INVASIÓN DE NEGROS A DURANGO Y CHIHUAHUA | Ramón Antonio Larrañaga Torróntegui

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Imagen ilustrativa tomada de internet.


El proyecto de colonización afroamericana inicia en Tlahualilo, en 1895 y fue promovido por el obispo Henry M. Turner de la Iglesia Metodista Episcopal Africana quien, en sus prédicas, azuzaba a la colonización de los afroamericanos estadounidenses a que se vinieran a México a vivir en la zona de Chihuahua y Durango, esto se da precisamente cuando los negros son liberados, en diciembre de 1894, William H. Ellis.

Un agente contratista afroamericano estableció contacto y trató con la Agricultural, Industrial and Colonization of Tlahualilo Company Limited, de Durango, para el envío de varios convoyes con remesas de familias de afroamericanas para trabajar en los campos de algodón de la Tlahualilo Company.

Hechos todos los arreglos previos, en febrero de 1895, 100 familias viajaban de Alabama y Georgia a Tlahualilo con las promesas de $20 dólares, implementos agrícolas, casa y comida, así como $6 dólares por familia, en los primeros tres meses. El compromiso de los negros era sembrar sesenta acres de tierra; 40 de algodón, 15 de maíz y 5 como hortaliza. La compañía se quedaría con el 40% del algodón, los afroamericanos con el 50 y Ellis con el 10.

Algo similar sucedería con el maíz, aunque la hortaliza sería en su totalidad sería para los colonos. El contrato tendría una duración de 5 años. 817 fueron los colonos; hombres, mujeres y niños afroamericanos, que llegaron a un lugar cerca de Mapimí, alejado de la vía del ferrocarril y de toda civilización. Al llegar a su nuevo hogar se encontraron con que nevaba y las pocas pequeñas casas de adobe no tenían puertas y muchas, tampoco techo.

Entre los hambrientos y cansados colonos, pronto se declaró la epidemia de viruela, mientras eran asaltados por los bandidos y soldados mexicanos y oprimidos por las guardias blancas de la Tlahualilo Company. Dos colonos escaparon y lograron llegar a Chihuahua, en donde se pusieron en contacto con las autoridades consulares estadounidenses.

Se inició una investigación que involucró a los gobiernos mexicano y estadounidense y finalmente para septiembre y octubre de 1895, los últimos colonos del fallido proyecto retornaban a su tierra en el Ferrocarril Internacional Mexicano. Esta terrible historia ha sido mayormente documentada y narrada por los investigadores afroamericanos estadounidenses.

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