Lunes de Carnaval de 1944, día funesto para Rodolfo T. Loaiza, gobernador de Sinaloa

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  • Rodolfo Tostado Loaiza nació en San Javier, San Ignacio, el 27 de junio de 1893; murió en Mazatlán el 21 de febrero de 1944.

Lunes de Carnaval

Por Antonio Lerma Garay (Érase Una Vez en Mazatlán).

Fue el domingo veinte de febrero de mil novecientos cuarenta y cuatro cuando el gobernador del estado de Sinaloa, don Rodolfo T. Loaiza, se encontraba celebrando las fiestas tradicionales de Mazatlán. El reloj marcó las doce de la noche y el lunes llegó sin que el gentío lo notara.

El mandatario se encontraba en el Patio Andaluz del Hotel Belmar celebrando casi como cualquier otro mazatleco. Hombres y mujeres iban y venían por todas partes, muchos de ellos portaban el clásico antifaz carnavalero. Fue por ello que nadie prestó atención alguna a aquel hombre alto que sigiloso se deslizaba entre la gente hasta la mesa donde se encontraba el mandatario. Al estar muy cerca de éste, el enmascarado sacó una pistola y le disparó ocasionando una lluvia de disparos. Un testigo brindó la siguiente versión de los hechos:

“El gobernador Loaiza estaba sentado con sus amigos en una mesa en el patio del Hotel Belmar cuando el asesino se deslizó sin ser notado entre el gentío. Le disparó una bala casi a quemarropa que atravesó su cuello. El asesino corrió hacia la puerta. Duarte y otros sacaron sus pistolas y comenzaron a disparar. Tres compañeros se unieron al asesino y huyeron a través del lobby disparando. Dos turistas y otros fueron heridos. Los pistoleros huyeron en un carro. Se llamó a una sesión especial del congreso para nombrar un gobernador provisional y el carnaval, una de los atractivos turísticos más célebres de México, fue cancelado por las autoridades de la ciudad.”

Faltaban unos diez minutos para las dos de la mañana del lunes veintiuno cuando se inició la balacera que prosiguió al asesinato del gobernador. Ahí murieron también dos turistas estadounidenses; Walter V. Cotchett y Reuben Broooks. Entre los heridos se encontraban el ayudante de Loaiza, Alfredo Duarte, y el turista estadounidense John Vozza.

Con la huida del asesino y de sus cómplices parecía que no se esclarecerían las causas del homicidio. Pero el gobierno federal había puesto una alta recompensa por su cabeza, y casi un año después se publicó la noticia de que el asesino había sido capturado por el ejército mexicano. Rodolfo Valdez, El Gitano, resultó ser el hombre que asesinó al gobernador Rodolfo T. Loaiza de un balazo en el cuello.

El Gitano había nacido en las montañas de Sinaloa, en Aguacaliente de Gárate, y siendo sólo un niño se había hecho rico introduciendo marihuana a territorio estadounidense. Muy joven participó en el robo de un camión de correos perpetrado por veintiún malhechores. Pero el líder de ellos había decidido conducir el vehículo aun cuando no sabía manejar. La policía los siguió y el inexperto conductor estrelló el camión contra unas rocas y lo hizo caer a un barranco; sólo él sobrevivió. Internado en la cárcel por este delito, dio informes a las autoridades sobre unos españoles que habían estado traficando marihuana. Consecuencia de ello el gobernador del estado ordenó su liberación. De ahí en adelante, ni siquiera él sabía cuántos crímenes había cometido.

Tuvo sólo dos esposas, pero mujeres muchas; supo que tenía un hijo viviendo en algún lugar de la Ciudad de México, pero jamás lo había visto. Muchas de estas mujeres eran prostitutas, pero él jamás fue proxeneta. Una noche él, su pareja y otro hombre celebraban que de un robo habían obtenido una gran suma de dinero. Pronto los tres estaban dormidos debido al exceso de alcohol en sus cuerpos. Sin embargo, en su sopor pudo darse cuenta que ella y el compañero intentaban robarle el botín. Ahí mató a los dos. Otro homicidio que había dejado huella en su mente había sucedido una noche en que varios hombres y mujeres bebían. Tiempo atrás El Gitano había acertado con un disparo a una flor que una mujer se había puesto en el pelo; por supuesto que ésta había salido ilesa, y esa noche uno de sus compinches le pidió repetir la hazaña. Pronto una flor adornaba la cabeza de una de las mujeres y Valdez, ya ebrio, le apuntaba con su pistola. Segundos después la bala le atravesó el cráneo.

Tras una dura batalla en lo alto de un cerro, y en la que murieron varios de sus compinches, el fugitivo fue capturado y luego internado en la Prisión Militar de Tlatelolco. Interrogado sobre los motivos del asesinato, las respuestas que El Gitano dio no gustaron a las autoridades, incluido al propio general Lázaro Cárdenas del Río.

Tres años y medio después del asesinato del mandatario sinaloense, El Gitano concedió una entrevista al periodista estadounidense Edward H. Knoblaugh. En el desarrollo de ésta sin vacilación Valdez confesó haber sido él quien mató al gobernador Loaiza. “Por qué lo mató” le preguntó aquél. La respuesta fue directa, sin tapujos: “Maté a Loaiza porque el general Macías Valenzuela54 me ordenó hacerlo. El general me dijo que el gobierno había dado órdenes de liquidarlo porque estaba traficando con marihuana.”

La revista Tiempo publicó un editorial con la versión de que el asesinato de Loaiza se debía al tráfico de drogas. En él se decía que Loaiza y Macías eran miembros de un grupo de narcotraficantes. Sus compinches sospechaban que Loaiza había dado informes a la policía estadounidense sobre esta banda, lo que había llevado al arresto de varios de ellos en territorio estadounidense. Consecuencia de ello, como venganza, el gobernador había sido asesinado.

El Gitano fue más allá en sus acusaciones: “Macías ordenó muchos asesinatos en Sinaloa… Siempre hay alguien que se le haga responsable… Espero que esta vez sí lo alcance la justicia”.57 Valdez pedía no ser trasladado a Mazatlán, ya que ahí sólo le esperaba la muerte: “Me matarían los de la banda de El Chuy o los de El Culichi. Son mis rivales y aprovecharían la oportunidad de tenerme entre sus manos. Sé bien queninguno de mis hombres sobrevivió después de que fui capturado. Esas dos bandas trabajan para el general Macías y me matarían antes de que yo dijera algo”.

El general Pablo Macías Valenzuela negó los cargos que le imputaba El Gitano.

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