“EL REBAJE”, su historia sin cortes. Tardó 15 años su construcción. Se proyectó en 1864 y concluyó en 1880

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  • Todos los detalles de la obra en las páginas de “Las Viejas Calles de Mazatlán”, de Oses Cole.

Era un callejón la calle Ángel Flores, llamada antes Guerrero, Del Vigía y Guelatao

Durante muchos años esta calle daba principio en su cruce con la de Niños Héroes, no existiendo al poniente de la misma, es decir hacia Olas Altas, sino un callejón situado varios metros por encima de la altura que tiene hoy la calle.

Su “promotor y los primeros presupuestos. En el mes de diciembre de 1864, el comerciante español Federico Imaña, propietario de la mayor parte del terreno que hoy está comprendido en las manzanas circunscritas por las calles Mariano Escobedo, Olas Altas, Ángel Flores y Venus, con objeto de darle mayor valor a su propiedad, donde tenía en construcción una serie de fincas, propuso al Ayuntamiento ceder el espacio que hoy ocupa la calle Miguel Borrego Santillán con el objeto de dividir su terreno en dos manzanas, solicitando a cambio que la autoridad municipal se comprometiera a “hacer a sus expensas el rebaje de la calle del Vigía, empezando en la esquina de la Calle del Sacrificio hasta las Olas Altas y lo mismo de los dos pedazos de calle que atraviesan el referido solar hasta poner al nivel de la Calle de Ceres, esto es también un beneficio a la población siendo aquella calle intransitable”. Imaña estimaba la obra que correspondía hacer a la ciudade en la suma de $1,200, la que se comprometía en lo personal a facilitar con la única condición que “debo ser reembolsado en el término de un año, o antes, en partidas parciales, a elección del I. Ayuntamiento”.

El cabildo aceptó la oferta de Imaña en Enero de 1865, argumentando la Comisión respectiva del Cabildo que el terreno de Imaña “se halla a la orilla de esta población, dando frente a la ensenada de las ‘Olas Altas’, corre a su frente sur la calle de Ceres en buen estado de nivelación, al poniente el malecón o calle de ‘Olas Altas’ un poco bajo, al Oriente la de ‘Venus’ y al norte la del ‘Vigía’, que de allí se prolonga hasta la manzana No. 1, con una altura incómoda, pedregosa, llena de tropiezos y ondulaciones que hasta hoy la hacen intransitable, de mal aspecto y desnuda de todo ornato. Esta es la que se pretende rebajar. La manzana encerrada en estas cuatro calles es un cuadrilátero de 136 2/3 varas de base por 78 de altura, en medio del cual se proyecta abrir una nueva calle de doce varas de anchura.”

El Agrimensor de la ciudad, Manuel Azcona, estimó en $2,163.70 el costo del rebaje de la calle del Vigía y en $5,000 el de las obras que había que realizar para la seguridad y ornato de las fincas en ambas aceras de la citada calle. Estando la obra en proceso, se derrumbó parcialmente la casa de José María Fragoso y la continuación de los trabajos afectaron la solidez de los cimientos de varias fincas en la zona del rebaje, y hubo diversas quejas ante las autoridades imperiales.

Se va el gobierno francés. Los republicanos volvieron al poder en Noviembre de 1866 y Mazatlán fue nuevamente capital  del Estado, y como la obra no se había terminado a mediados de 1867, su falta de conclusión motivó que el gobernador, general Domingo Rubí dispusiera que se excitara al Ayuntamiento para su terminación.

En Julio 30 del mismo año, los propietarios de fincas en esta porción de la calle del Vigía se quejaron al gobernador, exponiéndole: “ que hará como dos años más o menos que dicha Corporación

comenzó la tal obra, con el fin según se dice, de nivelar la Calle mencionada con la que le sigue para el centro, dejando nuestras propiedades inhabitables, como es público y notorio, pues la que menos tiene del piso en que se halla al de la calle, son dos varas y en algunas partes más de seis.

“Creemos sin temor a equivocarnos, que el Ayuntamiento que tal medida dictó está obligado por la Ley de expropiación a indemnizarnos el valor de nuestras fincas, o en último caso, dejar la calle en su primitivo estado, porque no nos parece justo que sin haber una necesidad extrema para tal obra, se nos perjudique sólo por acceder a una solicitud de D. Federico Imaña, quien aún facilitó una suma de dinero a los fondos de propios para que se hiciese, y con razón porque es el único que en nuestro concepto resultará beneficiado una vez concluida aquella.

