Muerte del mayor Martín Elenes y el teniente Valente Quintero el 19 de marzo de 1922 y el corrido que la canta

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MARTÍN ELENES (1890-1922). Militar. Nació en Santiago de los Caballeros, en el municipio de Badiraguato. Sus padres fueron Ramón Elenes y Adela Landell.

Junto con Valente Quintero fue miembro de la escolta del general Ramón F. Iturbe durante la Revolución. En 1917, el general Iturbe fue electo gobernador del estado, pero el general Ángel Flores lo desconoció, iniciándose una pugna política que habría de separar para siempre a los dos más prestigiados generales sinaloenses.

Flores se retiró a Navojoa, y el 23 de abril de 1920 fue uno de los que suscribieron, junto con el general Álvaro Obregón, el Plan de Agua Prieta el 23 de abril de 1920, que desconoció al gobierno del presidente Venustiano Carranza. Obregón nombró comandante militar al general Flores,  avivando la pugna. Martín Elenes abandonó a Iturbe junto con su gente en Mazatlán; a su paso por Culiacán, el general Flores trató de atraerlo a sus filas. Elenes no lo escuchó y siguió rumbo a Santiago de los Caballeros. Valente Quintero, en cambio, sí aceptó engrosar la tropa del general Flores, junto con los hermanos Evaristo, Martín y David Ortiz, todos de Bamopa.

Surgió así la rivalidad entre Elenes y Quintero, provocada por la de los generales. Un día, Evaristo Ortiz, aspirante a ser nombrado jefe de la acordada en Badiraguato, visitó a su ex compañero de armas en Santiago de los Caballeros, y le hizo una invitación: «Vengase, mi mayor, a Babunica, va a tronar lindo la tambora y va a haber baile y carrera de caballos».

Llegaron a Babunica, pero no había tal tambora ni tal baile, sólo un acordeón todo parchado por donde se filtraban los aires de viejos valses y corridos, y una guitarra. Pero ya las botellas de mezcal se prendían de boca en boca en el patio de la casa de Lucas Payán. El mayor Elenes, con sus amigos, por un lado; Valente Quintero, con los suyos, por otro; más mezcal, más acordeón, y sin mediar discusión alguna, Valente retó al mayor.

En unos instantes se produjeron muchas cosas: la gente, despavorida, salió en estampida, quebrando bancas y sillas; calló el acordeón, y en el centro del patio las dos figuras, mecidas por la luz de las cachimbas de petróleo y por el dulce aire de la madrugada, pespunteado por el primer canto de los gallos, empezaron una danza descoyuntada, acompañada por los disparos de las 45, cuyo ruido amortiguó el monte y el eco se perdió en las laderas de los cerros.

Cayó Valente, con la camisa llena de sangre, y el mayor que había resultado ileso, fue herido de muerte por Martín Ortiz, parapetado en el cerco de la casa de Payán. No hubo, como se dijo en el rumor que bajó de la sierra a la costa, acuchillamiento de Valente en el suelo, ni pretensión de la gente de Santiago de los Caballeros de quemar las casas de Bamopa.

Lo que sí bajó de la sierra a la costa fue el corrido en ancas de acordeones y guitarras. El corrido lo compuso Rosendo Monzón, vecino de Bamopa y amigo de Valente, alterando lo que realmente sucedió en alas de la fantasía y la tragedia.

VALENTE QUINTERO. Militar. Nació en Bamopa, municipio de Badiraguato. Muy joven se incorporó a la guerrilla del general Ramón F. Iturbe en compañía de Martín Elenes. Ambos formaron parte de la escolta del general, identificados como hombres de su entera confianza. Participaron en muchas batallas y escaramuzas, hasta el triunfo del maderismo en Sinaloa.

Valente Quintero abandonó a Iturbe y se unió a Flores, nombrado comandante militar del noroeste por Obregón, enconándose la rivalidad entre los dos prestigiados militares sinaloenses. Martín Elenes, en cambio, siguió fiel a Iturbe, retirándose a vivir a Santiago de los Caballeros, viejo asentamiento español que en su momento de esplendor llegó a tener su plazuela, plaza de toros, cárcel y juzgado.

Por azares del destino, Valente y Elenes se encontraron en un baile en Babunica, surgiendo la discusión que no llegó a mayores complicaciones por la intervención de amigos y familiares. Pero en la madrugada, bajo la influencia del alcochol, Valente retó al mayor Elenes, liándose ambos a balazos.

Surgieron dos versiones: una, que Valente había caído muerto y que Elenes, ileso, había caído muerto después al ser balaceado por Martín Ortiz, desde un parapeto en el patio de la casa de Lucas Payán, convertido en pista de baile. La otra versión, a gusto de familiares y amigos, fue de que Valente cayó herido, Elenes se fue a echar un trago, regresó y Valente le pegó un tiro que lo atravesó de lado a lado.

Rosendo Monzón escribió el corrido que, según los estudiosos de la conducta del sinaloense, ha servido junto con la creciente alcoholización para exacerbar su machismo.

El licenciado Francisco Gil Leyva, célebre escritor sinaloense, dijo: «La muerte inútil, derrochada, de Valente Quintero y el mayor Martín Elenes cabalga aún en las coplas de un corrido —si el mayor paga con plata, yo les pagaré con oro—, a lomo de una popularidad que se nutre, que se ha venido nutriendo, en el machismo fanfarrón, irreflexivo, suicida y sin sentido del mexicano».

FUENTE: Sinaloa: historia y destino. Herberto Sinagawa Montoya (UAS, 2013).

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