“No hay evidencias de que pueda azotar al puerto una ola marina”, sostenían científicos en 1986. ¿Vale para el 2020?

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  • Cuatro científicos desmienten rumores sobre un maremoto.

Juan Lizárraga Tisnado
NOROESTE-Mazatlán, viernes 18 de octubre de 1986.

Nunca en la historia de Mazatlán, la ciudad ha sido víctima de una “ola marina” (tsunami) a causa de un terremoto y no existen evidencias científicas de que esto pudiera ocurrir.
A la anterior conclusión llegaron un grupo de científicos que ayer se reunieron en la Cámara Nacional de Comercio a Instancias del presidente del organismo, Melesio Gaxiola.

Por intermedio del biólogo Anatolio Hernández, en esta reunión estuvieron el ingeniero Mario Gutiérrez, jefe de la Estación Mazatlán del Centro de Ciencias del Mar y Limnología e la UNAM; el ingeniero geólogo Alberto Castro del Río, investigador del mismo instituto; el Maestro en Ciencias Giovani Montaño, el ingeniero Alfredo Galaviz Solís y el físico Tomás Arizpe.

De lo dicho por los científicos se desprende lo anterior: el océano no es sólo una fuente de recursos, ya que a su interior tenemos una serie de dinámicas. Explicaron primero que la tierra, después de ser una masa incandescente al solidificarse era un solo continente con mares primitivos y secundarios.

El continente empezó a separarse lentamente y siguieron las fallas, y las fracturas y las trincheras oceánicas que propician los sismos y el vulcanismo, tanto en la superficie terrestre como en el área submarina.

En este acomodamiento de la tierra nos encontramos con que el Océano Pacífico se está hundiendo y a 120 millas de Mazatlán hay una zona de expansión del océano con actividad sísmica imperceptible, la cual se ha desarrollado por un millón de años y nunca ha sucedido nada. Mazatlán no tiene nada que ver con la falla de San Andrés. Esta falla se ubica al norte del Golfo de California.

TSUNAMI, LA OLA DESTRUCTIVA

Giovani Montaño definió al tsunami como una ola larga, potencialmente destructora, generada por perturbaciones marinas, erupciones volcánicas y deslizamientos marinos. Se desplaza a velocidades entre 800 y 900 kilómetros por hora y recorre miles de kilómetros. Su altura depende de la topografía del puerto a donde pudiera llegar y se sabe de algunas que han tenido hasta 40 metros.

A este respecto, dijo que Hawai está en un punto medio y se ha visto afectado por estos fenómenos y es ahí donde tienen un sistema de prevención que permite registrar cualquier sismo en menos de noventa minutos. La ola se origina después de algún sismo submarino y se puede detectar su trayectoria.

Participó el físico Tomás Arizpe para señalar que no se puede predecir un sismo. Recalcó que no todos los terremotos originan tsunami. De mil y fracción terremotos, sólo 18 levantaron olas grandes y de ellos 5 causaron problemas y sólo 3 se pueden considerar catastróficos.

Dijo que para que la ola surja, es necesario que el movimiento de las capas terrestres trasladen la misma energía hacia la formación de la ola y en lo que respecta a Mazatlán, la zona sísmica está retirada y, sin contar con la franja de la Baja California, la onda perdería energía, llegaría muy disminuida.

De los tsunamis que se han esperado en México se recuerdan dos, ambos de 1964. Todos recuerdan aquella evacuación que se hizo en Mazatlán. Había temblado en Alaska, más nunca llegó el tsunami. Perdió energía. El otro se originó en Acapulco y sólo levantó el mar 30 centímetros sin hacer tsunami. (Durante el temblor el 19 de septiembre en México se habló de tsunami en algunos lugares de Guerrero, pero son rumores sin fundamento. No ocurrió nada).

No se puede predecir un sismo. Se avanza en los estudios y quizá en una década más puedan ya detectarse, pero tampoco hay bases científicas para firmar que ocurrirá alguno, menos cuando nunca en la historia ha ocurrido uno de ellos aquí en Mazatlán.

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