Alcohólicos Anónimos se fundó el 10 de junio de 1935 en EEUU. Una reunión de AA en Mazatlán

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  • Se cumplen hoy 86 años de lucha por reivindicar a los caídos en el alcoholismo, una enfermedad incurable.
  • Escrito de Juan Lizárraga publicado en NOROESTE-Mazatlán el 11 de junio de 1981, actualizado para Reporte Naranja.

El alcoholismo es una enfermedad incurable, progresiva y mortal.

Al bebedor social le parece sin sentido esa frase y a quien se encuentra hundido sin encontrar el bálsamo que lo salve de la turbulencia psíquica, social y física en que lo ha sumido el consumo descontrolado de alcohol, le produce un resignado “me vale”.

Si los psiquiatras, si la medicina, si la voluntad individual de los afectados, ni nada ha podido curar esta enfermedad, la cual junto con el cáncer y la diabetes, es una de las tres incurables, debe destacarse ahora que ayer cumplió 46 años (86 en la actualidad) de fundado Alcohólicos Anónimos, la única organización que con psicoterapia colectiva ha logrado atenuar milagrosamente este mal, que de remedio

“El alcohol me dejó sin familia y sin hogar”, una reunión de hace 40 años:

—Buenas tardes. Me llamo Adolfo y soy alcohólico.

—Qué tal, Adolfo. ¿Cómo estás, Fito? —le respondió un coro de voces desprendidas de aproximadamente veinte gargantas por muchos años embrutecidas por el alcohol y que ahora buscan, y lo logran de rápida manera, su purificación.

Estamos en una reunión del Grupo Mazatlán de Alcohólicos Anónimos. Parecía una reunión cualquiera, más se conmemoraba ayer el 46 aniversario de que Bob S. y Bill W. formaron esta comunidad. Las fotografías de los pioneros pendían de la pared a un lado de la tribuna.

Adolfo, quien tiene tres años seis meses sin ingerir un trago de licor después de su ingreso a la comunidad, platica su ingrata experiencia. Hablaba tranquilo, con la tranquilidad que le da el haber recuperado a su familia, a su trabajo y la aceptación de la sociedad.

Recuerda su llegada a Alcohólicos Anónimos, descalzo, sin familia, sin casa. Así lo había dejado el alcohol.

Le dijeron que el primer paso para recuperarse era el reconocer su enfermedad. Hacerlo conlleva un 50 por ciento de recuperación. Luego, que hiciera un inventario de lo sucedido.

¿Cuándo se convirtió de bebedor social en bebedor problema? No sabe, porque el puente que existe entre ambos es imaginario. Ofendía a todos, particularmente a sus seres queridos, a la familia; era ingobernable. El alcohol lo convirtió en un títere.

Su garganta era “estándar”. No saboreaba al licor, lo tomaba por el efecto que le producía, como droga, para resolver sus problemas.

Y Alcohólicos Anónimos ha sido su salvación. No prueba un trago, porque si lo hace caerá de nuevo en el vicio, porque el alcoholismo es una enfermedad incurable.

Todos los días se promete no probar el licor en 24 horas y atiende los cinco puntos de recuperación del alcohólico:

  1. Acepta que es alcohólico.
  2. Analiza su personalidad, y hace un inventario y hace borrón y cuenta nueva.
  3. Hace reajuste de relaciones interpersonales.
  4. Cree en un poder superior, y
  5. Trabaja con otros enfermos

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