Aquel paseo del Grupo Pargos por Isla de la Piedra, hace 40 años

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  • Hacer felices a minusválidos y ancianos, un gran apostolado. Invaluable labor de cuatro trabajadoras sociales de la UAS.

Por Juan Lizárraga T.NOROESTE-Mazatlán, 23 de junio de 1981.

Cuatro alumnas de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Sinaloa clausuraron ayer su labor social práctica en el interior del Asilo de Ancianos con un paseo comida a las playas de Isla de la Piedra.

Fue un gran evento social, no sólo porque hicieron la plausible labor humana de iluminar con la alegría el gris característico de la senectud, de la ancianidad, sino porque los invitados de honor fueron los hermanos Peraza Velázquez, cuatro niños que fueron atacados desde su nacimiento por un raro virus que les produjo una parálisis casi total. Farita Rentería, otra pequeñita atacada por parálisis en sus piernas, y Rosa Elvira Hernández, de 13 años, también impedida a caminar, acompañados todos de sus familiares.

María del Rosario Rodríguez, Manuela Cuichik Castillo, Rosenda Aguilar y Rosario Ortiz, las trabajadoras sociales, junto con la madre Josefina y las demás religiosas del Asilo de Ancianos clausuraron de la siguiente manera sus prácticas:

En un camión facilitado gratuitamente por la Alianza, agasajaron a los mencionados con la frescura de las playas de Isla de la Piedra, las sabrosas lisas ahumadas, cocos frescos, plátanos, naranjas, refrescos, cervezas, melones. Según lo permitían sus músculos, todos bailotearon con la música que en el interior de una sombreada ramada desprendía un aparato.

NO HAY DINERO, NO HAY OPERACIÓN

El local estaba abarrotado. En una orilla, sentadas alrededor de la mesa, estaban Rosa Elvira Hernández y su madre María Luisa, quienes por primera vez visitaban ese lugar, quizá el único atractivo que ha visto en su vida. La pobreza no les ha permitido estos “lujos” que ahora tienen gracias a las trabajadoras sociales.

Rosa Elvira es una adolescente que a los tres meses de nacida fue víctima de una fiebre que le paralizó su cuadril, su tobillo y sus rodillas. Un médico especialista diagnosticó que existe la posibilidad de recuperar el movimiento de sus extremidades posteriores mediante una operación, pero ésta no se ha realizado por la carencia de recursos económicos y la falta de ayuda.

María Luisa, la madre, no ha tenido ni el tiempo ni el dinero suficiente para educar a sus hijos, que han sido doce en total. Unos crecieron, más continúan en la pobreza y las tres niñas que continúan con ella no han tenido acceso a la escuela. Así, el cerebro lúcido de Rosa Elvira se ha desaprovechado lastimosamente. La labor doméstica no permite otra cosa.

En un intento por darle el alivio a su hija, María Luisa ha acudido a solicitar la ayuda de las instituciones de salud y sociales, más no la ha encontrado.

La ahora jovencita ha vivido durante sus trece años en el encierro y sólo de vez en vez realiza paseos dominicales. La pobreza, otra vez la pobreza, no le ha permitido siquiera adquirir unas muletas o una silla de ruedas para contactarse con el mundo. Sus brazos se han tensado al cargar su cuerpo prácticamente arrastrándose por el suelo.

Pero ayer fue feliz.

FELIZ CUMPLEAÑOS

Más adelante se sentó la familia Peraza Velázquez. Numerosa familia que a pesar de la locura y la injusticia de la naturaleza, que dejó con parálisis total a cuatro niños, se ha sabido sobreponer y hace frente a la sociedad con pasión.

(Ya había ambiente en el lugar. Doña Enedina, viejecilla alocada, empezaba a presumir que es familiar de Rafael Tirado Canizales y otros le hacían mofa; doña Dominga viuda de García también presumía que nunca dio un golpe a sus hijos, con su ejemplo los educó siempre).

Juan José Peraza, quien hoy precisamente cumple 10 años, es uno de los afectados por el virus maligno, que en cambio, perdonó a su hermana gemela, María Luisa; Dinora, de 12 años; José Ángel, de 16 y Sésimo, de 14, padecen también los paralizantes efectos.

Pedro, de 8 años, Mayra de 5 e Ismael, de 20 años, también estuvieron presentes, más no Carlos Javier, quien hubo de quedarse a trabajar y el padre, Juan José. Es una familia de nueve hijos.

Al enterarse de su padecimiento, damas benévolas les regalaron cuatro sillas de rueda nuevas y en ellas (a bordo del camión, claro) fueron por primera vez a la Isla de la Piedra.

A pesar de su padecimiento, estos niños, con la ayuda decidida de su madre, se han integrado a la sociedad, y así, como Farita Rentería, han sacado premios en concursos de dibujo, además de saber leer y escribir y hacen otras actividades.

Felicidades a Juan José y a María Alicia en su décimo cumpleaños.

ALEGRE ABUNDANCIA DEL “BOTEO”

¿Cómo se trasladaron en masa a Isla de la Piedra y cómo compraron las trabajadoras sociales las frutas, las bebidas, la comida y los antojitos?

No fue gracias al desprendimiento de dependencia alguna. Cuando hacen gestiones siempre se estrellan contra el burocratismo y es poco lo que consiguen.

Para el traslado siempre habían obtenido prestado un camión de la Escuela de Ciencias del Mar, el cual ayer estuvo descompuesto, por eso ahora consiguieron, por fortuna, también prestado, un vehículo de la Alianza de Camiones Urbanos.

Lo demás es producto de las campañas de “boteo” que realizan las propias trabajadoras sociales en la ciudad. “Es el pueblo el que costea todo”, dicen estas estudiantes, a quienes lo mismo se les encuentra laborando en el interior de la cárcel que en los hospitales, en las escuelas y en todo sitio donde se necesite calor humano.

Por eso da gusto escribir sobre estos asuntos y no con la lástima que de ordinario produce la desdicha de quienes viven el oscurantismo del ocaso de la vida o de los jóvenes y los niños que no pueden vivir a plenitud, por las travesuras de la creación.

La clausura de las prácticas de las cuatro trabajadoras sociales en el asilo, como toda su labor, fue de lo más humanamente social.

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