Llegó a Sinaloa para quedarse | Francisco Peregrina, escritor destacado que nació con el siglo

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  • Francisco Peregrina Campero nació en Villa de Álvarez, Colima el 23 de febrero de 1898; murió en Mazatlán el 15 de junio de 1990.

Por Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 16 de abril de 1984.

Francisco Peregrina al centro, flanqueado por José Guadalupe Quevedo y Fernando Zepeda, dirigentes de Periodistas del Sur de Sinaloa (junio de 1984).

Dos introducciones presenta la novela “En el sur de Sinaloa”, de Francisco Peregrina, hechas por él mismo. ¿Por qué? Porque desde ahí se manifiesta su vida. Lo dice en las mismas presentaciones. Su vida no se ha guiado por la línea recta, sino por la curva, por eso, cualquier artículo o cuento o novela lo adorna con recovecos y “tripas de perro literario” para que el lector se meta en su mundo, no curvo, sino quebradizo.

Esta novela, “En el sur de Sinaloa”, obtuvo el primer lugar en el concurso realizado en México por el periódico El Nacional. “Esta novela, desde que su armazón era apenas nebulosa que vagaba por mi cerebro, ya estaba dedicada a Mazatlán, el hijo luminoso que el Océano Pacífico tuvo en su amado Sinaloa”.

Por su acendrado cariño a Mazatlán, por esta dedicatoria de su novela, en la que se desenvuelven personajes locales, Osunas, Lizárragas, Tirados, López, Zatarains, y por su labor como escritor, es que entrevistamos en su hogar mazatleco a Francisco Peregrina, a quien los periodistas del sur de Sinaloa pretenden homenajear el próximo 7 de junio.

Conoce tanto sobre la historia de Sinaloa, sobre el quehacer literario en la localidad, que uno piensa por sus obras que nos inundará de información, sin embargo, como construía casas, empezando por el techo y subía a los árboles por las ramas, su ancianidad lo ha vuelto desmemoriado y tiene que tomar sus apuntes curriculares para que le fluyan los recuerdos.

Nació en Colima, en Villa de Álvarez, un miércoles de ceniza, 23 de febrero de 1898, casi con el siglo. A los cuatro años se vino a Mazatlán, en un segundo viaje que hacía su familia, de la cual era cabeza Diego Peregrina Velázquez.

Vino a bordo del barco “Luella”, perteneciente al Ferrocarril del Pacífico, que era de carga pero aceptaba pasaje. Un documento sobre el hundimiento de este barco lo tiene inédito esperando su publicación. Él y familia viajaban en tercera, sobre cubierta, en el pachorrudo tren.

Estudio hasta cuarto año de primaria en la escuela Ignacio Zaragoza No. 5, de la cual era director su padre. No era un alumno distinguido en las cuestiones cerebrales, pero cuenta que obtuvo puros dieces en pelar cocos con los dientes, trepar por quebradas y bajar por los resbaladeros de cuanto cerro se le atravesaba, transitar por playas y marismas sin sombrero ni dinero, canaletear en canoas por los esteros y brincar entre los mangles para cortarles ostiones. En esta vida vaga, plena de libertad y alegría, hubo fuertes desgracias. La primera fue la muerte de su hermana Concha víctima de la peste bubónica en 1902.

DESDEÑADO POR LA MUERTE

Francisco Peregrina siente que algo o alguien ha intercedido por él ante la muerte, pues la ha visto cerca en varias ocasiones, la primera, quizá cuando la peste bubónica. Cuando era todavía niño, una disentería le sacó el alma de los intestinos y le dejó en la puerta del panteón, casi muerto. Se le “julló” a la muerte.

Otra vez, un general que venía al frente de una brigada revolucionaria de Durango, conocida por los sinaloenses como “La Escoba”, porque barría con todo, le puso el pistolón en el estómago, más no funcionó el gatillo.

Y tuvo la muerte otras oportunidades, como con aquella hemorragia de úlcera gástrica. Lo más que consiguió fue dejarlo ciego por un rato.

UNA HUELGA. Peregrina no estuvo siempre en Mazatlán. Dedicado a la fotografía aventurera, visitó Mexicali, Monterrey, Salina Cruz, México, Tijuana y Chihuahua.

Aquí en Mazatlán trabajó en una hojalatería con una paga de tres pesos a la semana. Los aprendices movían los cigüeñales y él trabaja la lámina.

Llegó a la empresa un pariente del maistro y aunque no conocía su trabajo, le pagaban cinco pesos semanales. Dijo a los otros trabajadores que ya no iba a trabajar y los aprendices le hicieron segunda. Y enseguida se le unieron los hojalateros.

GOBERNADOR POR UN DÍA

Sus inquietudes políticas se fueron desarrollando. Fue fundador del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Estado, aunque pasa desapercibido.

Peregrina ocupó el cargo de jefe de Acción Social y oficial mayor del gobierno de Rodolfo T. Loaiza. Cuando el mandatario murió en un carnaval mazatleco, su secretario Teodoro Cruz se encontraba en la ciudad de México y él tuvo que hacerse cargo, por un día, de la gubernatura del Estado.

De su quebradiza vida, sólo en el aspecto político siguió la línea recta del partido oficial. Era callista y fue miembro del Partido Nacional Revolucionario, luego del Partido de la Revolución Mexicana y posteriormente, hasta la fecha, del Partido Revolucionario Institucional.

Pudo ser diputado federal, pero no se lo permitieron sus bolsillos vacíos. No tenía para hacer la campaña. Entonces le propuso al doctor López Sarzini un plan: que se lanzara como candidato propietario y él, Peregrina, como suplente, pero que al triunfar el doctor renunciara y Peregrina entraría como propietario. El doctor estuvo de acuerdo porque aquí en Mazatlán era el número uno para sacar dinero de su profesión y le dejaba más que la diputación. “Gana usted, se viene y yo entro”, era toda la trama, pero en México, al doctor, le entró el gusto por el billar y ya no regresó. Así, Peregrina fue diputado suplente.

EL ESCRITOR

Francisco Peregrina tiene una vasta obra literaria desconocida para la totalidad de los sinaloenses.

Muchos de sus artículos se publicaron en El Correo de la Tarde. Escribía con el pseudónimo de Alejandro Osuna y Franco. Descubierta su verdadera identidad, nunca más usó pseudónimo.

Su primera obra fue el cuento infantil “El Perro y el Coyote”. Escribió “La Sagrada Familia”, la cual se reeditará ahora con el nombre “La Familia”; por “En el sur de Sinaloa” recibió un premio de 45 mil pesos. Otras de sus obras, “De la Escuela de Juárez”, “La Nostalgia de las Rejas”, editó el semanario “El Tacuachi y el Camaleón”, de crítica variada y colaboró en varias revistas y periódicos: “Escaparate”, “Presagio” y muchas más.

Con ochenta y seis años de edad (abril de 1984), padre de un hijo, abuelo de cinco nietos y tatarabuelo de siete bisnietos, Francisco Peregrina vive de los recuerdos pasados, muy pasados, porque un tratamiento médico que se le sigue lo hace olvidadizo del pasado inmediato. “Estoy amoladísimo de la cabeza, se me olvida hasta para donde voy y de donde vengo”, dice.

Es, Francisco Peregrina, uno de los tantos peregrinos que han llegado a Sinaloa para quedarse y entregarse con su creatividad. Ojalá y un día le sea reconocida su obra por los sinaloenses, aunque solo fuera por los más estudiosos.

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