“No dudamos C. Gobernador ni por un momento que esta nuestra queja encontrará apoyo en la paternal protección de U., para que tomando en consideración la justicia que nos asiste, se sirva en virtud de sus facultades excitar a la Corporación Municipal, a que repare prontamente el perjuicio que estamos resintiendo, mas particularmente los que tenemos fincas de alquiler en la mencionada calle, porque no encontramos inquilinos que las ocupen, y con justa causa, pues ¿quién ha de querer habitar en una calle intransitable y en un peligro inminente ”

Julio Valade, como Comisionado de Hacienda, fue encargado de dictaminar sobre el particular y en Agosto 22 del año citado informaba al Cabildo: “…los fondos municipales escasean de una manera lamentable, y apenas nos es posible atender a los ramos de precisa necesidad y de utilidad pública.

“En tal virtud y entre tanto la Corporación se cerciora de la conveniencia en continuar los trabajos comenzados o en volver la calle al estado primitivo que guardaba, no se pueden ni deben distraer en el momento los fondos municipales para obras no presupuestadas en los gastos generales del año.

“Dígase al Gobernador en contestación que el Ayuntamiento no emprende algunas obras de utilidad pública por carecer de fondos y pídase su cooperación, suplicándole poner en vía de pago seis u ocho mil pesos, a cuenta de mayor cantidad que adeuda el Gobierno del Estado y la Federación.”

Se reanudan los trabajos luego de un año. Pasó un año sin que se hiciera mayor trabajo en la reparación de la calle. En Agosto 18 de 1868 Federico Imaña escribió al Ayuntamiento: “[ ] La obra comenzó y prosiguió hasta haberse gastado en ella la suma de $4,986.86 Cuatro mil ochocientos ochenta y seis pesos, ochenta y seis centavos, según las cuentas justificadas y reconocidas por la Tesorería Municipal que existen en su poder; pero sobrevino el cambio de gobierno y la obra se paralizó en perjuicio de todos los interesados, sin que yo haya recibido hasta ahora un solo centavo en abono de mi crédito.

“Hoy que las agitaciones políticas se han serenado y que todos los hechos que han pasado durante la intervención francesa pueden apreciarse con imparcialidad, me dirijo a los ilustrados miembros que hoy componen el Ayuntamiento, para buscar una solución al negocio de que me ocupo.

“Desde luego se percibe que no sería justo aplicar al caso presente la ley que declaró nulos los contratos que se celebraron con las autoridades emanadas de la intervención francesa, porque esa ley tenía carácter político, y fuera de su alcance deben colocarse los negocios puramente municipales, en que solo se procuraba el bien y adelanto de las Ciudades, como sucede en la obra que yo promoví. Por otra parte, cuando el Supremo Gobierno ha revalidado las concesiones hechas a empresas de ferrocarriles, y ha perdonado la culpa en que hayan incurrido por haber tratado con autoridades imperiales, siendo así que los negocios de interés público deben ser extraños a la política, bien puede el Ayuntamiento de Mazatlán, soberano en negocios municipales, respetar y seguir ejecutando un contrato, de que la Ciudad ha sacado y sacará considerables ventajas, sin que hubiera por mi parte ningún afán de lucro, sino únicamente el deseo de mejorar y embellecer la población en que me he radicado.

“Debe tenerse en cuenta la buena voluntad con que yo he procedido en este negocio, pues no sólo he ministrado los fondos estrictamente necesarios para la obra, sino que mientras ésta duró, han salido de mi bolsillo todas la sumas invertidas en herramientas, mulas y carros que se empleaban en todos los trabajos de la Ciudad; y por otro lado fui exigente en pretender los abonos que se me habían ofrecido, contando con que todos los Ayuntamientos que se sucedieran respetarían un compromiso celebrado con la mira principal de los intereses públicos.

“En cuanto a las ventajas que han resultado en el rebaje, ellas están patentes, y a la vista de todos; fuera del embellecimiento y mejora que obtuvo la parte de la Ciudad en que se hace dicho rebaje, ahí están todas las calles que con sus cascajos han quedado transitables y con una compostura superior al empedrado.

