La muerte de Juan Banderas el 10 de febrero de 1918

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ANTONIO NAYAMA. Sinaloa, el drama y sus autores

La muerte del revolucionario sinaloense fue trágica, en consonancia con su existencia batalladora y turbulenta, pero no a la altura de su valor y hombría debido a las circunstancias
que la rodearon, que había obtenido indulto del gobierno de don Venustiano Carranza, se encontraba en la ciudad de México gozando de libertad caucional, y esta
circunstancia le impedía portar arma de fuego o cualquier otra especie, aunque tampoco la necesitaba, ya que siendo corpulento y de alta estatura, gustaba a dirimir sus rencillas a mano limpia.

El Coronel Miguel A. Peralta que a la sazón era diputado federal, no sabemos por qué motivos, lanzó graves injurias al revolucionario sinaloense desde la tribuna del Congreso, y el 10 de febrero de 1918, encontrándose Juan en la dulcería “El Globo”, entró Peralta al establecimiento, lo que hizo que aquél exclamara: “¡Aquí viene este diputadito h…. que me insultó en la Cámara!”.

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Foto: Mediateca INAH.

“Lareacción del coronel fue la típica de los que zahieren o insultan en ausencia a otra persona, pero que al enfrentársele –más todavía si el ofendido es hombre de la seriedad y reciedumbre que caracterizaban a Banderas- se achican y no tienen más recursos que “rajarse”, o bien “madrugarle” al adversario, ya que el miedo les inhibe para encarar la situación en forma decidida; así que, presa del pánico, sin esperar a que su enemigo hiciera ademán de empuñar arma –que no traía-, sacó la pistola y la descargó sobre el sinaloense, que quedó muerto en el sitio.

En la dulcería “ El Globo”, el miedo de un hombre epilogó la vida batalladora de Juan Banderas.

Nueve años más tarde, en Huitzilac, el sadismo más repugnante finalizó la de su victimario.

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