Muere Genaro Estrada, el sinaloense universal

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Monumento ubicado en la explanada de la escuela secundaria General Número 3 de la colonia Francisco Villa.
  • Genaro Estrada Félix nació en Mazatlán el 2 de junio de 1887; murió el 29 de septiembre de 1937 en la ciudad de México.

Al cumplirse hoy 83 años de su muerte, sus principios de derecho internacional estructurados jurídicamente en la “Doctrina Estrada”, tienen hoy más vigencia que nunca, pues la intervención extranjera, particularmente la invasión sajona en los países de tradición hispánica, atenta contra la soberanía de los mismos y debemos anteponer su doctrina para defender tanto la independencia política de los pueblos del continente como la espiritual, tal como el propio Genaro Estrada lo dejó asentado.

Hijo de Genaro Estrada y de doña Concepción Félix de Estrada, quien fuera, además de diplomático, un gran impulsor de la cultura nacional, poeta, bibliógrafo e historiador, inició su educación primaria en Mazatlán y la continuó en Culiacán en el “Colegio Rosales”.

Su inclinación literaria lo llevó a ingresar al periodismo regional, desempeñando primero funciones de redacción y de tipógrafo. Fue una incursión fugaz, originada tanto por su afición a las letras como por necesidad económica. El periódico “El Monitor Sinaloense”, de Faustino Díaz, recogió sus primeros trabajos literarios y a través de él pudo mantener relaciones con Enrique González Martínez, Francisco Verdugo Fálquez, Esteban Flores, Carlos Filio y otros literatos sobresalientes de la época en el estado.

Iniciaba su carrera política. Había sido regidor del ayuntamiento de Culiacán, más al nacer el movimiento revolucionario contra Porfirio Díaz, se traslada a la capital de la República para continuar sus estudios en la Escuela Normal Preparatoria, los cuales combinó con sus actividades periodísticas, ya que ingresó a la redacción de los periódicos “El Diario” y “El Mañana”, en el primero redactando gacetillas intituladas “Lápiz Tinta”.

Aquí ingresa a la vida diplomática, publica su primer libro; su conocimiento bibliográfico le permite divulgar muchas obras inéditas e importantes.

Alfonso Reyes, en su “Evocación a Genaro Estrada”, lo describe así:

“Todo en Genaro Estrada era gusto. Gran trabajador, nada había de angustia en su trabajo, sino que siempre parecía un paladeo voluptuoso. Con el mismo agrado y la misma sensibilidad, emprendía un catálogo erudito reorganizaba un archivo público, que se echaba a andar por la ciudad en busca de una pieza para sus colecciones, o resistía una discusión diplomática de dos horas sobre los diferentes olores morales del petróleo. A esta sólida balanza del gusto, que también podría servir de ética, de estética y de metafísica en general, debía sin duda el no enmohecerse nunca en medio los graves negocios del Estado. Sentimiento sin sensiblería, razón sin dogmatismo, cordialidad sin empalago, rapidez sin nerviosidad, alegría sin barullo. Siempre andamos los mexicanos soñando con estas fórmulas de la rotundez espiritual, del equilibrio en círculo. ¡Cuán pocos las logran! Yo acostumbraba decirle en broma que el secreto de su aplomo estaba en sus bien contados cien kilos. Pero este hombre gordo no era por eso muy pacífico, como el ventero de Cervantes: algo tenía de la abeja zumbona, algo de la ardilla y, en sus ratos de jugueteos, hasta de bailarina rusa”.

“…Y esperó la muerte trabajando, y sigue todavía trabajando para su México, para su América, en el recuerdo de sus amigos, que son tantos en todas partes, y en la perennidad de su obra, su obra de hombre bueno, de excelente escritor y de ciudadano intachable”.

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