LA PRIMAVERA Y BENITO JUÁREZ, divagación de Juan Lizárraga

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Imagen: Foto de Juárez de internet, Gobierno de México; al fondo, Zona Arqueológica Las Labradas. Sinaloa, México

Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 21 de marzo de 1981.

Mazatlán, cual rey perezoso, se ha levantado en los dos días anteriores (somnolientos amaneceres a las diez de la mañana) con una corona de brisa que conforme transcurre el día, queriendo ocultar la vida rutinaria postcarnavalera y opacar sus malos olores, esconde las tristezas y las alegrías de sus habitantes, invade su cuerpo y los impregna de un ambiente agradable.

Pero es marzo y no hay aves, la verde vegetación se esconde tímidamente y no quiere aún aparecer. ¿Dónde está la primavera? Ya nace, ya está aquí. El movimiento de la tierra alrededor del sol es indetenible y el momento supremo del inicio de la primavera (el equinoccio) se verifica desde ayer y durante 93 días (hasta el 21 de junio). El hemisferio en que habitamos empezará a entrar en calor.

Desde hoy, las noches se empiezan a acortar y a alargarse los días y la vegetación empezará a cubrirse de prendas verdes y sobre ella brotarán hermosas flores, el cielo y los campos se llenarán de aves y todos los seres de la naturaleza se verán contentos.

Es la primavera, la estación sinónimo de lo hermoso. “Está en la primavera de su vida”, se dice de la juventud, por eso, para México es doblemente significativo el 21 de marzo de 1806, porque nació una primavera más y porque nació el Benemérito de las Américas, don Benito Juárez García.

La vida del indio de Guelatao no fue primaveral, que digamos, pero sí su obra. Vivió siempre lleno de privaciones en su infancia y en su madurez. La austeridad y la sobriedad le caracterizaron hasta su muerte.

Vivió Juárez y luchó hasta el último instante de su vida, por la humanidad (para qué ubicarlo en una etapa política de México), porque, lo dijo José Martí, luchar por la patria es luchar por la humanidad.

México inició el proceso de su vida independiente con el Grito de Dolores en 1810, pero adquiriría madurez como nación y comenzaba a vivir con plenitud el 15 de julio de 1867, fecha del triunfo definitivo de la República sobre el imperio y sobre los invasores franceses.

El Ejército de Oriente desfilaría después triunfante frente a Palacio Nacional, y Juárez solemnizó su entrada en el manifiesto que contenía su célebre frase:

“Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos; entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Sin embargo, México no está en la primavera de su historia, porque la historia, como el movimiento de la tierra, gira alrededor de ella misma, pero los cambios son más complejos y los periodos en que lo hace no se pueden cuantificar en el tiempo mecánicamente como las estaciones del año.

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