EL GUAYABO: Todavía huele a caña | No hay casa sin árbol frutal; la vida, alegre. Una mirada hace 37 años

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Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 23 de marzo de 1984.

Se siente. La tranquilidad del poblado tiene la ricura de la caña. Aquí hubo una vez un ingenio. El campo estaba industrializado. Funcionaría luego el ingenio de El Roble, el de El Walamo y la fábrica de hilados de Villa Unión.

Ruinas atestiguan lo anterior. Ahí se ven, en El Guayabo. José María, Chema Tirado las ha querido guardar, dejarlas a la destructividad del tiempo, porque son recuerdos.

Chema, con la amabilidad característica de nuestros campesinos, nos platicó la historia del ingenio azucarero de El Guayabo, bajo el techo de lo que se conoce como La Hacienda, donde vivieron los dueños de la industria.

El Guayabo está en la margen oriental del río Presidio, hacia el norte de El Roble. Llegamos en un día soleado. La cercanía del lugar con el río, que ha arrimado varios sustos a los pobladores, permite una copiosa vegetación, sobre todo guayabas perfumadas y vegetación exuberante: plátanos.

Chema tiene setenta y cinco años. Aparenta poco más de la mitad. La vida debe ser prolongada en El Guayabo, pues ahí vimos unos ancianos caminando, dándole vueltas al siglo de años. La memoria de nuestro entrevistado es prodigiosa. Las preguntas eran espontáneas y respondía como si por mucho tiempo hubiera practicado en memorizarlas.

Recuerda que los primeros pobladores de El Guayabo, llamado así por la abundancia e guayabales, se llamaron José Sagú, Guillermo Ortiz, Socorro Burgueño, entre otros.

El ingenio azucarero empezó a funcionar a principios del siglo. Chema llegó de El Bajío en 1923. Trabajó de todo, mayormente de capataz, en El Guayabo primero y en El Roble después.

En el molino se fabricaban marquetas de azúcar. Era panochero, para usar el término común en el lugar, con el que se denomina al piloncillo.

La industria pertenecía a Carlos Tirado, quien murió en 1924, y pasó a administrarlo Alfonso Tirado, hombre de gran carisma quien peleaba la gubernatura del Estado. Ganó la muerte por ello. Fue asesinado.

AQUÍ TRABAJÓ EL GITANO

Si dejamos que surjan las especulaciones, Alfonso Tirado fue muerto por gente afín a Rodolfo T. Loaiza, también asesinado en el carnaval de 1944, por Rodolfo Valdez, El Gitano, amigo íntimo de Alfonso Tirado. Esto es especulación. La verdad es que El Gitano asesinó a Loaiza sin que hasta la fecha se conozca el motivo del crimen.

Chema, relajado por el aire fresco que corre en la altísima acera de la hacienda, banqueta anticrecientes del río, habla con propiedad de El Guayabo. Trabajamos juntos aquí, levantando cañas.

Trabajaron juntos, dice, y les pagaban a 15 centavos la tonelada. Entonces un peso con veinticinco centavos alcanzaba para enamorar a una mujer, dice sonriente Chema, quien tuvo más de dos esposas, con hijos en varias partes.

Era una fuente de trabajo para 150 hombres, tanto en los aparatos, que fueron traídos de Nueva Orleans. En 1935 o 1936, estos trabajadores se sindicalizaron.

El producto, la azúcar, se entregaba a lo que hasta fecha se le conoce como UNPASA.

Muerto Poncho Tirado, el ingenio pasó a manos de José Gómez Luna y heredó la industria a sus hijos Luis, José y Alfonso.

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