Los boticarios de Mazatlán, desplazados por los científicos. Una mirada de hace 40 años

0
329

Por Juan Lizárraga T. NOROESTE-Mazatlán, 18 de mayo de 1981.

Los descubrimientos químicos han desaparecido a un tipo de profesionales que han sido el alma de los barrios, de los pueblos y de las ciudades: los boticarios, los encargados de las farmacias, aliviadores de los males de la población con los medicamentos que preparaban con saludable arte. Los que hace pocos años eran boticarios, son ahora meros repetidores, distribuidores de las medicinas elaboradas por los gigantescos laboratorios.

Son pocos los auténticos boticarios, no sólo porque ejercen sin título, sino porque elaboraban en sus negocios las medicinas. Ahora basta que el dueño, sin necesidad de revisar las recetas médicas, tenga un título de Químico-biólogo farmacéutico, para que se le permita instalar una farmacia y ponerla a funcionar a través de guapas empleadas que entregan al enfermo las medicinas de patente. Crecen las fuentes de trabajo (la población también), pero se termina la labor del boticario.

NADA CON LOS PSICOTRÓPICOS

Fausto Rentería, por ejemplo, aprendió algo de medicina en el Hospital Civil de esta ciudad (en 1934) y en 1935 obtuvo su primer permiso para ejercer la farmacéutica sin título en la misma institución la cual le era surtida por el Ayuntamiento que presidía Enrique Pérez Arce (José Vicente Laveaga, otra fuente).

Luego puso una farmacia en La Noria. Se fue a Sonora y también instaló un negocio del mismo tipo. Volvió a Mazatlán y la falta de local, problemas diversos, propiciaron que pusiera seis farmacias (cerraba una y abría otras, no tenía en posesión a las seis en conjunto), y actualmente se le encuentra en una farmacia que tiene por la calle Zaragoza, que lleva el nombre de la calle.

Manifestó que el manejo de la farmacia es una profesión, no un negocio y que por lo tanto, se ejerce, aunque no se tenga título. Las ganancias son relativas.

Como negocio, la farmacia camina a la par con la sociedad y sus ramas productivas: si no hay turismo, bajan las ventas; si hubo bajas producciones, los trabajadores no compran medicinas.

La convivencia con los enfermos, los necesitados de salud, es cotidiana, más hay problemas con las autoridades sanitarias por la venta de los psicotrópicos.

Don Fausto dijo que para evitar problemas con las autoridades y para no dañar a la juventud (pues son jóvenes en su mayoría los adictos a las drogas) ha dejado de vender psicotrópicos. Entre paréntesis dijo que los despachadores de farmacia saben bien quién realmente necesita las medicinas “prohibidas” y quién no.

EL MORTERO YA FUE SUSTITUIDO

Don Gerónimo Mercado es quizá el farmacéutico más antiguo que aún vive en Mazatlán, pues inició sus contactos con esa profesión desde pequeño, al trabajar como mozo en la farmacia Moderna, luego como surtidor de recetas y después empezó a aplicar inyecciones.

Cuando se decidió a poner su negocio, ya tenía bastante conocimiento y adquirió mucho más en las farmacopeas (libros de recetas de las sustancias medicinales que más comúnmente se usan).

En el interior de la farmacia “La Nacional” tiene lo que fue su “laboratorio” para surtir recetas; recién había terminado de hacer una, pero nos explicó que ya es inconveniente porque lo que se gana haciéndolas en seis horas, puede ganarse con el producto de las ventas de medicina de patente.

La balanza y las probetas, el mortero también y sus sales, están sólo como adorno de su pequeño laboratorio hecho con una base de mármol.

Los médicos ya no extienden recetas más que para medicinas de patente. Ya no necesitan, los médicos, de los boticarios, de los farmacéuticos, pero sí de las farmacias y de los grandes laboratorios.

En las boticas hay de todo, pero el boticario era el núcleo de ella y de la población donde se instalaba. Cuando algo estaba o quedaba adecuadamente, se decía el proverbio: “Como pedrada en ojo de boticario”.

Ahora, su comunicación humana, el consejo preciso para aliviar la enfermedad, es sustituida por la fría compra-venta de las medicinas de patente elaboradas por los laboratorios y recetadas por profesionales de la medicina, cómplices en muchas cosas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí