y para tripularlas, todo se resume en botones, mágicos botones manejadores de tal sofistiquería.

Una vez parado el barco, es decir, una vez que nos mostraron el simulador de máquinas, pasamos a otra sala, donde los instructores Eduardo Macedo y Luis Ángel  Caligaris explicaron con palabras precisas, como conocedores que son, el manejo de los radares.

El sistema de detección de estos radares funciona como funcionaría en cualquier barco, sólo que los puntos de detección son simulados con grabaciones reproductoras en la pantalla.

La magia del radar viene a sustituir a las miradas aguileñas y a las mentes calculadoras de los marineros para detectar y saber a qué distancia se encuentran los puntos (rocas, muelles, otros barcos) para evitar una colisión con ellos. Lo que por sí solo hace el hombre en decenas de minutos —lo que ha resultado catastrófico en algunos casos—, lo hace el radar electrónico en fracciones de segundos y con más precisión.

SALTO HACIA EL FUTURO

Muchos oficiales han tomado los cursos, que tienen una duración de ochenta semanas. Tienen que hacerlo, porque a partir de 1982, las embarcaciones con peso superior a las 10 mil toneladas deberán ser tripuladas por capitanes que hayan llevado el curso, que conozcan este nuevo sistema.

En la actualidad, sin necesidad de que hayan tomado este curso, son oficiales de escuelas navales los responsables de los barcos con peso de más de mil toneladas y los patrones de barcos, de costa, sólo pueden hacerlo en barcos de ese tonelaje para abajo.

Se hace necesaria la especialización.

Y en México, aunque el curso es costoso, hay oportunidad para hacerlo, pues, repetimos, es el único país de Latinoamérica donde se imparte con equipo electrónico adecuado. Tres países en el mundo fabrican estos instrumentos electrónicos: Estados Unidos, Italia y Noruega. Los de México fueron comprados al último país y son —comprobado— los mejores, los más modernos.

La superioridad electrónica se siente al presenciar los radares.

(Unas transparencias grandes enfrente de las consolas, con imágenes del mar, lo hacen a uno sentir que realmente navega, más por el fresco del aire acondicionado, que debe estar por debajo de los 18 grados, porque si no es así las computadoras “se vuelven locas”. Son finas).

En verdad, son muy ilustrativos estos viajes marítimos a través de la electrónica.

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