“Además el trabajo no puede quedarse en el estado en que se halla; es necesario acordar la manera de terminarlo, cualquiera que ella sea.

“Pero como por otra parte yo he hecho fuertes desembolsos, y es necesario hacer otros nuevos para completar la obra, propongo que los arreglos celebrados conmigo para el pago de referencia en los términos siguientes:

“1ª. Que los $4,986.86 que se me deben por mis desembolsos anteriores, se me paguen en abonos de doscientos pesos mensuales, de lo que produzca la contribución directa sobre fincas urbanas y giros.

“2ª. Que los fondos que ministre para terminar la obra se me liquiden cada mes, y se me paguen con certificados amortizables con el 25% de lo que se entere por el derecho principal que causan los efectos que entran por mar.”

El Cabildo turnó la solicitud de Imaña a las Comisiones de Ornato y Hacienda, las que dictaminaron en Septiembre 4, firmado el mismo por Francisco Cortés, una persona que tendremos oportunidad de ver a todo lo largo de nuestro recorrido por las viejas calles de Mazatlán. Refería el dictamen: “[….] El comisionado que suscribe ha traído a la vista todo el expediente relativo, y de él aparece que la obra del rebaje de la calle del Vigía se comenzó y prosiguió sin ningún cálculo, sin un presupuesto siquiera aproximado a lo que realmente debía de invertirse.

Inexactitudes en los gastos y el costo. “El Señor Imaña fue el primero en incurrir en la principal de las inexactitudes, pues en las proposiciones que presentó al Ayuntamiento, con las cuales da principio el expediente, manifestó que el costo del rebaje de toda la calle importaba 1,200 pesos, según reconocimiento que había hecho con operarios, según dijo. Pero el Ayuntamiento contratante, desconfiando justamente de semejante cálculo del Señor Imaña, estipuló que sólo acometería la obra, siempre que dicho Señor Imaña suministrara todo lo que para ella se necesitase, sin decir la cantidad (fojas 3 vuelta) y el Señor Imaña admitió así, como se ve de su contestación, foja 7; y se dio principio a la obra el mismo año de 1865.

“El agrimensor Don Manuel Azcona, presentó su presupuesto, fojas 10, asegurando que el rebaje importaría 2,167 ps. 70 cs., lo cual fue otro desatino, con la circunstancia de ser un agrimensor quien así consultaba.

“Otro agrimensor, Don Federico Weidner, presentó también su presupuesto, fojas 28 a 30, pero instruido en su profesión como ingeniero topógrafo, el Señor Weidner formó un cálculo aproximado a principios del año de 66, del cual presupuesto aparecía, que para terminar el rebaje, cuyos trabajos estaban ya entonces adelantados, se necesitaba aún la suma de 7,317 ps., incluso lo que habría que gastar para el aseguramiento de las casas en ambas aceras.

“Resulta pues, que en lugar de un mil doscientos pesos que calculó el Señor Imaña para toda la obra del rebaje, han de ser necesarios 12,000 ps, sobre poco más o menos, incluso los 4,989 invertidos ya.

“¿Puede el Ayuntamiento hacer desembolsos en las actuales circunstancias para una obra costosa todavía? Aún cuando así lo resolviera, no podría cumplirlo, y la pública murmuración se desataría contra él, censurándole porque invertía los fondos municipales de preferencia en una calle poco habitada, cuando tantas otras de la ciudad y más transitadas, están demandando construcción y reparo de calzadas.

“Sin embargo, hay que hacer algo, aunque sea un sacrificio, porque a tanto equivale reconocer el Ayuntamiento un crédito del valor del que se trata, y de amortizarlo, por largos que sean los plazos. Porque, como opinaba el Señor Weidner, en la misma disyuntiva en que a principios del 66 se colocó aquel Ayuntamiento, se encuentra el actual, y es de que, o se continúa el rebaje de la calle o se terraplena, en cuyo segundo caso siempre da el mismo resultado de hacer gasto sin provecho ninguno.”

