ALBERT KIMSEY OWEN y su sueño de establecer un sistema socialista de vida en Topolobampo

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Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 29 de mayo de 1984.

A menudo confundido con su antecesor, el inglés Roberto Owen, o con el poeta contemporáneo de El Rosario, Gilberto Owen, Alberto Kimsey Owen es desconocido para buena parte de los sinaloenses.

Desde su fecha de nacimiento hay confusión. Amado González Dávila la ubica el 29 de mayo de 1847 y Mario Gill en el mismo año y mismo mes, pero el día 20. La confianza se inclina por la última fecha.

“Nuestro” Owen nació en Chester, Delaware Country, Pensilvannia. Mario Gill lo describe como un personaje interesante: “En su aspecto exterior había algo de poeta y de conquistador del oeste. Era de espíritu inquieto, versátil, fruto de ese periodo contradictorio de la segunda mitad del siglo XIX”.

En 1872, Kimsey Owen llegó a Mazatlán para entrevistarse con el cónsul de su país, Benjamín Carman. Traía consigo el sueño de establecer un sistema socialista de vida en Topolobampo. Quería reorganizar la sociedad suprimiendo la propiedad privada de la tierra y de los medios de producción, terminar con el dinero usando crédito de trabajo, construir viviendas colectivas y perpetuas, escuelas, hospitales, universidades, fábricas, todo, construido por los colonos y para los colonos (extranjeros, norteamericanos la mayoría).

Su plan fue bien acogido y puesto en marcha por los entusiastas colonos, más vivían en una penuria y la amenaza de la viruela y del paludismo provocó inconformidades entre los mismos colonos asentados en Topolobampo.

La situación hizo crisis y Owen fue calificado de estafador. El grupo se dividió. En 1893, la división llegó al grado de la violencia.

Benjamín Francis Johnston se aprovechó de esta división, adquirió los terrenos de Los Mochis y consolidó los derechos sobre el agua y un importante canal y lo realizó de tal manera que hizo ver a los colonos que legalmente no poseían nada.

Los colonos regresaron a su país. El sueño había terminado.

Francis Johnston marcó una nueva era para el desarrollo de la región, más la grandeza que obtendría El Fuerte en mucho se debe a la visión de Kimsey Owen, “quien a pesar del vuelo quimérico que envolvió su pensamiento pudo percibir la realidad que se encerraba en el porvenir, aunque lo utópico de sus planes le impidió llegar a verla”.

(Obras consultadas: “La conquista del Valle de El Fuerte”, de Mario Gill y “Sinaloa, un bosquejo de su historia”, de Antonio Nakayama, ambas de la Colección Rescate, UAS, 1996).

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