AMALIA ZATARAIN PAREDES, APÓSTOL DE LA CULTURA. Bibliotecaria de la Franklin

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Falleció el 3 de octubre de 1987, un sábado.

Señalar el día es importante porque ella lo había anunciado. Coincidencia dirán quienes no son creyentes, designio de Dios los católicos dirán.

Antes, unas palabras. Quienes conocieron a Amalia Zatarain Paredes en la biblioteca “Benjamín Franklin” recibieron en principio, una impresión de que trataban con una persona de vida unilateral, de una sola línea, que vivía sólo para cuidar los libros, su más preciado tesoro. Superado el disgusto por el regaño —no escriba con pluma, no doble la página, no raye el libro, ¡silencio!— y acatadas todas las órdenes, quedará la imagen de una mujer que tenía como apostolado el que la sabiduría llegara a través de los libros a quien la buscara, y se le estimó por ello.

La vida de Amalia Zatarain fue, sin embargo, polifacética. Nació en Mazatlán, en diciembre de 1920. Sus padres fueron Refugio Zatarain y Leonarda Paredes, tuvo tres hermanos y como hija fue la más consentida, gozó de una infancia cómoda.

Desde pequeña tuvo afición por el estudio, por los libros y por el arte. Su primaria la estudió en el Colegio Independencia y tan pronto terminó sus estudios primarios fue maestra del mismo plantel. De pequeña estudió también inglés y música, particularmente ejecutaba el piano y la guitarra, incluso ofreció conciertos y gustaba también del teatro. Angelita González fue casi siempre su compañera en la aventura cultural.

El doctor Eduardo Zatarain, sobrino de Amalia, es quien nos proporciona la información. Parsimonioso, con cierto orgullo y un poco de melancolía, nos platica en su consultorio, de la tía fallecida.

Dejó el Colegio Independencia para trabajar como encargada de la oficina de Turismo, ubicada entonces en Palacio Municipal, donde se enfermó de los nervios.

LA BIBLIOTECA FRANKLIN

En 1960, el Servicio de Información de los Estados Unidos fundó la Biblioteca “Benjamín Franklin” y el representante de la institución, Douglas A. Zizchke, acudió a Amalia para que la tuviera bajo su cargo. Desde entonces demostraría su celo por la cultura en el primer edificio ubicado por la calle Mariano Escobedo. Los estantes estuvieron llenos de obras de cultura general en inglés y español, se ofrecían además películas educativas y micropelículas en préstamo y servicios de extensión bibliotecaria.

Miles de estudiantes, muchos norteamericanos, y lectores procedentes desde Culiacán a Escuinapa, se beneficiaron con el préstamo de libros y la biblioteca crecía en obras, en reconocimiento y respeto.

En 1969, por reajustes económicos de la Embajada Americana, la biblioteca estuvo a punto de cerrar. Ante el clamor popular, la embajada accedió a donarla a un patronato que se encargaría de su conservación y de aumentar en lo posible las obras mediante obsequios.Y fue en 1969, un 4 de julio, aniversario de la Independencia de Estados Unidos, cuando un patronato encabezado por Gaspar Pruneda, recibió la biblioteca de Diana Stanley, directora regional del Servicio de Información. La biblioteca continuó dando servicio.

En 1976, Reid Erickson, generoso americano, deseoso de hacer algo por Mazatlán, ordenó construir el edificio donde hoy se ubica desde el 15 de diciembre de dicho año, en el centro del parque Hidalgo, de los Leones, en la planta alta y en la baja se dio albergue a la biblioteca municipal, ingeniero Manuel Bonilla.

SU VOCACIÓN RELIGIOSA

Días antes de su muerte, Amalia Zatarain encargó los libros a una joven porque ella no regresaría. Era a mediados de semana. La vieron salir enferma los dos leones que permanecen afuera del edificio, símbolo de épocas pasadas, adorno del monumento a la Independencia que existió en Olas Altas y del monumento a la Bandera que había en la misma plaza, leones desdentados pero orgullosos de haber visto pasar ante sus ojos a tantas generaciones de mazatlecos que se montaron en sus lomos.

Hacía tiempo que padecía de artritis. A consecuencia de la misma tuvo complicaciones estomacales, más lo dice su sobrino el doctor, se le atendió oportunamente y no debía morir, sin embargo, un infarto cardiaco le cortó la existencia el sábado.

Ella, como su familia, era profundamente religiosa. Perteneció a la Orden de los Carmelitas. Comulgaba diariamente y sabía que entre los carmelitas existe el principio de que quienes mueren en sábado suben directamente al cielo acompañados de la Virgen del Carmen. Por ello soñó y pidió morir en sábado, como su abuelo. El viernes no pudo comulgar porque una sonda en la boca se lo impidió y por cosas… del destino, el padre no acudió el sábado y el sábado murió.

Esa es la razón por la que consideramos importante señalar el día de su muerte, aun cuando si usted no es creyente afirme que fue coincidencia y si es católico que fue designio de Dios.

Descanse en paz Amalia Zatarain Paredes.

Por Juan Lizárraga Tisnado. La Página de El Sol del Pacífico, Mazatlán, 11 de octubre de 1987.

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