CADENA DE CONTAGIOS VS. CADENA DE ORACIONES | Blanca Nieves Palacios Barreda

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Este desconocido virus, que ha llegado de manera silenciosa y, se ha extendido al rededor del mundo, hasta convertirse en pandemia, y que ha cobrado ya millones de vidas e infectado a otro enorme número de personas, es implacable. El covid-19, más conocido como el coronavirus, tras mas de un año de su repentina aparición y, al que el ex presidente, Donald Trump, les adjudicara la paternidad a los chinos, estos se la reviraron, acusando a Estados Unidos de ser el “inventor” de ese mortal bicho.

Independientemente del origen del mismo, lo sorpresivo y mortal, nadie lo pone en duda a estas fechas, pero con todo y la información que día a día, en todos los programas noticiosos del mundo se da a conocer, el peligro que representa, el aumento del número de fallecidos e infectados, muchas personas no toman las medidas debidas para evitar ser contagiadas.

Rebasados los hospitales, privados y del Estado, la carencia notoria de tanques de oxígeno, de medicamentos y las vacunas que han ido apareciendo y que trae a los presidentes de los diferentes países del mundo buscándolas afanosamente para detener esta mortandad y este irrefrenable contagio, que ha provocado (valga la redundancia) un irrefrenable alza en los precios de todo, llegando a costar un tanque de oxigena hasta 35 mil pesos; los empresarios, comerciantes, industriales, personas dedicadas al fraude, aún cuando se trate de la vida de enfermos severamente contagiados han proliferado y con enorme deshumanización ven ésta pandemia como la gran oportunidad para hacer negocios y agrandar sus fortunas.

A este contagio, nadie escapa, todos somos víctimas en potencia; son varios presidentes de diferentes países que ya han sido contagiados, y son casos que sorprenden pues son ellos, a través de las instituciones de salud, los que nos informan, de las medidas que se deben de tomar para evitar el contagio tales como: permanecer en casa, salir solo en casos de urgencia; usar cubrebocas; mantener una debida distancia; higiene en las manos.

Ahora le tocó al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el 24 de enero del año en curso, informó que, se contagió de coronavirus; tal cosa ha sido aprovechada por sus adversarios, que no es de dudarse estén deseando su muerte; hasta ese grado llegan, viéndolo como la solución para que, todos ellos puedan seguir en el poder y disfrutar de todas esas canonjías de las que, tras más de 70 años llegaron a disfrutar.

Por su parte, otro sector de la sociedad le envía sus parabienes y una pronta recuperación; sus fieles seguidores, rezan oraciones, las comparten, las repiten, han inundado las redes sociales, con sus bendiciones y peticiones a Dios para que le devuelva la salud que ha perdido.

Quienes saben de religión, habrán de conocer ese precepto teológico de : “ayúdate, que yo te ayudare” y, AMLO, no se ayudó; no hay quien se atreva a darle un jalón de orejas por tal irresponsabilidad, porque, si bien no es una persona que dice, no sentirse privilegiado, ni esté por encima de los demás ciudadanos, el dejar de lado que sí, es un privilegiado, es el presidente de México, el hombre en el que, más de 30 millones de mexicanos depositamos en él la confianza para un verdadero cambio, pone en alto riesgo el destino de nuestro País.

No asume AMLO, que es un ser humano, con defectos, errores, debilidades, fragilidades, como cualquier otro ser humano; nunca aceptó ponerse cubre bocas, nunca aceptó bajar un poco la dinámica al trabajo que ha venido desempeñando; nunca pensó que, de enfermarse y fallecer, pone en las manos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), de esas mafias del poder, de la que tanto nos habló, el destino de este México, por el que tanto hemos luchado.

No es un secreto, y el mismo presidente ha declarado que, es: terco, empecinado, obstinado y, claro que se lo creemos, lo ha demostrado, y los resultados los estamos hoy viendo, se contagió, con su afección cardíaca y, siendo una persona de la tercera edad, el peligro se acentúa, y ha contribuido con su terquedad al no usar cubrebocas, a contagiar a muchas de las personas con las que ha convivido en estas últimas fechas, y así va la cadena de contagios, y no hay Doctor ni Científico, ni oraciones que los puedan evitar.

bnpb146@hotmail.com

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