“EL NEGRUMO”, cantante y compositor culichi

0
176
  • Enrique Sánchez Alonso nació en Culiacán el 4 de diciembre de 1915; murió el 11 de julio de 1989.

Pronto se enfrentó al infortunio, pues al mes haber venido al mundo murió su madre, María Sánchez, víctima del parto mal atendido; su padre, Enrique Alonso, un marino filipino, a quien su sed de aventuras orilló a playas mazatlecas, se embarcó de nuevo y jamás se supo de él.

Fue recogido por su abuelita, María de Jesús Sánchez, que murió poco después; fue a refugiarse con su tío Celedonio Sánchez y sufrió tales penurias que muy niño tuvo que servir de mandadero en una carpintería propiedad de Librada viuda de Bazúa, donde mal comía y dormía al lado de los ataúdes vacíos. Uno de los mandados de los carpinteros de doña Librada era ir a comprar negro de humo, que se usaba para pintar los rústicos féretros de pino, a la tienda del Gordo Casillas, cerca de la mercería El Fénix, de Manuel Félix, en el mercado Garmendia. Coincidía en el camino con otro niño casi de su misma edad que en una portavianda llevaba comida a su papá, empleado de la zapatería Unión, y venía la pregunta de rigor: «¿A dónde vas?». «A comprar negro de humo». Tanto se repitió la pregunta como la respuesta que pronto se acuñó el apodo al que tan afecto son los niños, y Sánchez Alonso tuvo que acompañar su existencia con el añadido de Negrumo.

Dejó la carpintería y se metió de aprendiz de joyero con Rafael N. Castro. En 1929 se ganó muy buenos pesos haciendo insignias de latón para bisoños soldados que soñaban con llegar a generales, durante la revuelta renovadora del general José Gonzalo Escobar. Después fue boxeador, y al fin encontró la veta de su vida cuando en el bar Carta Blanca cantó por primera vez su canción «Culiacán» en 1934, que posteriormente el maestro Francisco Martínez Cabrera estrenó en el teatro Apolo el 16 de septiembre de 1935 para unauditorio de «gente decente».

A partir de esa fecha la canción se abrió paso por sí sola y pronto se convirtió en la canción insignia de Culiacán, y el tímido muchachito que había sido alumno en segundo año de María Valle, el gran amor del poeta Chuy Andrade, en la escuela Benito Juárez, se metió de lleno a la música, formando parte de diferentes tríos cuyos principales ingresos provenían de las serenatas, muy populares en aquella época romántica en que todavía se escribían cartas de amor en papel de lino color de rosa y azul a la novia enclaustrada por el temor de los padres a que dieran «un mal paso».

«Chuy Almada, dueño junto con su hermano Jorge del ingenio azucarero de Navolato, Chitín Echavarría, Chema González Urtusuástegui, y Atilano Bon Bustamante, me pagaban a veinte centavos la pieza, y Polo Sánchez Celis, serenatero como pocos, a tres por peso».

En sus ratos de ocio se dedicaba a componer canciones y se sentía muy contento; después se iba con otros jovenzuelos a cortar guamúchiles y a robar sandías en los veranos del rumbo del Tamazula. Su primera canción fue «Declaración» y después «Culiacán». Cada una de sus canciones tiene una historia propia: «Quince minutos» la bosquejó durante la despedida a una bailarina cubana, mulata de ojos verdes, componente del ballet Florilegio de La Habana, poco antes de que saliera de México rumbo a su país para no volver; «Corazonada» la compuso a instancias de Joaquín del Villar, bohemio capitalino enamorado de una muchacha a la que sólo logró convencer con el regalo de esta canción; y «Dios no lo quiera» se la compuso a su esposa, compañera de toda la vida y madre de sus diez hijos, María Bustamante.

Grabó 43 canciones, pero su predilecta es «Corazonada».

Su anecdotario es muy abundante; contó que andando en gira artística llegó a Guaymas; se presentó en una radiodifusora, pronunció unas palabras: «Estimable público, con su permiso me voy a permitir estrenar en esta ciudad mi última canción: “Me quedan quince minutos”». Una voz fuerte, muy sonorense, se alzó desde el fondo del teatro-estudio, y dijo: «…y se me hacen muchos», aludiendo a la flacura del compositor sinaloense muy del estilo de Agustín Lara o Gandhi. Otra: «Quihúbole, mi Negrumo, ¿cómo te ha ido?», «Creo que bien». «Pues si hasta parece que estás vivo».

Una enfermedad bronquial lo retiró del mundo artístico de la capital donde se abría paso en el cine y la radio. El doctor Echenique, de la Clínica de Actores, le recomendó que se fuera a vivir a Cuernavaca. «¿Y con qué como? Mejor me voy pa mi tierra», le contestó, y se regresó a Culiacán.

José María Figueroa escribió un libro sobre la vida del gran músico al que tituló El Negrumo: partitura de un músico de peso completo, editado por COBAES en 1987.

FUENTE: Sinaloa: historia y destino, de Herberto Sinagawa Montoya

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí