Lleva casi 40 años haciendo ladrillos y… es una mujer con ceguera total (una historia de 1982)

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  • A sus 58 años de edad, no se da por vencida.

Por Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 14 de abril de 1982.

Es en gran medida estimulante, en estos tiempos de grandes desalientos y temores por la tensión que priva en el mundo, conocer vidas tesoneras y sacrificadas, como la de Emilia Valencia Palacios, avecindada en El Castillo, cerca de Mazatlán.

¿Conoce el lector a una mujer, de 58 años de edad, que construya ladrillos con sus propias manos? Ésa es ella, más no es su sexo ni su edad lo interesante: carece de la vista desde hace 52 años. Ninguna luz entra por sus ojos.

Nació, Emilia, en La Embocada, Concordia, hace 58 años. Se encontraba un día, cuando tenía seis años de edad, comiendo caña. La dulce fruta estaba ya pelada y ella, recargada en el tronco de un guamúchil, la hacía pedacitos con un largo y picudo cuchillo. Esta arma, peligrosísima para una niña de esta edad, ensartó su punta en la caña, ella lo jaló hacia afuera con fuerza, pero se le zafó en el tiempo que desprendía su punta de la caña, instintivamente se hizo hacia atrás, pero su cabeza rebotó contra el tronco del guamúchil y en su vuelta hacia el frente, la punta del cuchillo le entró en el ojo izquierdo, abajito de la ceja.

No se le vació el ojo, pero se le infectó la herida y pronto lo perdió por completo.

Tenía 16 años cuando se vino a residir en El Castillo, donde vivió con su marido Ramón Osuna Camacho, con quien procreó cinco hijos, dos de los cuales murieron y tres viven aún.

Nunca se atendió la herida y la infección cundió hacia el ojo derecho. Alguien le dijo que se lo curara y se atendió con un médico, pero tal parece que ya era tarde. La ceguera es ahora completa.

Dos de sus hijas se casaron. Otro vive aún con ella y algunos de sus nietos.

Su esposo murió, y qué muerte. El cáncer le atacó por la boca, se le extendió por la cara y la garganta, quitándole la voz hasta que murió tras siete meses de agonía y de visitar hospitales de aquí y de allá.

Su esposo le dejó de herencia una humilde vivienda en El Castillo y un pedazo de tierra donde él hacía ladrillos, actividad que ella aprendió y todavía realiza.

Son casi cuarenta años los que tiene doña Emilia haciendo ladrillos, casi cuarenta de sus 58 años. La verdad que no aparenta esta edad. Físicamente aparenta menos, sus dientes están completos, para envidia de muchos jóvenes y niños cariosos por los refrescos y los dulces elaborados con saborizantes artificiales.

Ayer en la tarde fue a hacer ladrillos. El lugar está entre El Castillo y la vía del tren, por el camino hacia la marisma. Ahí estaba con su nieto inseparable en un hoyo de donde saca la tierra. Ahí mismo están dos montones, uno de aserrín y el otro de estiércol de vaca y cascarilla de arroz, con el que prepara la mezcla lodosa que precede al ladrillo.

Con un pico (güingo), tanteando la distancia primero con los pies, saca la tierra del paredón, luego con la pala hace la mezcla y guiada por su nieto, a quien le gusta mucho hacer ladrillos, baja a una especie de arroyo donde se estanca un poco de agua, para acarrearla en baldes.

La última noticia que se tuvo de Emilia, fue en 2007, en una campaña de regularización del estado civil. Este año 2021 cumpliría 97 años de edad.

Enfrente están los ladrillos secos y su hijo le ayudará a quemarlos para venderlos posteriormente a un cliente permanente que tiene.

Entre palazo y palazo, y a veces paralizando su labor, platica su vida, tal cual la escribimos aquí y en su quehacer, vestida con ropas humildes, “de trabajo”, con un sombrero con el ala a punto de desprenderse, se nos aparece como un ejemplo de estoicismo y de valentía hacia los golpes de la vida, que no han sido nada débiles para ella.

Es ejemplar, no sólo como mujer, sino como ser humano.

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