Hecho aislado y sin motivos racionales el magnicidio de John F. Kennedy hace 57 años

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Por Juan Lizárraga T.,NOROESTE-Mazatlán, 22 de noviembre de 1981.

“Se escucharon estampidos y del coche del presidente parecieron salir jirones de carne. El lado izquierdo de la cabeza de Kennedy quedó cubierto de sangre. Mrs. Kennedy extendió los brazos y gritó: Oh, no, no. Luego se inclinó sobre él, que se había desplomado, apoyó la cabeza del presidente en su regazo y pareció hablarle”.

Un fotógrafo narró lo anterior, poco después de las 12:30 horas del 22 de noviembre de 1963, cuando en Dallas, Texas se consumaba el asesinato del siglo: la muerte del presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy.

Una hora más tarde, el presidente expiraría. Su presunto asesino sería posteriormente detenido y asesinado antes de aceptar su culpabilidad y el crimen, crimen político, dejaría para siempre angustiosas interrogantes y un sentimiento profundo de desamparo en los ciudadanos estadounidenses cuando la comisión encargada de investigar el crimen dictaminó en un informe de mil fojas que el asesino, Lee Harvey Oswald, actuó solo y sin motivos racionales.

Muchas interrogantes quedaron sin respuesta.

En los días posteriores al crimen, una cadena de muertes sin aclaraciones, de desapariciones y de repentinas mudeces, prolongó el abominable hecho.

En estas circunstancias ocurrió la muerte del primer presidente católico de Estados Unidos, quien mantuvo inalterable su actitud de centro izquierda en lo económico-social, pero la reacción del norte, que en cualquier intento progresista ve la mano del comunismo, poco antes de su muerte había repartido carteles con la efigie del presidente. Los carteles repartidos por miembros del Ku-klux-klan y de la ultrarreaccionaria John Birch Society decían:

“BUSCADO POR TRAICIÓN: Este hombre es reclamado por la justicia por actividades contra los Estados Unidos, por no combatir a los comunistas, someter a los Estados Unidos a la ONU, dominada por los comunistas, haber enviado tropas federales para asegurar el cumplimiento de la Constitución en aquellos estados que rehusaban acatar la ley que abría las puertas de las escuelas públicas a los negros; emplear a anticristos, comunistas y extranjeros en cargos de gobierno, engañar al pueblo”.

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