Cuatro proposiciones para terminar la obra. Cortés hizo cuatro proposiciones respecto de la obra, las cuales fueron discutidas en Cabildo y aprobadas de la siguiente manera:

  • “1ª. Que continúe el rebaje de la calle del Vigía hasta su conclusión.
  • “2ª. El Señor Don Federico Imaña, que promovió dicha obra, continuará suministrando los fondos necesarios para la misma.
  • “3ª. El Ayuntamiento pagará a dicho Señor Imaña las cantidades que suministre, con abonos de doscientos pesos mensuales. Si el Señor Imaña continúa suministrando los fondos de que habla el artículo anterior, el Ayuntamiento contribuirá con la cantidad de $4,986, que unida a la que suministre le será reembolsada sin interés alguno, como lo expresa la primera parte de este artículo.
  • “4ª. Si el Señor Imaña no fuere conforme con estas condiciones, el rebaje de la calle quedará pendiente hasta que las circunstancias de los fondos municipales permitan al Ayuntamiento continuar aquella obra. La Secretaría recogerá del Señor Imaña una constancia en debida forma por la cual se comprometa a desistir de la pretensión que tiene de que la ciudad le indemnice una cantidad que facilitó al Gobierno Municipal en la época de la intervención con el fin de rebajar la calle del Vigía.”

Las anteriores proposiciones fueron enviadas a Imaña, quien las aceptó en términos generales, pero pidió se le aclarara la forma en que se habría de terminar la obra, que se calculara la cantidad que tendría que suministrar para la misma y que se le señalara la manera en que se le harían los abonos.

Al respecto, dictaminó el Ayuntamiento: “[….]

  • 1ª. Se terminará el rebaje de la calle del Vigía dándole un declive por el lado del mar semejante al que ahora tiene por el lado de la calle del Sacrificio, y rebajando asimismo la banqueta por la parte del Hospital Militar hasta ponerla en relación con el nivel de la calle.
  • “2ª. Se sacará a remate la obra en los términos indicados.
  • “3ª. En el caso que no haya postor, se encargará el Sr. Imaña de hacerla por la suma de tres mil pesos calculada, o por lo que se calcule si se encontrara errado el cálculo que hemos hecho.
  • “4ª. Los abonos serán de doscientos pesos mensuales y los recibirá en la Tesorería Municipal. En Mayo 14 de 1869 Imaña presentó una contraproposición, que especificaba:

“Hará el rebaje dando a la calle hasta las Olas Altas el mismo declive que tiene hasta la calle del Sacrificio y recortando la banqueta por el lado del Hospital hasta dejarla en relación con el piso de la calle, en la inteligencia que estando amenazando ruina por ese lado la tapia y paredes de dicho edificio, el infrascrito no es responsable ni tiene la obligación de repararlas, ni tampoco las casas del otro lado de la calle, aunque en su concepto nada tienen que sufrir a consecuencia de estos trabajos.

“Se compromete a concluir la obra en quince meses, y salvo los casos de fuerza mayor, empezando a contar desde el veinte de Junio próximo.

“Recibirá como precio de dicha obra, cuatro mil quinientos pesos, fuera de la cantidad que se le adeuda y que como subvención se le tiene ofrecida.

“El acarreo de piedras y escombros se hará en las carretas de la municipalidad, siendo simplemente mi contrato de hacer el rebaje.”

El Ayuntamiento estuvo de acuerdo con la contraproposición de Imaña y se redactó un contrato y se comisionó al regidor J.M. Ferreira para la obtención de la firma de Imaña, quien se negó a firmarlo. Ferreira notificó al Cabildo en Junio 1, diciendo: “[ ] El que suscribe piensa por el examen que ha hecho de este negocio y por las conferencias que ha tenido con el Sr. Imaña, que este Sr. no se encuentra en situación, ni con voluntad, de entrar en un arreglo satisfactorio para el Ayuntamiento, porque en sustancia lo que desea es hacer el resto de la obra con fondos del Ayuntamiento y pagarse, al mismo tiempo, el crédito atrasado; y ya se ve que tal arreglo no es aceptable porque no habría fundamento ni justificación para reconocer un crédito que conforme a la ley no debe pagarse.

“Por lo mismo soy de opinión que se ponga punto a las pláticas de arreglo con el Sr. Imaña como contratista, porque no darán ningún resultado y nos quitan el tiempo que tenemos que consagrar a otros negocios.

