Teodoro, el torero, hermano de El Mamucas, alternó con grandes del ruedo. Fue doble de Cantinflas

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  • Entrevista a “El Tigre de Sinaloa”, hace 40 años.

Por Juan Lizárraga T.NOROESTE-Mazatlán, 21 de julio de 1981.

Nada. Nacer en la completa miseria, partir el pan entre más de quince, gozar las mieles de la gloria, no es nada, cuando se torna, cuando se vuelve cargado de experiencia al primer estado.

No dominar el mundo del alfabeto más que para leer nuestros nombres en lujosos carteles al lado de figuras destacadas, y después ver los mismos nombres en los mismos carteles carcomidos por el tiempo, roídos por las lluvias, no es nada, y no somos nadie si la vida es así.

Y que conste, no es sólo la miseria económica de la que se trata, sino de todo tipo de carencias, incluso la ausencia de recuerdos fuera de nuestra cabeza.

Quizá la única riqueza que tiene Teodoro Arce Gordillo, “El Tigre de Sinaloa”, son los recuerdos en su mente, recuerdos de torero.

¡Qué días aquellos cuando dejaba la escuela por las aventuras antojables a los niños de 10 años! Los chivos de la ordeña de los Urquijo, situada en lo que hoy es el Hospital Civil, arremetían con furiosos balidos a las improvisadas capas de los precoces toreros y los trabajadores de lo que fuera el rastro levantaban cosos taurinos para divertirse con las revolcadas que los becerros daban a los muchachos.

Son los años 1939, 1940. Los niños eran Nicolás Hernández, Gilberto Azcona, José Ramón Tirado y Teodoro, quienes después de sus faenas en la ordeña y en el rastro, se iban los domingos al Lienzo Charro, situado a espaldas del panteón municipal, en las inmediaciones de lo que es la Escuela Náutica.

Ahí, en el Lienzo Charro, Arce Gordillo, hermano del popular “Mamucas”, conoció el primer billete de mil pesos y lidió su primer toro. Enrique Pérez Arce, candidato a gobernador del Estado, le otorgó esa prebenda, porque el novel torero le brindó al animal, el cual, por cierto, le puso su buena revolcada.

VIDA AVENTURERA, LA DEL TORERO

Estamos bajo la sombra de un tamarindo en el interior de una vivienda situada en la loma donde se cruzan las calles Peñuelas y Luis Zúñiga. Un grupo de señores, maduros de edad, se la “curan”, Arce Gordillo también. El entrevistado saca un cartón donde guardaba fotos, recortes de periódicos, todo inútil por las lluvias. Plática y plática.

Él y otros acompañantes se fueron a México en el tren, en busca de la fortuna. Bueno, iban a México porque como viajaban de “trampa”, al descubrirlos los garroteros los bajaron a puntapiés en Nayarit, pero alcanzaron a llegar a Guadalajara.

Ahí empezó todo. Algunos triunfaron, como José Ramón Tirado, que viajó a Europa toreando y otros se retiraron. Teodoro Arce siguió.

Progresó en los ruedos, se codeó con las grandes figuras, alcanzó fama internacional, fue sacado en hombros de muchas plazas y visitó, grave, muchos hospitales para que le atendieran las cornadas cuyas cicatrices, imborrables, surcan su cuerpo.

Grave por una arremetida, decidió hacerse empresario de la corrida de toros, sastre después, vistió a destacadísimos toreros y luego fue doble y extra de películas. Su gran parecido con Cantinflas hacía que el propio Mario Moreno se riera cuando lo suplía en las casi veinte películas, por su parecido con él y por su comicidad en la toreada.

Participó en las películas filmadas en Mazatlán: “Perla Negra”, donde salió como matón y “Los reyes del sol”.

En la última película le pidieron que contratara a 500 “muertos” y hubo de perderse más de un millón de pesos porque uno de los “muertos” en la filmación estaba fumando, por lo que se echó a la basura gran parte de trabajo.

Torero, sastre, actor, hoy, el conocido en los ruedos como “El Tigre Mazatleco”, vive de la pesca en Playa Norte.

Tuvo fama, dinero, mujeres.

¿Y ahora?

Nada. Sólo recuerdo.

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