EL PODER DE LAS INSTITUCIONES | Blanca Nieves Palacios Barreda

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Conocedores los mexicanos de que, ante cualquier problema que afectara a la sociedad en sexenios anteriores, a partir de 1990, la solución que se daba era, crear una comisión, un organismo o una institución autónomos; el primer favorecido con esta categoría sería el Banco de México, en 1993; posteriormente se crea el Instituto Federal Electoral (IFE, hoy INE 1996), seguido de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH 1999).

Le seguirían los organismos autónomos: el Sistema Nacional de Información y Estadística y Geográfica (INEGI); Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE); Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT); Instituto Nacional de Evaluación de la Educación (INEE); Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL); Instituto Nacional de Transparencia Acceso a la Comunicación y Datos Personales (INAI); Fiscalía General de la República (FGR); Tribunal Agrario; Tribunal de Justicia Administrativa y las diversas Universidades autónomas de los Estados.

La palabra griega, autonomía, significa etimológicamente que: “es la potestad de darse leyes a sí mismo, así como darse sus propias normas”; en función de tales atribuciones, hacen lo que ellos mismos deciden y se dan los salarios que igualmente deciden recibir, de ahí los grandes fraudes cometidos por funcionarios sin escrúpulos en perjuicio de toda una Nación y los exorbitantes sueldos que perciben.

La vox populi, ha dicho: “ya no se dio solución a este problema, ya crearon su comisión para acomodar gente” y en ese acomodar gente se crearon muchos organismos, que la gran mayoría de los mexicanos desconoce, pero que contribuye con su pago de impuesto a su sostenimiento; lo mismo ocurre con los Partidos políticos, cada vez son más y todos, mediante el erario público, reciben miles de millones de pesos, sin dar cuenta a la Secretaria de Hacienda y Crédito Público, menos a los ciudadanos.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) exclamó, en un arranque de inconformidad por la forma de actuar de algunas instituciones, iniciando con el Instituto Nacional Electoral (INE, antes IFE): “al diablo con las instituciones”, millones de mexicanos le aplaudieron, porque en más de una ocasión han sido afectados, ofendidos y burlados por los funcionarios de esas instituciones.

El presidente de México AMLO, ha anunciado que se harán 2 reformas, la Administrativa y la Electoral; esta noticia no ha sido bien recibida por parte de todos aquellos funcionarios de las diversas instituciones con las que contamos, pues perderán su “autonomía” y consecuentemente su elegante forma de vivir; surgen las descalificaciones al señor presidente.

Pero, la mayoría de los mexicanos, seguidores de AMLO, aprueba, sin conocer aún el contenido de las mismas; sería una buena medida, el hacer propuestas por parte de los ciudadanos a fin de que se contemplen en esas Reformas, por ejemplo, en la Administrativa, cancelar la duplicidad de funciones de algunos organismos, creando uno solo; entregar la responsabilidad de dirigir esas Instituciones a personas honestas y comprometidas con la 4ta Transformación y, castigar a los responsables de los fraudes que se han cometido y han quedado en la impunidad y, negárseles el derecho de participar en otro organismo oficial.

En lo que a la Reforma electoral se refiere, toda vez que es un honor ser consejero del INE, reducir el salario que devengan consejero y el mismo consejero presidente; igualmente reducir la enorme cantidad que se destina al sostenimiento de ésta Institución, que trae cargando un enorme desprestigio; el exagerado número de diputados, diputadas y Senadores igualmente debe ser reducido, lo mismo que los elevadísimos salarios y prestaciones de las que han gozado por décadas, y por supuesto, las diputaciones plurinominales deben desaparecer, pues son regalos que se da a personas, cuyos perfiles e historia, los descalifica para un puesto tan importante como ser, Representante del pueblo en el Poder Legislativo.

Una verdadera Reforma Electoral urge a los mexicanos, pues son demasiados los Partidos políticos que han tomado a estos como su forma de vivir bien y con lujos; para hablar de Democracia no se necesitan 10 ni 12 organismos de esta naturaleza y en caso de existir, que se anulen las prerrogativas y sean sostenidos económicamente por sus militantes y afiliados.

Prohibir las “alianzas” de los Partidos es una apremiante necesidad, pues es una perversión política, y una manera de seguirse manteniendo en ese espectro político llamado, elecciones y por supuesto seguir disfrutando de millones de pesos que les otorga, sin saberlo la ciudadanía.

Si hubiera una verdadera conciencia de un cambio en nuestro país, quienes aspiran u ocupan un cargo de dirección en esta multiplicidad de organismo, deberían pagar y no cobrar por su trabajo; ser pues un mexicano con un cargo honorífico, que participa honestamente en la conducción de este país.

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