Walamo, ayer centro azucarero, hoy zona agrícola y pesquera. Una mirada de hace 40 años

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Foto: internet.

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 13 de junio de 1981.

El Walamo, pueblo con sabor netamente tropical, de gentes morenas, amulatadas, dedicadas a la pesca y a la agricultura, alumbradas ambas por abrasador sol, fue en un tiempo base de una importante industria: el ingenio azucarero “Pie de cochi”.

Ubicado en la margen oriente del río Presidio, cerca de la desembocadura, El Walamo es producto de la búsqueda que siempre han hecho los hombres para su subsistencia, de sitios donde haya agua. Una vez en su etapa de sedentarización, el ser humano ha intentado siempre crear medios superiores de producción y así ocurrió a lo largo del río Presidio: se creó el ingenio de El Roble y la Fábrica de Hilados en Villa Unión.

Estamos en el siglo de la industria, pero por una ley propia, ésta tiende a concentrarse en determinados sitios, de ahí que hayan desaparecido las mencionadas antes.

Era El Walamo, antes de 1900, un asentamiento pequeño, de casas hechas con techo de palma. Fue hasta después de la Revolución, al instalarse el ingenio azucarero, cuando empezó a crecer.

Agustín Clouthier, un industrial de Jalisco, era originalmente su propietario, nos cuenta José López Rivera, tres veces tesorero y secretario general del sindicato al momento de desaparecer “Pie de Cochi”.

Don José llegó ahí a la edad de 14 años, acompañando a su padre, quien vino de Catarina, Jalisco, a trabajar en el ingenio porque era amigo del administrador Manuel Corona.

En el ingenio se procesaba la caña sembrada en la región y se trabajaba durante 24 horas en tres turnos. Daba ocupación a 300 obreros, aparte de la mano de obra empleada en la siembra, el corte y el acarreo de la caña.

Su propietario murió y el ingenio fue mal administrado por Armando Corona, hijo de Manuel, pues derrochaba las ganancias y sembraba en sitios donde no se producía la caña.

El sindicato dio facilidades para que la empresa no desapareciera. Propuso deshacerse de algunas prestaciones, sin embargo, en 1960, cerró sus puertas.

De rudimentarias chozas, El Walamo se convirtió en un pueblo de más de dos mil almas que tuvieron que buscar el sustento en la agricultura y en la pesca al cerrar el ingenio, pero se estancó, si bien lograron sobrevivir, porque tierras hay y marismas también.

Los walamenses (perdónese el apresurado patronímico) o al menos los fundadores del pueblo y los de la fábrica, deben tenerle mucho amor a los árboles, por los nombres “walamo” y “pie de cochi”, se los pusieron debido a que árboles así llamados abundaban en el lugar.

Ahora es muy raro ver a uno de estos árboles. Desaparecieron como el ingenio, del cual sólo queda una torre, la de la alta chimenea y no hay señales que indiquen que ésta volverá a humear pronto, como todos ellos —los habitantes de El Walamo— lo quisieran.

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