“En cuanto a la continuación de la obra, debe estarse a lo acordado en Diciembre del año anterior, con lo cual el Sr. Imaña se mostró conforme sin desear otra cosa que se le fijare el monto de la suma que aún tendría que dar, y que se le indicare el modo de pagarle los doscientos pesos mensuales de abono que se le ofrecieron.” Y proponía que se informara a Imaña que dado que el contrato propuesto no podía tener efecto, se estaría a lo acordado en Diciembre de 1868, y que él tendría que ministrar las rayas semanarias una vez iniciados los trabajos, así como que el costo calculado de la obra era de $6,000.

Los vecinos se quejan “del barranco y basurero”. Faltan los barandales. En Junio 10 del año citado, el regidor Francisco G. Flores hizo al Ayuntamiento nuevas proposiciones, respecto de terminar el rebaje de la calle, desde la esquina de la calle del Sacrificio hasta la esquina poniente del Hospital Militar y de poner barandales de fierro a las casas que quedaran bastante elevadas en la parte norte de la calle, hasta la casa de Pedro Gama, obra que estimaba en la suma de $4,500. Por falta de recursos, fue desechada en Diciembre 31 de ese mismo año.

En el transcurso de Febrero del año siguiente de 1870 volvieron a dirigirse al Ayuntamiento los vecinos de la calle, exponiendo: “Los que suscribimos, vecinos del barranco y basurero que se llama calle del Vigía ” y considerando que el Ayuntamiento se había renovado y que por ser principio de año debía ocuparse de las obras que en su transcurso debían realizarse, solicitaban la compostura de dicha calle.

En el transcurso de 1870, el Síndico Severo Medrano invitó a Antonio Rojo para que continuara el rebaje de la calle, ofreciéndole tres reales por cada metro cúbico de material que arrancara, y a pesar que no se contaba con recursos suficientes para pagar al contratista, el Ayuntamiento acordó que se le liquidaran $48 por los trabajos que ejecutó.

Al no poder llegar a ningún acuerdo satisfactorio con el Ayuntamiento, Imaña presentó demanda judicial para que se le liquidara el adeudo a su favor.

Mientras tanto, la obra continuó inconclusa y la calle “enteramente intransitable”. Federico Imaña se declaró en quiebra y en Junio de 1875 Pedro Echeguren, como acreedor preferente en su concurso solicitó se le adjudicara el crédito que tenía contra el Ayuntamiento, el cual Imaña había cedido a Echeguren y quien había iniciado juicio en el Juzgado de Primera Instancia del Ramo Civil desde Julio de 1870. El Supremo Tribunal de Justicia del Estado en 17 de Enero de 1876 condenó al Ayuntamiento al pago del crédito reclamado, en mensualidades de $250.

En Enero de 1880 los munícipes Daniel Ezquerro, Leonides Morillón y Jesús R. Peña en un informe presentado al Cabildo se refirieron al problema que representaba esta calle: “En el año de 1865, el Sr. Don Federico Imaña facilitó al Ayuntamiento de aquella época una regular suma para mejoras materiales, siendo su principal mira el rebaje de la calle del Vigía para dar mayor realce a sus fincas. Y sin considerar aquel Ayuntamiento ni el Sr. Imaña que la medida perjudicaba derechos de tercero, la obra malamente se llevó a cabo, y quedaron como es público y notorio, sin valor alguno las fincas situadas frente al antiguo Hospital Militar; al grado de que las que representaban un valor de un mil pesos o más, se estiman actualmente en 30% de esa cantidad, pues las banquetas se encuentran a una altura de seis a siete varas del piso de la calle y solo por casualidad no se ha tenido que lamentar una desgracia por parte de las familias que a causa de sus circunstancias por lo bajo de las rentas tienen que ocupar aquellas pequeñas fincas.” Y proponían colocar un barandal en las banquetas, con seguridad un antecedente del que existe hoy en la parte norte de esa calle. La propuesta, que tenía un costo de $126 fue aprobada y el barandal se colocó.

