Ayer (9 de abril de 1982) fue Viernes de la Soledad en Concordia. Por segundo año consecutivo dejó de representarse la Pasión de Cristo

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Foto ilustrativa, de Ramón Garzón, Facebook, 15 de abril de 2017.

Por Juan Lizárraga Tisnado, 10 de abril de 1982

Literalmente, ayer fue el viernes de la soledad en Concordia. ¿Dónde estaba su gente? ¿Qué se hizo aquella reafirmación de la fe cristiana que acarreaba a miles de católicos a la que fuera la Villa de San Sebastián, el viernes de la Semana Santa, para representar la Pasión de Cristo?

Desapareció y vale la pena contarse, porque el próximo año habrá resurrección de esta tradición católica concordense.

Se desconoce la fecha exacta en que se inició este acto religioso, pero se sabe que en 1942 se suspendió porque el párroco de la Iglesia, José María Ochoa, murió y los que siguieron a cargo del templo no fueron estables.

En 1944 llegó el párroco Zendejas, quien desconocía los antecedentes de esta tradición, y cuando le propusieron reanudarla, lo aceptó. Se compraron los trajes de fariseos, ensayaron, llegó el Jueves Santo y… dijo que siempre no.

Llega en 1945 el padre Ignacio Hernández y simplemente dijo no, sin ninguna explicación.

En 1973 se reinició por fin. Rodolfo Rosales, actual párroco, vio como auxiliar, que existía la inquietud religiosa en el pueblo y cuando lo fueron a ver los promotores de esta representación, principalmente Everardo Cañedo, les dijo que pidieran autorización al finado obispo Miguel García Franco y éste se las concedió gustoso.

Manos a la obra. El propio Everardo Cañedo habló con los fariseos que aún vivían, entre ellos Sebastián Brito, “El Cuita” (vive aún), y formaron el equipo: se buscó al flautista de Matatán llamado Matilde, también el ropaje adecuado, todo, y otra vez.

Así pasaron seis años ininterrumpidos y hace dos se suspendió sin explicación.

Este año, Roberto Páez se comunicó desde Mazatlán para preguntar si no se había dejado crecer la barba en vano para representar, como antes, a Jesucristo.

Avelina Sánchez estaba por desempacar su traje de fariseo, y nada.

Amanecía los viernes santos en Concordia, con las calles principales bien regadas y llenas de banderitas. Todo el día era de fiesta, y miles de personas, extranjeras incluso, llegaban al festival religioso.

Este viernes fue como cualquiera. Si acaso, los católicos de Concordia acudieron a la iglesia para observar el viacrucis con los santos en los cuadros.

¡Tanto que les gustaba ver el sufrimiento de Jesús “en vivo”; ver a los ahora difuntos Manuel Ornelas, que se venía exclusivamente para ello desde Mexicali; a Antonio y Dámaso Rodríguez, a Zoila Díaz y a otros que aún viven, vistosamente vestidos de fariseos, como les gustaba.

El entusiasmo no ha muerto. Everardo, quien por pura fe cristiana, sin pedir ninguna remuneración a cambio, ha financiado el costo en trajes y otros gastos pequeños, para preservar la tradición. El pueblo sigue con su fervor cristiano.

El pueblo de Concordia reanudará esta tradición; por ahora, el nuevo obispo de la Diócesis, Rafael Barraza, no lo permite.

Y este Viernes de la Soledad, ¿dónde estaban todos los hombres de Concordia, que parecía pueblo muerto?

(Estaban en las cantinas).

Publicado en NOROESTE-Mazatlán el 10 de abril de 1982.

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