La mujer gana terreno: ¿Está en crisis el patriarcado? Una mirada local hace 40 años

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  • El llamado ‘sexo débil’ incursiona ya en todos los renglones productivos.

Por Juan Lizárraga T.NOROESTE-Mazatlán, 30 de octubre de 1981.

El patriarcado, que de diferentes maneras ha regido a través de los siglos en la sociedad, se enfrenta en México a un tibio reto que día a día se fortalece: la mujer, con participaciones individuales, empieza a incursionar en el terreno de la política, del arte, de las leyes, de la ciencia y en actividades comunes, hace poco desempeñadas sólo por el “sexo fuerte”.

No es una contienda la que persigue este reto, sino la igualdad entre ambos sexos y el rompimiento de la condena que ha mantenido a la mujer en la angustia de la inferioridad.

Aunque hasta en el lenguaje encuentran las mujeres un arma en su contra (el ser humano es sinónimo de hombre), la mujer ganaría la contienda si la hubiera.

Y dejan de jugar “a las comiditas”, “a las muñecas”, “a la mamá”, para incursionar en el trabajo y ganarse su propio pan, sin detrimento de su femineidad.

En Mazatlán aún levantan admiración las mujeres que diariamente mojan sus finas manos para lavar los coches ajenos; el ejecutivo empresarial impacta su frialdad cuando debe competir en las negociaciones con una dama, que ha roto su flaqueza con el estudio. Ya no es sólo en la escuela, en la oficina, en el hogar, o en las impurezas de la prostitución forzosamente involuntaria, donde se desenvuelve la mujer con su fuerza transformadora.

Es la misma vida la que las obliga a ser trabajadoras, al presionarlas económica y socialmente.

Aprenden a ganarse el pan con decisión. Rosa Isela Íñiguez prefiere cargar con su carreta de tejuino, a recibir la mala paga en las escuelas primarias, como lo hizo durante dos años, porque en lo primero se gana más.

Sin paternalismos, sin galanterías varoniles, con palabras de José Martí (Carta de Nueva York, del libro “Escenas Americanas”, abril 1 de 1882, página 226) el hombre debe tener “Una gran premura por dar a la mujer medios honestos y amplios de su existencia, que le vengan de su propia labor, lo cual le aseguraría la dicha, porque enalteciendo su mente con sólidos estudios, vivirá a par del hombre como compañero y no a sus pies como juguete hermoso, y porque bastándose a sí, no tendrá prisa de colgarse del que pasa, como aguinaldo del muro, sino que conocerá y escogerá, y desdeñará al ruin y engañador y tomará al laborioso y sincero”.

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