Para acabarla de… daños en las viviendas al abrir las vías del ferrocarril urbano. No cabe duda que los vecinos de la calle del Vigía tenían mala suerte. Las obras para el tendido de las vías del ferrocarril urbano cuando se abrió la nueva línea que pasaba por esta calle, que utilizaron dinamita para rebajar el nivel de la misma, dañaron seriamente las fincas en la acera que mira al Hospital Militar, y originaron una seria protesta por parte de la mayoría de ellos ya que su frente corría peligro de derrumbarse. El Ayuntamiento nombró dos peritos que valorizaron en $4,800 la parte de ocho propiedades que estaban en riesgo.

Finalmente, el Ayuntamiento autorizó en Septiembre de ese mismo año de 1880 que se colaborara con $4,000 para la terminación de las obras de la calle, poniendo los vecinos $2,000 más.

A pesar de lo anterior, los inconvenientes no se resolvieron totalmente y la calle continuó siendo un problema para los habitantes de la zona. Nuevamente trató el Cabildo el asunto cuando Alejandro Narcio presentó un dictamen en Marzo 7 de 1882, en que refería: “… Ignoro por qué el H. Ayuntamiento al dar los $4,000 que se dice en público se dieron a la empresa del Ferrocarril Urbano no tuvo a bien hacer un contrato por el cual hoy tuviera el que suscribe a qué atenerse.

“Es cierto que algunos de los propietarios de las fincas perjudicadas aceptaron con gusto la molestia de comunicarse por la banqueta; pero fue porque no pensaron que ellas quedarían de la manera que hoy están, y no solo se han perjudicado de este modo, sino que han tenido que bajar las rentas en razón de que la vida es más cara lo mismo que el servicio de criados y puedan los inquilinos equiparar los gastos de la vida con la renta de la casa. El mal está hecho ¿cómo remediarlo? Aprobando el gasto que justamente debe hacerse en la obra que dicha calle del Rebaje reclama.

“No puedo aventurarme a decir si es la empresa o los propietarios los que tienen la culpa; pero lo que sí no es aventurado decir es, que la Comisión encargada de dar esos $4,000 es la responsable hasta ahora.

“En atención a las exigencias del erario municipal he conseguido las cantidades siguientes que están a la orden de la Tesorería: D. Jesús Escovar, $700; Sres. Echeguren Hermana y Sobrinos, $100; Bartning Hermanos, $50; Hernández, Mendía y Cía., $50. Total, $900.

“Esta cantidad que entra a las arcas municipales con otras que entrarán más tarde que verbalmente diré cuales son, nos vendrán a dar una suma poco más o menos de $3,000, así es que solo faltarían $1,500 caso de aprobarse el presupuesto del maestro C. Estanislao León, que es quien los perjudicados desean  que haga el trabajo, según carta original que tengo el honor de acompañar, tanto porque mejora la obra con dos ramales más, que van a servir de escaleras como porque ofrece resarcirse del costo de ella con $200 cada mes y que comenzará a percibirlas el primero de Junio próximo, recibiendo en el acto de comenzar la obra los $900 que antes expresé.

El Cabildo aprobó la proposición de Narcio y que sin sacarse a remate la obra, se le concediera a León. Enterado de la obra el constructor Ignacio Ramírez presentó otro presupuesto para ella, lo que obligó al Ayuntamiento a sacarla a remate público, habiendo concurrido al acto de remate solamente él, razón por la que se fincó en su favor.

La obra que se iba a realizar comprendía la banqueta como la vemos hoy en las cuadras que miran al sur, habiéndola terminado a satisfacción del Ayuntamiento en Septiembre del año mencionado.

En la zona del Rebaje existen varias fincas construidas en el siglo XIX y principios del XX. La primera de ellas la construyó el comerciante español Pedro Osante, quien adquirió la propiedad de Guadalupe Martínez de del Corte, en Julio de 1897 por la suma de $1,000, y se encuentra en la esquina suroriente del cruce de esta calle que recorremos, con la de Olas Altas, en muy buen estado de conservación, aunque aparenta haber sido dividida para formar dos casas independientes.

En casi toda la acera sur de la segunda cuadra de la calle Ángel Flores existen aún, con la que debió haber sido la altura original, las paredes del Hospital Militar con ventanas situadas muy alto y una especie de muro de retención, que debe haber sido construido en las obras que se vio obligado a hacer como consecuencia del rebaje y del establecimiento de la vía férrea.

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