Una expedición integrada por siete familias fundó en 1756 “Las Peñitas”, hoy Siqueros, el Día de San José

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Situado hacia el lado oriente del río Presidio, Siqueros fue fundado el 19 de marzo de 1756; sus fundadores habían salido siete años antes de La Guadiana, hoy Durango.

La expedición, que salió en 1749 de La Guadiana, estaba compuesta por siete familias. De su travesía se sabe que llegaron a San Juan de Jacobo en marzo de 1751. Camino río abajo, llegaron a El Carmen (hoy Tepuxta) y a Cantarrana de los Resquicios (hoy El Recodo).

El jefe de la expedición se llamaba Pedro Siqueiros Núñez. Él salió de San Juan de Jacobo junto con dos misioneros y las siete familias.

Se estableció cerca de un lugar del actual Siqueros, en un sitio llamado La Embocada, junto a un arroyo, el 24 de octubre de 1752.

Además del jefe expedicionario, cuyo apellido le fue puesto al pueblo, integraban la expedición su esposa Juana Ruiz, don Francisco Siqueiros Núñez y su esposa Soledad Mondragón con dos hijos, su hermana política Mercedes Mondragón de Jiménez, Antonio Ruiz y tres hijos, don Alberto Zaragoza Avellana y su esposa Luz Osuna con tres hijos, y los dos misioneros apellidados Núñez.

La Embocada era un estero formado por la desembocadura del arroyo y el antiguo cruce del río, el cual estaba atiborrado de caimanes. Cuatro años permanecieron en la Embocada y debido a que no encontraron minerales, razón que los llevó a establecerse ahí, fundaron entonces el pueblo de Siqueiros el 19 de marzo de 1756, originalmente con el nombre de “La Peñitas”.

DE SIQUEIROS A SIQUEROS

Por una corrupción fónica, el apellido Siqueiros de los fundadores del poblado se transformó en Siqueros. Se afirma que los fundadores de este pueblo tienen parentesco con el muralista David Alfaro Siqueiros.

Los primeros pobladores de “La Peñitas” se establecieron en la capilla del pueblo que aún existe (marzo de 1984), junto a la vivienda de doña Ramona Ramírez.

Una noche, al reunirse todas las familias en una enramada construida en la capilla (las familias, de siete habían crecido a 35), a una sugerencia de doña Mercedes Mondragón y de acuerdo con todos los concurrentes, al pueblo se le bautizó con el nombre de “San José de Siqueiros”, el primero por ser el nombre del patrón del lugar, como lo es hasta la fecha, y el segundo en honor del fundador don Pedro Siqueiros Núñez.

LEÍAN, MÁS NO ESCRIBÍAN

Todos los habitantes de Siqueros, entre los adultos, sabían leer y la mayoría conocía oficios. Llegaron a esta tierra con la ilusión de encontrar minerales en los cerros. No los hubo y sí una flora abundante de maderas preciosas, buenas tierras para el cultivo y buena pesca, con el peligro de los caimanes y las nutrias, que también abundaban. De los animales obtenían pieles para la confección de ropa.

Había también cabras silvestres. Domesticaron algunas y tenían su ganado caprino en lo que hoy se conoce como Cerro de los Chivos, donde encontraron una cueva con jeroglíficos grabados en las rocas, entre los que destacan un caimán bien representado (estudiosos de la arqueología se llevaron no hace mucho estos jeroglíficos).

El 9 de noviembre de 1767 quedó terminada la capilla dedicada a San José. Aquí se enseñaba catecismo y a leer, pero por razones que se desconocen no se enseñaba a escribir. También se verificaban bautismos y matrimonios.

El pueblo empezó a crecer hacia el oriente, rumbo a la “Loma de los Tanques”. Vivían de la agricultura y la fruticultura.

Habían perdido la comunicación con los pueblos de los que procedían porque su arquitectura era autosuficiente y empezaron a explorar río abajo. Frente a lo que hoy es El Bajío, encontraron un poblado abandonado llamado San Juan. Tenía muy pocos pobladores con mucho amor al terruño, pues la mayoría lo había abandonado por su insalubridad, ya que estaba rodeado de lagunas. Ellos no tenían noticias de la fundación y la prosperidad de Siqueros, por lo que se trasladaron a Villa Unión.

MUERTOS EN CAPILLA

Mercedes Mondragón de Jiménez elaboró un diario sobre la vida del pueblo. Este diario permaneció en la capilla, hasta la muerte de Úrsula de Osuna. La capilla fue abandonada al construirse el nuevo templo, terminado en 1853, y conservó el diario gracias a Loreto Rodríguez de Zatarain. Recuperó también el misal de la capilla, escrito en romano, el cual está en poder de un hijos del señor Bulnes. Ramón Pérez, profesor en 1911, hizo una copia del diario, pues las cosas de los enfermos se quemaban con todo y pertenencia. La copia fue destruida por el ciclón Olivia en 1975 y se tienen estos datos gracias a la labor de José Bulnes Rodríguez.

De acuerdo con este diario, las primeras defunciones de los fundadores ocurrieron en la capilla. El primero en morir fue don Francisco Siqueiros Núñez y su hijo Pedro María, de seis años de edad; murió luego uno de los misioneros, Juan Ruiz de Siqueiros, esposa del fundador; Matilde Zaragoza Osuna, una dama soltera de 19 años y la autora del diario, doña Mercedes Mondragón de Jiménez.

La última mujer hizo el encargo especial a su familia de que consignaran la fecha de su muerte en el diario, la cual ocurrió el 6 de junio de 1789, a la edad de 89 años.

NO MÁS SIQUEROS EN SIQUEROS

Don Pedro Siqueiros Núñez murió un 19 de noviembre (no se pudo establecer el año porque el libro estaba destruido donde se consignaba el dato). Siqueiros Núñez murió a los 77 años de edad.

En Siqueros abundan los apellidos Zatarain, Lizárraga, Osuna y no hay ningún apellido Siqueros. ¿Por qué? El libro lo explica:

El último hijo de don Pedro llevó su mismo nombre. Nació el 29 de junio de 1775. Tuvo numerosa familia, cinco hijos varones y seis mujeres, de los cuales sobrevivieron sólo cuatro mujeres. Por ello es que el apellido Siqueriros no proliferó.

La capilla se encuentra actualmente en buen estado, después del abandono en que estuvo durante mucho tiempo. La iglesia se encuentra en una etapa de remodelación. Nadie supo informar dónde se encuentran los santos.

Actualmente, el pueblo todo de Siqueros vive de la agricultura. La construcción de una represa frente al poblado, sobre el río Presidio y otras obras que realiza el gobierno federal, han servido también para su sustento.

La vida transcurre apacible. La entrada de un carro rompe su tranquilidad, pues aunque hay camino de pavimento, el movimiento de vehículos automotores es poco.

Parece que sólo se vive para contar la vida. Ahora contarán su historia, también gracias a las buenas obras de don José Bulnes Rodríguez.

Juan Lizárraga Tisnado. NOROESTE-Mazatlán, 19 de marzo de 1984. Gracias al celo y la preocupación de José Bulnes Rodríguez, brindamos esta información a los lectores de NOROESTE. Los datos fueron sacados de la copia de un libro ya desaparecido y los siguientes son los datos más abundantes y verídicos que se tienen de la fundación de Siqueros.

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