El vidrio o el momento en que “se endureció el aire”

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  • Historia del único material sólido transparente.
  • Distintivo por excelencia de urbanismo y avance.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 4 de mayo de 1981.

Anacleto deambulaba sin quehacer por las calles de la ciudad. Había dejado su rancho. Sin familia, perdida la cosecha, sin un trabajo fijo que le permitiera subsistir en su humilde jacal, la mejor alternativa era hacer lo mismo que su compadre: emigrar a la ciudad en busca del progreso.

¡Y cuántas cosas bonitas veía en la calle! Los trinos de los pájaros, el verdor del pasto, la excelsitud de los árboles frondosos, el sol abrasador del campo le traían recuerdos tristes, le aburrían. En la ciudad, los sofisticados aparatos, los variados juguetes, las elegantes oficinas, los alimentos, le abrían la imaginación hacia un mundo nuevo.

Las decepciones llegaron pronto. Su ignorancia fue arremetida, chocó con la indiferencia de los ciudadanos y contra otra cosa chocaron su cuerpo y su cabeza. Quiso entrar en una oficina, ver de cerca la elegancia y se enduró el aire; quiso tomar unos juguetes y su cabeza se estrelló contra el vidrio que los guardaba en el aparador. Había que aplicarle la ley.

¡Se enduró el aire! Es que en su rancho, recóndito lugar, desconocían al vidrio y por tanto que fue descubierto hace muchos años. Cuenta una leyenda que fueron los fenicios quienes lo hicieron casualmente. Estos famosos navegantes. Un grupo de ellos, desembarcaron en una playa del Mediterráneo Oriente y quisieron preparar sus alimentos con pedazos de nitro (nitrato de sodio); al calentarse y mezclarse con la arena quemada, se formaron partículas brillantes. Era el vidrio.

Al ver al vidrio elaborado en su forma más fina (en cristales) dan ganas de darnos de golpe contra él porque es muy difícil responder por qué es transparente. Quizá esté el “truco” en la elaboración, la cual no podemos explicar porque se utiliza una química-física complejísima, aunque sí se puede decir que se elabora con un compuesto de arena o sílice y de álcalis. Todos los ingredientes se muelen y después se pasan a altas temperaturas (entre 1,200 y 1,600 grados) y es esto lo que le da cohesión, dureza y transparencia. En los hornos duran las toneladas de mezcla hasta 100 horas. Después se disminuye la temperatura hasta que queda una consistencia pastosa con la que se puede trabajar, modelar el vidrio. El vidrio hueco se modela con un sistema llamado de soplado, el cual ha sido sustituido por modernas máquinas que en Estados Unidos llegan a producir en 24 horas 750 mil globos de vidrio (tubos) para lámparas.

El procedimiento es diferente de acuerdo con el tipo de vidrio que se quiera fabricar, pues hay cientos de variaciones, tanto en su forma como en su contenido.

Hay vidrios de una consistencia que al hacerse prueba con uno de ellos se le disparó con un rifle 458, para cacería africana, capaz de derribar a un elefante, y el efecto del disparo apenas logró estrellar la superficie frontal el cristal.

EN LAS CASAS DE CARTÓN

El vidrio se utiliza en todo lugar y para todo. Sirve de guardián perenne en los aparadores, protege del viento en los vehículos, así como de proyectiles diversos; se hacen con él mil cosas: ceniceros, lentes, envases, aditamentos.

Los novelistas de ciencia ficción pintan a las ciudades del futuro como elaboradas todas de cristal. Por algo ha de ser, sobre todo si se toma en cuenta que el cristal tiene una duración larguísima, si se fabrica resistente y no requiere mantenimiento, además de que el material con que se fabrica es abundante.

Vidrio y cemento son las mezclas que en el futuro remoto serán los pilares del urbanismo y en gran medida lo son en la actualidad. Lo anterior aunque, como Anacleto, desconozcamos por qué es transparente.

Cuando se llegue ese día, estamos seguros, la letra de la canción de los Guaraguao, “casas de cartón”, dirá en una estrofa “qué alegre, vive mi gente, en las casas de cristal”.

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