El “surfing”, un reto a Neptuno | Niños y jóvenes se deslizan audazmente sobre las olas

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Buenas olas brindó el huracán Liza a los surfers mazatlecos en octubre de 1976.

Por Juan Lizárraga T.NOROESTE-Mazatlán, 9 de abril de 1981.

Imágenes de un ejemplar de Sinaloa Opina facilitado por Luciano Romero

El “surfing” se ha convertido en uno de los deportes más comunes de Mazatlán. Quizá sus pioneros tengan razones para enojarse y para alegrarse por ello, porque aun con aptitudes físicas como están para seguir practicándolo, se encuentran con que esos lugares para hacerlo están saturados y porque siempre, aunque no sea más que una imitación, ser los primeros es motivo de satisfacción.

Allá por el año 1966, un grupo de jóvenes un poco intrépidos, un poco audaces, un poco aventureros, y con muchas energías (ah, y con tiempo libre) para retar a la naturaleza y al mundo, se reunieron en “Lupe’s Place” —como se conoció a la enramada ubicada donde ahora está El Valentino— para observar las olas de las Playas del Camarón.

Luciano Romero, pionero entre los pioneros de la surfeada en Mazatlán.

Entre estos jóvenes estaban Alejandro López, Gilberto de la Vega, Arnulfo Ayón, Javier Saavedra y poco a poco se unieron otros, como Luciano Romero, quien nos proporcionó estos datos (Luciano anda aún en esos menesteres, aunque son mejores sus desprendimientos de adrenalina cuando se avienta de un papalote gigantesco desde el cerro del faro o del de Urías).

Hacia la derecha del cerro donde se ubicaba la enramada salían —siempre han salido— olas magníficas, “de izquierda” por la dirección en que reventaban y los muchachos se ponían al tú por tú con los norteamericanos, sólo que ellos con su “chalán”, una tabla gigantesca como de 12 pies y aquellos con bonitas y pequeñas tablas de 5 a 6 pies que podían fácilmente dirigir con… los pies.

EPIDEMIA DE SURFERS, AZORO DE AMERICANOS

Los americanos que nos venían a presumir de ser muy buenos surfers, en el pecado llevaron la penitencia: todos los mazatlecos querían aprender y no había más tablas que las de los mismos americanos. Ese fue su pecado: presumir sus habilidades y traer las tablas, porque los mazatlecos, ya en cantidades exageradas, querían también surfear y cómo iban a conseguir los instrumentos si no era despegándolos de las camionetas de los “gringos” para correr con ellos.

Claro, no todos se hacían de su tabla de esta manera. En su mayoría, los primeros que practicaron esta actividad eran de clase media, tirándole a la alta y podían comprarlo, traerlo de Estados Unidos y los “cremas”, como algunos los calificaban, no iban a manchar su reputación… robando.

(Perdónese que se utilicen las palabras extranjeras surfing, surf, surfers, en vez de deslizarse, deslizador y deslizadores, es que estas últimas no nos parecen las más adecuadas para nombrar a este ejercicio sobre el mar).

UN DEPORTE PERSEGUIDO Y NEGOCIABLE PARA LA POLICÍA

Fue el robo de tablas de surfear una mala contaminación del desarrollo del surfing en Mazatlán, pero mucho más grave fue la influencia que tuvo del hipismo por los años del 68, 70. Los surfers se “ajiparon” con todo lo que ello implicaba: drogadicción, desentendimiento de todo, delincuencia.

La onda hippy, causadora de más estragos entre los jóvenes que las ondas marinas emanadas de terremotos, atrajo la atención de la policía que frecuentemente incursionaba en los lugares donde se surfeaba (ya no era sólo El Camarón) y detenía a los muchachos por viciosos, por ladrones o porque cometían toda clase de delitos.

Nunca falta en la policía aquel agente o aquel jefe, como el del caso que se va a tratar, que utilice todo para fines personales. Hay algo mal, actúan y hacen como que arreglan las cosas, más todo queda igual y sólo ellos salen beneficiados.

Así pasó aquí. El ambiente estaba maleado, había robos, drogadicción, delincuencia; el jefe policiaco empezó a detener jóvenes, a incursionar en sus centros, ahora de operaciones, y recogía por parejo las tablas porque supuestamente eran robadas, y era cierto, pero no todas. Luego, estas tablas se vendían y se formaba el círculo vicioso del negocio redondo: decomiso-reventa, reventa-decomiso. Si no había factura, si no había manera de demostrar la propiedad, cómo pues iba a terminar esto. Los cambios políticos quitaron de su puesto al jefe policiaco y la tempestad de los surfers se acabó.

EL SURFING, SALUDABLE DEPORTE PARA TRIUNFADORES

Ya está la tabla encerada, se requiere el cebo para evitar resbalones; la cuerda atada al pie y a la quilla, especie de aleta de fibra de vidrio (necesarísimo porque una ola salvaje puede arrebatar la tabla).

Lentamente, acostado sobre el artefacto, se va al encuentro de las olas hasta que se llega a un sitio intermedio de ella: antes de reventar y después de que se ha formado. Sentado es la espera.

Se viene el “set”, ¡viene una ola buena! Hay que buscarle el lado. A nadar fuerte hasta alcanzar a insertarse en la velocidad de la ola. ¡Ya está! Subir y bajar las paredes de agua, correr sobre ellas hacia un lado y hacia otro y hacer varios ejercicios más. Ahí está el detalle del deporte. Así se paga la larga espera en el rayo del sol, así se paga el susto que produce ver las montañas de agua a las espaldas antes de que se revienten las olas, así se justifica la pérdida de tiempo durante una mañana o un día entero. Ahí está el placer.

Y de esos placeres disfrutan ahora muchos jóvenes. En Mazatlán se puede surfear en El Camarón (a uno y otro lado del cerro), en Los Pinos, en Los Cerritos, en Isla de la Piedra y en Olas Altas, lugares varios pero ya insuficientes. Muchas olas se desperdician, Playa Norte, por ejemplo y más de alguno ha pensado en hacer alguna “cancha artificial” de surfing, se puede.

Este fin de semana, el Club Sur de Mazatlán, A.C., que de hecho revive a otro fundado en 1968, realizó un concurso en el cual se demostró que el surfing es uno más de los deportes comunes y bellos de Mazatlán.

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